Episodios vigueses
El hermanamiento de Vigo con una aldea de Groenlandia recobra actualidad
Una fiesta religiosa para perros y gatos. Ayer, la Parroquia de la Soledad celebró su tradicional bendición de mascotas por San Antón, protector de los animales. Y allí se acercaron más de cincuenta canes, algún felino y una cobaya, que también quería recibir su bendición. Entre ladridos y maullidos, el padre Alberto Cuevas roció con agua bendita sus pieles y les protegió de todo lo malo. Aunque algunos no se lo tomaron muy bien en ese instante.
De perros pequeños a grandes. Bulldog francés, caniches o bichón maltés. Muchas razas se congregaron a la puertas de la parroquia. Algunos se saludaban con efusividad, siendo ya colegas del parque y otros, más tímidos y reservados, se limitaban a observar desde lejos cómo los demás jugaban entre ellos. También hubo ciertos conflictos y algún que otro gruñido de incorformidad, pero la mayoría de los animales lo tomaron como una nueva diversión con muchos nuevos amigos.
“Son un cúmulo de virtudes, nos enseñan a jugar y ser fieles”, indicó Cuevas, animando a sus dueños a que se dejen querer por sus mascotas y a aprender de ellos: “Hay que saber disfrutar de ellos. Darles mimos y querer recibir mimos. Que nos cuiden. No seamos repelentes del cariño”. Luego, fue rociando de agua bendita a los canes y felinos, algunos de ellos ya viejos conocidos de la parroquia. “Hubo gente que, cercana a la fecha, me preguntaba por la misa de los gatos. Pero esto no es ninguna misa, es una bendición”, indicaba Cuevas, con simpatía. Ahora, los animales bendecidos regresan a sus vidas con la protección de San Antón, y con el cariño de sus dueños que estuvieron a su lado en ese día tan especial.
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