Aquellas asambleas obreras en la calle del Príncipe

Episodios vigueses

Entre los años setenta y ochenta del pasado siglo Vigo vivió los duros recortes de la reconversión naval y en consecuencia la agitación en sus calles de las asambleas de trabajadores

Los obreros de Barreras manifestándose en la calle del Príncipe.
Los obreros de Barreras manifestándose en la calle del Príncipe. | Atlántico

Debo a la generosidad de Angel Llanos, de quien fui amigo y sobre todo compañero en la redacción de un medio de prensa durante largo tiempo, poseer una valiosa colección de secuencias de aquellos agitados días de entre los años setenta y ochenta del pasado siglo, en que Vigo vivió los duros recortes de la reconversión naval y en consecuencia la agitación en sus calles de las asambleas de trabajadores. Con frecuencia, como en esta foto, de los obreros de Barreras manifestándose en la calle del príncipe. En primer plano se reconoce a un personaje famoso, uno de los dirigentes de CC.OO. conocido como Angel, el “chupao” (porque era muy delgadito). Y lo recuerdo, en el astillero, rodeado de sus compañeros, echando un discurso ante el ministro de Industria, Pérez de Bricio, en la propia factoría.

Ya ha recordado aquí los nombres de aquellos magníficos sindicalistas, que eran a su vez obreros ejemplares en el tajo. Y recuerdo a Isidro Gómez Montes, de Citroën, que tuvo un relevante papel en el inicio del conflicto de 1972, cuando rompió por inservible su carné de enlace sindical, o al amigo Piñeiro, de los jubilados, que siempre decía “saudiña” y era un comunista de los de verdad, del partido de Enrique Líster, aparte de muy buena persona, y me acuerdo de Bibiano Morón, que antes de las manifestaciones se cambiaba en mi despacho de Radio Popular, donde guardaba unas zapatillas especiales para correr mejor delante de los grises. Sé que me olvidaré el nombre de muchos, pero su rostro y su gesta los tengo presentes.

Ya van quedando menos de aquellos hombres de vanguardia, a quienes nunca debe olvidar la ciudad, porque la lucha sindical y obrera que protagonizaron fue también por la democracia y las libertades de todos. Pero siempre que yo escribo sobre esta parte de la historia de Vigo, procuro no olvidar a ninguno: Desde los hermanos Manel y Eduardo Fernández a Waldino Varela; desde “Bichiño” (Manuel Rodríguez Varela), de Barreras; desde Carlos Barros a Olga Zurrón, desde Margarita Rodríguez a Salvador Pérez; desde Jaime Pereira a Serafin Seoage, todos ellos representaban en el sector naval, Alvarez, Unión Cristalera, Citroën, Censa, Vulcano, Ascon, la sanidad o la enseñanza a todos los sectores laborales. Recuerdo a Sangabriel, de Vulcano, a Lamigueiro, de Ascon; a Meiriña, a Juan Benavides, a Antonio Figueroa, de los portuarios, a Paco Lores Santacecilia o a Higinio Leirós, a Docampo, a Concha Gómez, a Carmen Segurana; a los abogados Elvira y Fernando Randulfe, defensores de Magistratura de los obreros represaliados; a Manolo Castro, a Domato, a Benito Santos, que era al tiempo que cura comprometido dirigente sindical…..¡Qué estupenda gente!

La historia de aquel movimiento está recogida en el libro “A forza da palabra. Lembranzas da loita sindical viguesa”, en el que tuve el honor de colaborar. Me incorporé a Radio Popular de Vigo el 4 de septiembre de 1972 y el día 8 se inició en Citroën el que sería uno de los más largos y con más graves secuelas para los trabajadores de la ciudad y me tocó narrar desde una unidad móvil la más feroz carga policial ante Balaídos que he visto en mi vida. Pero la huelga del 72, con Franco todavía vivo y el régimen en apogeo fue algo más que un conflicto laboral, fue el prenuncio de la lucha obrera por las libertades, que luego se volvería a repetir en 1976 y en el conflicto de Ascón en 1978.

Muchos aquellos hombres y mujeres de la vanguardia obrera sufrieron detenciones, torturas, procesos, prisión y pérdida de su empleo. Nunca fueron adecuadamente reparados sus sufrimientos como merecían; pero tampoco salieron de ellos palabras de rencor contra nadie. Aparte de la lucha cotidiana por mejorar las condiciones de trabajo, y no sólo los salarios, la labor cotidiana de los dirigentes sindicales tenía su gran jubileo, viviendo Franco, en la entonces clandestina fiesta del primero de mayo que se preparaba en Vigo con minuciosidad. Los periodistas de confianza éramos citados en una taberna de la Travesía de Vigo que ya no existe. Había dos tipos de acciones previstas: el salto general en un punto elegido y cambiante, que solía ser Las Traviesas o la Iglesia de los Picos en el Calvario, y acciones de distracción en otros puntos de la ciudad. En 1990 tuve el honor de intervenir en un acto conmemorativo de la huelga general de 1972, junto con los veteranos dirigentes de aquellos días. Desde aquella hoy ya lejana perspectiva, hay que destacar que aquellos obreros que sufrieron despidos, represión, torturas y cárcel merecen el recuerdo permanente de la ciudad de Vigo, porque fueron la vanguardia en la lucha por la libertad y la democracia.

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