Vigueses Distinguidos
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Vigo, junto al Concello de Pontevedra y su Diputación suman 51 elementos contrarios a la Memoria Democrática, según afirma el investigador Manuel Monge que finalizó el año con la presentación de esta denuncia en el registro del Ministerio de Memoria Democrática. “Estamos ante unha falta de vontade política por parte dos distintos gobernos do BNG, do PP e do PSOE para cumprir coa Lei de Memoria Histórica de 2007 e a Lei de Memoria Democrática de 2022”, afirma.
En el caso de la ciudad viguesa señala las distinciones que se mantienen a alcaldes franquistas como Rafael Jesús Portanet y Tomás Pérez Llorente. El primero da nombre a la avenida que une la rotonda de Castrelos con el estadio de Balaídos. Portanet (Cangas, 1908-Vigo, 1988) ostentó el bastón de mando entre el año 64 y el 70 del siglo pasado. Como regidor fue responsable del muro de Samil, el desarrollo del polígono de Coia, la remodelación del parque de A Guía, de la torre de Toralla o de la desaparición del tranvía. Además, ejerció de delegado de Zona Franca durante 37 años. Recibió varias condecoraciones de Franco como la Gran Cruz del Mérito Civil, en 1967; el Mérito Militar en 1969 y la de la Orden de Cisneros en 1971. Finalizó su carrera política ya en Democracia como diputado de CD en1979.
El segundo alcalde franquista que, según Monge, mantiene su reconocimiento oficial es Tomás Pérez Llorente, con la Medalla de Oro del Concello, otorgada en 1962. Después de ser presidente de la Cámara de Comercio, fue alcalde de 1947 a 1959. A su mandato corresponde la construcción de la presa de Zamáns o la inauguración del aeropuerto de Peinador. El callejero vigués aún conserva referencias no compatibles con la Ley de Memoria que se incluyen en el informe presentado como la calle Marqués de Valterra en honor a Pascual Díez Rivera y Casares (Madrid, 1889/1952). Responsable de la Política Social de Pesquera del régimen. Caballero de la Orden de Calatrava finalizó la guerra como Vialmirante de la Armada.
Junto a la Cruz de los Caídos en O Castro, una reivindicación histórica del movimiento memorista, el investigador buceó en los hijos adoptivos y predilectos de la ciudad entre los que figuran cuatro represores, partidarios del bando golpista. Solo uno de ellos es vigués, el obispo de Madrid, Leopoldo Eijo y Garay (Vigo, 1978/1963). Estuvo al frente de la diócesis madrileña durante 40 años, que se declaraba franquista entusiasta. Fue miembro de la Real Academia Española y de la Real Academia Galega, recuperó la idea del imperio español. Actualmente, conserva su nombre la biblioteca de la parroquia de la Soledad, iglesia que financió en O Castro.
Antonio Pedrosa Latas (Lugo, 1916/Madrid, 1990) también consta como distinguido en el Concello. Organizador de la Falange en Lugo, finalizó la contienda como teniente coronel de infantería, fue jefe provincial del movimiento nacional en Ourense. En 1977 formó parte de la lista a las elecciones generales de Alianza Popular. Lugo le retiró la medalla de oro y Celeiro rebautizó al centro escolar al que daba nombre.
El ministro del Aire entre 1945 y 1957, Eduardo González-Gallardo (Logroño, 1898/ Madrid, 1986) sigue siendo vigués de adopción. Piloto aviador participó en la guerra de Marruecos con lalinense Joaquín Loriga, con quien en 1926 haría el vuelo Madrid-Manila.
El último hijo adoptivo de Vigo denunciado por Monge es el militar Antonio Aranda (Leganés, 1888/Madrid, 1979). Finalizó la guerra como comandante en jefe, aunque fue un conspirador durante el franquismo a favor de la restauración borbónica. Salió y entró por Vigo en 1939 hasta Hamsburgo para contactar con el Gobierno nazi y fue pagado por Reino Unido para evitar que España se aliase con Hitler.
Manuel Monge solicita al Ministerio que todos estos personajes sean incluidos en el Catálogo del Estado como nombres contrarios a la memoria democrática.
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