As Candelas dicta el fin de un lluvioso invierno en Vigo

La parroquia de Castrelos celebró la tradicional festividad sin procesión, anulada por las condiciones climatológicas adversas

As Candelas dicta el fin de un lluvioso invierno en Vigo

Lloros tímidos de la Virgen de As Candelas (o la Candelaria), que pone así fin al invierno. Según marca el refrán, si en el momento de la procesión la lluvia hace acto de presencia, el invierno tiene los días contados y lo peor del frío ya pasó. Si hace sol, la Virgen sonríe, pero lo peor todavía está por llegar. Un símil a lo que se realiza en el pueblo estadounidense de Punxsutawney con “el día de la marmota”, donde al amanecer se predice la duración del invierno según el animal ve o no su sombra. En este año, As Candelas y la marmota Phil no han pronosticado lo mismo para su territorio. Phil señaló que quedan seis semanas de invierno. En una romería menos multitudinaria de lo normal, los fieles se agolparon en la iglesia de Santa María para celebrar una liturgia original. Todo por la Virgen de As Candelas, patrona de la luz. También de las embarazadas, para que sus niños nazcan con salud.

No hubo procesión, aunque se decidió sobre la bocina. Un amago del sol y el cese de las precipitaciones dio una ligera sensación que de saldría el paso. Pero no fue así. El cielo se oscureció de repente. Pero en la misa solemne, todo el mundo quiso estar cerca de la Candelaria. Muchos de los devotos, con velas encendidas para mostrar su luz. La charanga Noroeste aminaba con baile los prolegómenos de la ceremonia, oficiada por el obispo de la Diócesis de Vigo-Tui, Antonio Valín. El cuchicheo en la iglesia era notorio: la procesión corría serio peligro de no salir ante un aguacero que descargó una hora antes de la ceremonia. Adiós a los paraguas y al abrigo dentro de poco, según marca el proverbio. Aunque cada uno toma el refrán como uno quiere. “La gente se queda con el principio del refrán, pero no conoce el final. Dice que da igual que llore o ría, todavía queda por sufrir medio invierno”, indicaba Araceli, una devota que acude siempre que puede a la festividad. Otros, más escépticos, señalan que se ha perdido el sentido del refranero al no ser 100% certero. “Será por el cambio climático”, señala con guasa. Tenga o no razón, los vecinos de Castrelos lo creen. Y que no saliese pondría fin a un invierno de lo más lluvioso en la última década.

En una misa con algún recordatorio a Ramiro Lamas, antiguo cura de la parroquia y fallecido el año pasado, Valín verbalizó que la luz de As Candelas debe ser ese foco que ilumine a los que se mantienen en la duda, para que les ofrezca claridad en sus vidas. Asimismo, animó a los presentes a “ser luz para los demás” y ayudar al prójimo en todo lo que se pueda, especialmente a los bebés. “Cada vez que hay un bautizo se enciende una vela por A Candelaria. Eso hace que crezca iluminado”, apuntó Valín.

Hasta seis palomas alzaron el vuelo dentro de la iglesia de Santa María como ofrenda a la virgen. Una tradición que lleva toda la vida.
Hasta seis palomas alzaron el vuelo dentro de la iglesia de Santa María como ofrenda a la virgen. Una tradición que lleva toda la vida. | Vicente Alonso

Llegó el turno de las ofrendas. Primero, con la pequeña figura del niño Jesús. Luego, con la reverencia al compás de los pendones y la tarta (que será sorteada al día siguiente). Y después, el lanzamiento de hasta seis palomas dentro de la iglesia. Una de ellas, con complicaciones para volar, tuvo que ser ‘indultada’ y ayudada para ser libre.

Con la charanga preparada y las dudas en los asistentes bajo un cielo gris, se tomó la decisión de cancelar la procesión. Cinco minutos después, A Candelaria empezaría a llorar. Así, fue momento para realizar el otro homenaje, esta vez a los abuelos de la parroquia. Un acto al que acudió el alcalde, Abel Caballero, y diferentes concejales de los grupos municipales del PSOE y PP.

A Candelaria señala el fin del invierno, pero no el fin de la fiesta. Para hoy, último día con las actuaciones de la charanga Jalácticos y de Antonio Barros, así como misa cantada por la soprano Beatriz Riobó y la organista Marta Barreiro.

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