Más de un año de desalojo forzoso
El vigués afectado en agosto de 2024 por un derrumbe negligente en el inmueble donde está su vivienda sigue sin poder regresar a casa. José Antonio afirma que la situación “es desesperante, las obras siguen sin hacerse"
José Antonio es doble víctima, no solo lleva más de un año desalojado de forma forzosa de su casa sino que además la denuncia judicial por los hechos permanece estancada y sin respuesta.
Este vigués se vio en la calle de la noche a la mañana en agosto de 2024 por el derrumbamiento de la cubierta del inmueble, de tres plantas, en el que vivía, en la calle Severino Cobas. Fue un acto negligente, los propios bomberos aseguraron que se produjo por “una manipulación indebida de uno de los elementos básicos de la estructura”. Por esta acción denunció a sus vecinos de la planta de arriba, uno de los cuales fue detenido en ese momento por la Policía al resistirse a abandonar la casa.
“Es desesperante”, asegura José Antonio. En todo este tiempo “no han arreglado la cubierta y sigue entrando agua en mi vivienda cada vez que llueve, las filtraciones han arruinado la cocina que había sido reformada, el calentador… Allí no se puede estar”.
Él y su mujer abandonaron su hogar cuando se produjo el derrumbamiento. En aquel momento la inspección de los técnicos de Urbanismo llevó al precinto del inmueble y tuvieron que refugiarse en el piso de sus hijas. Después de más de medio siglo residiendo Severino Cobas, en una casa que perteneció a su madre, se ve en un callejón sin salida.
“Sigo esperando justicia pero ya no sé qué hacer, intenté vender, incluso muy por debajo del precio por los problemas que tiene, pero el entorno está lleno de basura, mis vecinos acumulan allí de todo”.
En este tiempo, sí ha conseguido ganar el primer juicio contra los residentes en la planta de arriba. Era una demanda que había interpuesto con anterioridad a los hechos. “Les condenaron a impermeabilizar su terraza y a indemnizarme con 2.700 euros, pero ha transcurrido el plazo de ejecución de sentencia y nadie ha hecho nada, y sigue entrando agua en mi casa”, sostiene.
Sin embargo, la otra parte presentó un recurso de apelación, al que se ha opuesto, mientras su abogado ha presentado una demanda de ejecución provisional. La previsión es que el tribunal requiera la realización de las obras y le habilite a él para hacer los trabajos de reparación requiriendo después el pago correspondiente.
Según cuenta, “no me dejan entrar en su terraza para poder hacer obras y tampoco las hacen ellos” y no se explica “cómo esta situación se mantiene inalterable cuando en el juicio reconocieron que habían sido los responsables”. En su momento, José Antonio recordaba que la vivienda había pasado la inspección técnica, que estaba perfecta pero “cortaron la viga maestra y apuntalaron después”. Antes del derrumbamiento ya empezaron a caer piedras a su patio y avisó a los inquilinos de que el techo se iba a caer sin que tuvieran en cuenta sus advertencias, explicaba.
Ahora, cada vez que llueve “tengo que ir a la casa para retirar cubos de agua”.
“Es un horror la basura que hay"
El acceso a las escaleras del inmueble donde se sitúa la vivienda de José Antonio está repleto de desperdicios. Allí se acumulan todo tipo de objetos, desde latas, a una garrafa, una bicicleta vieja incluso cables o herramientas. “Es un horror la basura que hay junto a mi casa y eso impide cualquier intento de vender, porque lo que queremos es descansar de una vez, atajar este problema como sea. Ya no quiero que mi mujer vaya porque lo pasa fatal al ver cómo está aquello. Es una pesadilla”, dice José Antonio. No ha parado de pelear por intentar recuperar su hogar, acudiendo a todas las instancias posibles pero la espera se ha hecho muy larga, tanto que ahora lo que quiere es poner fin a este problema, que mantiene a su familia en vilo.
El día del derrumbamiento, salvaron la vida de milagro. La cubierta se desplomó cuando no estaban en casa, un día antes y “hubiéramos muerto todos”, recordaba poco después de los hechos. El Concello se hizo cargo de las obras urgentes de desescombro, pero no las de la cubierta que le correspondía a la propiedad. “No hay forma de hablar con ellos, pusieron un tejado inclinado que no recoge el agua”.
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