La barbería, un oficio del pasado con interés joven

Wallace Rodrigues y Samuel Mateos representan dos generaciones de barberos ligados a la tradición y a las tendencias

Wallace Rodrigues atiende a un cliente en la barbería Rodrigues con 48 años de historia.
Wallace Rodrigues atiende a un cliente en la barbería Rodrigues con 48 años de historia. | Vicente Alonso

El sector de las barberías vive un notable auge en la ciudad. Entre establecimientos con décadas de historia, cada vez es más habitual encontrar negocios dirigidos por jóvenes que apuestan por el cuidado masculino como una profesión y una forma de emprender. Generaciones de barberos separadas por años de experiencia pero con el reto de adaptarse a las necesidades actuales y gustos de los clientes.

Samuel Mateos tiene 24 años y lleva cerca de cinco trabajando como barbero. Su entrada en el oficio fue casi por casualidad. “No sabía bien qué hacer y un día probé a cortarme el pelo”, cuenta. Aquel primer acercamiento le hizo descubrir una profesión que acabaría convirtiéndose en su trabajo. Ahora regenta su propia barbería y considera que el sector está en crecimiento: “Es un trabajo que hoy en dí va a más que a menos”.

Wallace Rodrigues trabaja en una barbería que acumula 48 años de historia. No obstante, su experiencia al frente del establecimiento en Vigo es mucho más reciente, lleva casi cinco meses haciéndose cargo del local. Cuenta que cuando llegó el negocio estaba “un poco parado y con pocos clientes”, pero poco a poco ha ido funcionando mejor.

La diferencia entre los barberos refleja dos miradas hacia el oficio. Samuel descubrió la barbería de manera casi improvisada, mientras que Wallace cuenta con una trayectoria previa en su país de origen, Brasil, donde tenía una escuela en la que impartía cursos de barbería con certificado propio. Ahora quiere trasladar esos conocimientos a Vigo y crear en el futuro una escuela para formar a nuevos profesionales.

Para él, una de las claves del futuro del sector se encuentra precisamente en la formación. Considera que existe una necesidad de profesionales y que contar con una escuela permitiría mejorar la cualificación de los trabajadores. “Con un buen enseñamiento, tienes a mejores expertos”. Samuel, en cambio, no percibe una falta de profesionales cualificados. Su visión del sector es la de un oficio que ofrece oportunidades a las nuevas generaciones y que continúa creciendo.

Las barberías ya no son únicamente lugares a los que acudir para cortarse el pelo o arreglarse la barba. Para Samuel, los clientes buscan también un espacio donde “estar tranquilos, relajarse y desconectar”. Donde el precio del servicio debe ofrecer un buen resultado sin dejar de ser accesible para el bolsillo del cliente.

Wallace coincide en que la atención es fundamental. Para conseguir fidelizar a un cliente no basta con hacer un buen corte. También es necesario ofrecer un buen trato y generar una impresión positiva. La frecuencia con la que regresan los clientes varía, algunos acuden cada semana, mientras que otros esperan quince o treinta días.

La relación con el cliente se convierte así en una parte esencial del oficio. Aunque cada persona busca un servicio diferente, la confianza y el trato cercano pueden ser determinantes para convertir una visita puntual en una rutina.

También han cambiado las referencias de las peticiones de los clientes que entran. Las redes sociales han convertido los cortes de pelo en una tendencia más, especialmente entre los jóvenes. Samuel reconoce que los contenidos de internet influyen en las decisiones del corte, aunque no considera que sean determinantes. Algunos llegan incluso con una fotografía para mostrar exactamente qué estilo quieren. Un trabajo tradicional que se ha ido adaptando a una generación acostumbrada a buscar inspiración en las redes sociales.

Pero no todo se reduce a las tendencias. Samuel considera que cada barbería tiene “su esencia y sus clientes”. Una idea que también conecta con la visión de Wallace, que apuesta por mejorar la forma de trabajar y la atención para recuperar y fidelizar a quienes entran por la puerta.

Un oficio donde se demuestra que la tradición y la renovación no tienen por qué enfrentarse.

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