Barra libre en un tren ‘caótico’, el fin de la Movida Viguesa

Se cumplen 40 años del proyecto “Madrid se escribe con ‘V’ de Vigo”, un desplazamiento masivo que terminó en desastre

El alcalde Manuel Soto y Paco Santomé (2ºDer.), con el músico Bibiano Morón y amigos de la Movida Viguesa.
El alcalde Manuel Soto y Paco Santomé (2ºDer.), con el músico Bibiano Morón y amigos de la Movida Viguesa. | Cedida

Nadie podía imaginar un fin de las ‘Movidas’ viguesa y madrileña de los años 80 de esta forma. Una forma de vida que rompió moldes, ofreció libertad tras varias décadas sin tenerla y una explosión cultural como nunca se había visto. Los primeros modernos, la primera piedra hacia una extravagancia llena de colores, de música rock y de desenfreno. ‘Carpe Diem’ en toda regla, pero siempre creando arte.

El 20 de septiembre de 1986 partió un tren desde Madrid con las máximas estrellas de la época. Tanto Manuel Soto (alcalde de Vigo) como Joaquín Leguina (presidente de la Comunidad de Madrid) quisieron unir ese afloramiento contracultural que se estaba dando en ambas ciudades. Ese proyecto se llamó “Madrid se escribe con ‘V’ de Vigo”, dotado con 18 millones de pesetas (108.000 euros) con un tren nocturno de ida y vuelta: primero visitarían Vigo los artistas de Madrid y, posteriormente, serían los vigueses los que acudirían a la capital. Ahí, se subieron figuras musicales potentes como Alaska, Esteban Valdez, de Gabinete Caligari, Quico Rivas o Fabio Mcnamara, en aquel momento amigo íntimo de Pedro Almodóvar. Dentro, se congregó un cóctel explosivo: barra libre de alcohol, juventud y doce horas de tren por delante. “Ellos eran transgresores culturales que vivían más de noche que de día. No eran millonarios, y la posibilidad de agarrarse a la botella era más que previsible. Se convirtió en un escándalo, un botellón sobre las vías”, apuntó Miguel López, autor del libro “La música viaja en tren” y extrabajador de comunicación para Renfe. Un detalle por parte de la organización para cuidar al máximo aquella aventura que, en aquellos tiempos, parecía tan moderna.

Un mestizaje cultural que no empezó bien. Todo derivado de un entendimiento político entre Manuel Soto y Joaquín Leguina, ambos del PSOE. “Vigo tenía ese interés por colocarse en ese mapa cultural tras la dictadura. Algo que envidiaba a Madrid porque era el epicentro de ese movimiento”, señaló Miguel. Según cuenta en su libro, un productor musical llamado Jesús Ordovás confesó que prácticamente todos los pasajeros de aquel tren empezaron a beber “como esponjas”, hasta que llegaron a Vigo. “Cualquiera de ese tren reventaría un alcoholímetro. Que Soto y un grupo de gaiteiros los recibiese en la estación no amortiguó la intoxicación etílica que llevaban”, indicó López.

Una mariscada les esperaba en el Pazo Quiñones de León, con sus también ‘colegas’ vigueses. Pero no estaban para ingerir nada sólido. Siguió corriendo el alcohol hasta que, Mcnamara, arrojó un vidrio volador que impactó en el ojo de una joven. Con la Policía haciendo acto de presencia y el artista madrileño detenido, se bajó el suflé de un hermanamiento que nunca debió suceder (obviamente, no se realizó la segunda vuelta en Madrid). 40 años del catalogado por muchos como el tren más loco de Europa, con el medio de transporte siendo el catalizador de la música.

Medalla de plata para “Madrid se escribe con V de Vigo, pero ¿Qué esperpéntico trayecto conquista el oro?. El Festival Express fue un legendario viaje en tren de costa a costa de Canadá en los años 70. Dentro iban músicos como Janis Joplin, integrantes de The Band, Jerry Garcia o Buddy Guy, parando en diferentes estaciones para ofrecer un concierto. Beber, drogarse, tocar y marcharse. Así durante una semana. ”Fue totalmente alocado. En un momento de muchísima contracultura canadiense y estadounidense, iban absolutamente colocados", aseguró López.

“Madrid se escribe con V de Vigo” fue la muerte de la Movida. Así lo catalogaron muchos de los que la vivieron. Paco Santomé, en aquel entonces concejal de Cultura, la recuerda como un momento de explosión musical en la ciudad, con el comienzo de los conciertos de Castrelos. “Quería que fuese especial y traía a tres artistas. Gente local, jóvenes promesas y cantantes consagrados”. En un año consiguió a Joan Manuel Serrat. Al siguiente, a Sabina y a Aute. No fue la mejor idea (ni la mejor ejecución) movilizar el tren más ‘loco’ de Europa, pero durante unos años, Vigo fue referente de la contracultura.

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