El barrio de Ribadavia abre una ventana al arte urbano y tradicional
Vecinos de la zona ubicada entre Pizarro y San Honorato completaron el proyecto “Arte nas fiestras”, dando color a edificios abandonados
El Barrio de Ribadavia ofrece una segunda vida a las edificaciones, pero no para su residencia, sino como un espacio artístico. Un lienzo en blanco que los vecinos se encargaron de pintar, con una mezcla entre lo urbano y lo tradicional. Debido a la cantidad de viviendas vacías que tiene el barrio, se puso en marcha el proyecto “arte nas fiestras”, que consistió en dar color a 32 espacios para simular ventanas, tiendas y lugares que antaño fueron realidad. Cada detalle cuenta una historia real del barrio: la tienda de Herminia, las andanzas del jugador de baloncesto Quino Salvo, un horno todavía humeante que llamaba la atención a todo el barrio… Incluso la presencia de célebres escritores como Rosalía de Castro o Castelao aprovecharon para ‘dejarse ver’ en Vigo, concretamente en una taberna clásica de la zona.
El vecindario destinó 45 días para la transformación de su barrio. Los más diestros, demostraron su valía a través de su capacidad artística; los menos hábiles, apoyaron con herramientas, agua o comida. Todo para que el sentimiento de pertenencia de la zona vuelva a resurgir. Bajo el mando de Cristina Pino y Gustavo Suasnábar, de CG Reciclado Artístico, ellos se sumaron no solo a pintar los espacios abandonados, sino también a formar a los vecinos en las técnicas para convertir el barrio de Ribadavia en un museo al aire libre. Pero detrás de este proyecto hay también nombres anónimos: José María Martínez, Roberto Argüelles, David Lorenzo, Carolina Martínez, Xosé Antón Pedrido… Todos ellos pusieron su grano de arena de forma altruista.
“Es una forma de recuperación de una zona especialmente importante y seguiremos así en todo el barrio de Ribadavia”, aseguró el alcalde, Abel Caballero, que asistió ayer a la presentación de las pinturas, acompañado de la teniente de alcalde, Carmela Silva. En la visita pudieron contemplar el cantar de un pájaro enjaulado, la destreza de un niño en skate, un gato curioso asomado a la ventana o un vecino acercándose a una estufa para calentarse. Una forma de dar vida a lo que antes solo eran escombros, ladrillos y vestigios de una vida pasada.
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