Episodios vigueses
La Asociación de la Prensa de Vigo y el Código Deontológico
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Mucho se habla estos días del Código Deontológico de la Federación de Asociaciones de la Prensa, en cuanto que dos personajes divergentes del mundo de la comunicación han sido señalados por incumplirlo. Uno de ellos es el rapsoda del Gobierno en RTVE, Javier Ruiz, por mentir sobre la nacionalidad de los autores de delitos de violación que se producen en España, y el otro Vito Quiles por entender que somete a Ruiz a un especial seguimiento y persecución. Este asunto, en cuanto al aspecto esencial del mismo, me hace recuperar una parte muy querida de una de las etapas más fecundas, con público reconocimiento de mi vida profesional, que se desarrolló entre 1992 y 2010 en que fui presidente de la Asociación de la Prensa de Vigo y vocal por Galicia en el comité nacional de la Federación de Asociaciones de la Prensa de España, FAPE. En 1993 participé en Sevilla en la elaboración del Código Deontológico de la Profesión Periodística, y al año siguiente organicé en Vigo y la isla de A Toxa la LIII Asamblea de la FAPE, bajo la presidencia de Jesús de la Serna, recordada como la mejor celebrada en España, de suerte que de la Serna solía decir: “Siempre nos quedará Vigo”.
Tal y como señala el profesor Rodríguez Duplá: "La deontología periodística forma parte de lo que tradicionalmente denominamos éthica specialis, mientras que la ética clásica ha de entenderse como ethica generalis". El problema radica en encontrar en los principios morales clásicos respuestas a todas las disyuntivas ante las que el periodista debe decidir una respuesta moral. Este autor sostiene que la moderna reflexión deontológica cree posible sustituir el concepto clásico de virtudes por normas. Pero el concepto de virtud debe ser el resorte interno de la conducta, algo que debe estar mucho más arraigado que una simple tendencia a cumplir una norma.
"La prensa se ha ganado a pulso su mala reputación", escribe con notable clarividencia Niceto Blázquez en la breve reflexión "Cuestiones Deontológicas de Periodismo" (Instituto de Filosofía y Teología "Santo Tomás", de Madrid. Reclama este autor a los periodistas una elevada formación ética, como medio de dignificar la profesión. Estoy de acuerdo. Pero, ¿cómo lo hacemos? "La mayor falta de la prensa es la propiedad", advierte clarificadoramente Blázquez. En otros ámbitos socioculturales, en concreto en los Estados Unidos, se ha acusado a la prensa de servir con frecuencia a sus propios fines. En ese sentido, el gran periodista italiano Indro Montanelli escribe: “El periodismo es como una pasión insaciable que requiere confrontación con la realidad, una sólida base cultural y ética, así como la capacidad de presentar noticias de forma completa y continua. Una noticia nunca termina y nunca todo está contado. El periodista debe ser un crítico independiente, no un mero portavoz de intereses”.
Se ha escrito que esos códigos o esos principios deontológicos no dejarán de ser referencias más o menos lejanas, que cada uno interiorizará en función de su propia conciencia y de su propio talante moral. Quiero recordar que, a lo largo de su historia, especialmente marcada a partir de la etapa del profesor Posada Curros, la deontología se convirtió en un asunto prioritario y en una divisa que marcaba el estilo que debería presidir toda la comunicación que producían y generaban los medios aquí asentados, teniendo además la suerte de que los periodistas noveles podíamos seguir el ejemplo de alguno de los más reconocidos y cualificados periodistas y personajes literarios del siglo XX. Ya vamos quedando pocos los que tuvimos el privilegio de asistir a aquellas asambleas en la que se debatían los asuntos profesionales y escuchar a Álvaro Cunqueiro, a Álvaro Castroviejo, a Posada Curros, a Manuel Landeira, a Bene, a Otero Guldrís, y a otros no menores en categoría y experiencia. Alguna vez he recuperado aquí parte del caudal de anécdotas y episodios de aquellos lejanos días.
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