Antonio Ramilo, el último alcalde de una época
"La corporación municipal que presidía votaba mayoritariamente confirme al proyecto del alcalde lo que fuera"
Aunque después de él aún hubo otro alcalde antes de las elecciones democráticas de 1979, para los viejos cronistas municipales como yo mismo, Antonio Ramilo, sigue siendo el último de una época. Recuerdo las conferencias de prensa, poca, pero interesantes, y sobre todo cuando nos convocó al pazo de Castrelos para anunciar su renuncia. Recuerdo que por ser argentino de origen le gastaban algunas bromas. Nos dejo hace ya veinte años. Ejerció la alcaldía de 1970 a 1974. En medio fue procurador en Cortes, pero sobre todo era un empresario en varios frentes, sobre todo lo áridos. Nos dejó hace 20 años.
Estudió Económicas y Derecho en Deusto y luego estuvo en Madrid. Quería ser diplomático. En la capital ejerció como abogado especializado en Derecho Marítimo. Se vino a Vigo, se casó y tuvo una familia numerosa. En la perspectiva de su mandado hay que anotar muchas cosas buenas: urbanización de Coia y otrosd barrios, el nuevo consistorio, el proyecto Vigo-Zoo, recuperado de Portanet. Ramilo era de derechas más que un centrista.
La corporación municipal que presidía votaba mayoritariamente confirme al proyecto del alcalde lo que fuera. Pero entonces vimos por primera vez a una oposición de verdad: Cameselle, Alonso, Padín y “Leri”, Antonio Neto Figueroa, una especie de cuatro mosqueteros. Pero era interesante cuando tomaban la palabra en aquellos plenos en el viejo ayuntamiento de la plaza de la Constitución.
Al margen de la política, donde realmente fue importante es el mundo de la empresa: presidente de Ramilo S.A., accionista de Aguas de Mondariz y del extinto grupo Mar, y socio de la empresa de precocinados Procsa. También es importante su faceta corporativa, Fundo en 1977 la Confederación de Empresarios de Pontevedra. También fue uno de los miembros fundadores de la CEOE en 1977. En 1981 intervino en la constitución de la Confederación de Empresarios de Galicia, de la fue presidente en 1991, pero lo dejó en el año 2000, tras descubrirse irregularidades contables en la entidad. En aquellos años, la revista Sábado Gráfico, bajo el titular “Agua directa para un exalcalde”, descubrió que una de sus empresas graniteras había realizado un enganche ilegal a la toma de agua, sin el menor control y elevado consumo. Lo sé bien porque yo fuera el autor de la información.
Entre los eventos de mayor calado que se celebraron bajo su mandato, destaca la Feria Mundial de la Pesca en 1973, organizada por Alfonso Paz-Andrade, que proyectó a todo mundo nuestra ciudad como gran foco pesquero internacional. En la parte política, Ramilo supo ejercer muy bien su papel como anfitrión de la ciudad. En ese ámbito se sabía mover con enorme soltura.
Lo cierto es que, pese al contexto, mantenía una cordial relación con los medios en las numerosas ocasiones en que asistíamos actos municipales y otros. Pero lo que más recuerdo ahora, el evocarlo, fueron aquellos plenos en que, primera vez se conocía el debate. Conviene recordar que, en el franquismo, la corporación municipal se dividía en tres tercios. En el primero los concejales eran elegidos por los cabezas de familia; otro tercio lo designaban los sindicatos verticales, y en el tercero, llamado de entidades. Los candidatos para elegir eran designados directamente por el gobernador civil y jefe provincial del Movimiento. Pero pese a ello, en el tercio familiar, sobre todo, conseguían colarse personajes como Padín, Cameselle, Alonso y “Leri” que formaban un frente democrático frente al pesebrismo generalizado. En aquel tiempo, a mi entender, era esencial el papel del secretario general, con capacidad para anotar tacha de ilegalidad si se tomaba un acuerdo sin apoyo legal.
Ahora que, revisando los archivos, nutrido sobre todo con fotos de Llanos, Magar, Cameselle, Felé y otros, se encienden viejos recuerdos de cronista municipal. En Vigo, más que en ninguna otra parte, por no ser capital de provincia, la vida política, sus controversias y efectos giraba dentro y fuera de la Casa Consistorial. Y los plenos no eran tan aburridos como se podía pensar.
Contenido patrocinado
También te puede interesar