Del 6 al 8 de noviembre
Radar Atlántico: historia entre panteones, castañas y mucho humor
Entrevista
Arturo Maneiro Vila (Coruña, 1948) visitó ayer Vigo con su última publicación “Una televisión sin ley”. El que fue director de la Radio Galega y la TVG, además de profesor en Ciencias Sociales y de la Comunicación de la UVigo, hace un repaso de 50 años de fracasos en los intentos de legislar la RTVE y los conflictos políticos que generó y genera su control.
Pregunta. ¿Cómo se llega a esta situación de 50 años sin una ley para la televisión pública?
Respuesta. En este libro recojo las situaciones legales por las que se pasó. Hubo grandes deseos de conseguir una ley que hiciese de la radiotelevisión española un ente neutral, pero es la historia de grandes frustraciones, de traiciones, de intereses políticos, de directores bailables o de consejos de administración negociados que después los dejaban caer.
P. ¿Es posible una televisión pública independiente?
R. Esa independencia se puede conseguir con estabilidad, con alguien al frente que no tenga miedo de que lo puedan echar. Si tiene asegurado una duración en el cargo puede ser neutral.
P. ¿Cuál es la finalidad que justifica la existencia de una televisión pública?
R. Debe ofrecer contenidos de interés, sin preocuparse por la rentabilidad. El criterio lógico, según la legislación europea, es del servicio público. Debe incluir programas culturales que ayuden a la formación del ciudadano medio, también deportes como partidos de fútbol considerados de interés general, por ejemplo de la selección española, conciertos y propuesta cinematográfica que no fijen exclusivamente en el tirón de la audiencia. Tiene personal y medios suficientes para ello.
P. ¿Y la dinámica que aporta el programa de Broncano cumple con esos criterios?
R. No parece muy justificado, porque la intención es competir en audiencias con una cadena comercial. Este no debe ser el objetivo fundamental de una televisión pública y menos con presupuesto público. El indicador es el interés, aunque este no sea mayoritario, un ejemplo serían los programas religiosos.
P. ¿Es una utopía una televisión pública despolitizada?
R. Es difícil porque quien tiene que hacer las leyes son los políticos. Podrían hacer una legislación que asegurase la neutralidad, pluralidad e independencia, pero al no llegar a un consenso se hacen leyes o decretos solo para una parte del Parlamento. Es bastante complicado, en estos 50 años hubo constantes injerencias por parte de los políticos en todo momento. Quieren conseguir una ley y hacen todo lo posible para que no se cumpla. El director general de la RTVE tendría que ser como el presidente del Banco de España o del Mercado de Valores que se pueden criticar, pero son intocables. Eso sí da estabilidad. Pero va en la naturaleza del político intentar controlar estos medios, dan una gran trascendencia pública y están en su foco de atención. Es cierto que ya no es como en los años 90, en que solo había una televisión. Ahora TVE rondará un 10% de una audiencia muy fragmentada. La forma de consumo ha cambiado mucho, con todo, aún lejos de los porcentajes de antes, del 30 o el 40%, la televisión en abierto sigue manteniendo pequeñas parcelas.
P. ¿Esa situación es extrapolable a la televisión pública gallega, la TVG?
R. En la TVG también existe esa parcela aunque mucho más pequeña. Aquí no hubo es recorrido legal de frustraciones, con tantos cambios de gobiernos y directores, existe cierta estabilidad con el mismo director general desde 2000.
P. Pero en los Venres Negros los trabajadores reclaman pluralidad.
R. Los Venres Negros protestan por la politización contraria a la que ellos quieren. Llevan 14 años con la misma batalla, pero para que cambie la situación tendrá que cambiar el Gobierno. Un trabajador puede tener muchas razones para hablar mal de su jefe. Esta protesta es una lucha de la tendencia del otro lado, no para librarse de la politización.
P. ¿Tiene sentido una TVG que introduzca el castellano como afirma la oposición que pretende?
R. Yo no lo veo. Se ha hecho una nueva ley que integre el castellano, pero lo tiene claro, no va a haber contenido en castellano. Es posible que las películas en español fuesen más rentables, pero no tendría razón de ser. Nació para priorizar y normalizar el gallego, se convirtió en el último baluarte que le queda al idioma.
P. ¿Es la BBC el modelo a seguir?
R. Es más un deseo que un ejemplo real. Tuvo los mismos problemas que la televisión pública española con enfrentamientos políticos. Allí es una institución importantísima.
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