Las anécdotas de obituarios y "meublés" en la prensa local

Episodios vigueses

"Ya he contado de que se consideraba que la redacción de obituarios era una función menor y que los redactores avezados deberían dedicar sus atenciones a otros asuntos de mayor envergadura"

La calle Alfonso XIII donde hubo un famoso meublé.
La calle Alfonso XIII donde hubo un famoso meublé. | Atlántico

Alguna vez me he referido aquí a la tradición en la prensa local de Vigo de los obituarios en torno al fallecimiento de un personaje relevante de nuestra ciudad. Yo mismo he escrito varios; pero aparte de ello, es conocido que el recuerdo a otras personas se hacía como añadido al tamaño de las esquelas. Un conocido empresario del sector era lo primero que veía cada día para comprobar la marcha de la empresa. Cuando yo formaba parte de la redacción de cierto medio local, una de mis misiones era completar la formación de los nuevos periodistas para que aprendieran el oficio la margen de sus estudios y teorías. Me divertía mucho y disfruté de momentos memorables con sus ocurrencias.

Ya he contado de que se consideraba que la redacción de obituarios era una función menor y que los redactores avezados deberían dedicar sus atenciones a otros asuntos de mayor envergadura. Y era un error. Como digo, solían encargarse de las crónicas mortuorias al recién llegado, pues la regla era usar una serie de tópicos sobre el fallecido y enjaretar todos los elogios que se le ocurriera. Teníamos una especie de manual, de prontuario, orlado de adjetivos que se debían ir colocando en el texto, de modo que los militares eran “bizarros”; todos los comerciantes “destacados y honrados”; todos los funcionarios “probos”; todas las damas “virtuosas”, todos los curas “piadosos” y así hasta el infinito. Si la persona no era muy conocida, el tópico era convertirlo en respetado ciudadano, muy estimado por sus convecinos.

Alguna vez he aludido a la perla de las perlas de estas historias, que incluso he recogido en algún libro o conferencia sobre el periodismo de antaño. Se trata de la esquela y obituario de una señora que regentaba una famosa y concurrida casa de citas. Era el “meublé” más famoso de la ciudad, entre los de su tiempo. Como era familia de posibles, su esquela principal, pues tuvo varias, ocupaba media plana de un diario sábana de los de entonces, y el obituario era proporcional. De la redacción se ocupó un periodista en prácticas, previamente instruido que, por su juventud, no tenía ni de quien era la señora. El texto es una joya: Destacó que la dama fallecida era un respetado y querido personaje de la sociedad viguesa. Las puertas de su casa estaban siempre abiertas y era muy frecuentada, ya que era muy piadosa (esto es verdad) y hospitalaria, tanto para caballeros como para damas. Cuando lo leyeron los que estaban en el ajo quedaron asombrados, sobre todo sus visitantes y visitantes.

En Vigo hubo varias casas de este tipo, una de ellas en la calle Alfonso XIII. Este local está vinculado a la historia del asesinato de un famoso conservero, que se encontraba allí con una señora de la buena sociedad, cuyo esposo lo asesinó. Era una casa particular, pero un referente en este tipo de encuentros. Siempre me ha preguntado por qué estos lugares secretos eran, por otro lado, parte del dominio público.

Aparte de estas anécdotas, los que hemos dado en esto del periodismo y la enseñanza, aprendimos pronto que el obituario es un género periodístico que se centra en la vida y muerte de personas notables. Pero se ha extendido, de modo bastante general. Tiene su origen en la antigua Roma y es un contenido muy corriente en la prensa española. Hasta el punto de que ya hay varios estudios académicos sobre sus formas, variedades y contenidos. Dicen los estudios que este género no solo informa, sino que forma y entretiene. Los estudios sobre los públicos en los medios, destacan que, a partir de ciertas edades, a partir de determinadas edades, los lectores tradicionales de prensa, lo primero que ven son las esquelas y las edades de los fallecidos. Tal es su importancia que el director de un periódico gallego, ya fallecido, daba instrucciones diarias para que se cuidada especialmente esta sección

En suma, aparte de las historias locales que aquí menciono, una excelente tesis doctoral de Antonio López Hidalgo se centra en los textos periodísticos de contenido fundamentalmente biográfico que se publican con ocasión de la muerte de alguien. Cuando una muerte no es noticia, por ser un hecho previsible y esperado, pero es la de alguien notorio, famoso o relevante para la sociedad, y así lo consideran los medios, se dará cuenta de ello y se publicarán uno o varios textos dedicados a contar la vida y hechos de esa persona. Son estos las necrologías, obituarios o necrológicas, que en algunos periódicos cuentan con sección fija en la que diariamente se relata la vida de alguien que acaba de fallecer y en otros no, pero que aparecen, incluso con profusión, cuando fallece alguien que lo justifica.

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