"Se nos fue la alegría para siempre, es imposible recuperarla"

Los vigueses Javier y Nati perdieron a su hijo Jorge hace tres años y medio mientras trabajaba como bombero en Santiago

Nati y Javier, ayer junto al nicho de su hijo Jorge en el cementerio de Pereiró
Nati y Javier, ayer junto al nicho de su hijo Jorge en el cementerio de Pereiró | Vicente Alonso

La vida a veces golpea duro. Durísimo. Un golpe del que no te puedes levantar, aunque pasen los años. Los vigueses Javier y Nati vivieron ese golpe hace tres años y medio. Más de mil días con una vida paralela donde ya no existen las sonrisas ni los buenos días. Su hijo Jorge, con 25 años y recién aprobada su oposición de bombero, comenzó su periodo de prácticas en Santiago. Tras una salida sencilla y a punto de finalizar su turno, tocó acudir al apagado de un autobús urbano en llamas. Ese vehículo se precipitó por una cuesta al quedarse sin frenos, chocando contra el camión de bomberos y atrapando al joven vigués. “Nos enteramos de su fallecimiento por la televisión. En las noticias decían que había fallecido en Santiago un bombero de la zona de Vigo, y solo había dos. Como Jorge estaba de observador, pensé que había sido la otra persona, pero vi en las imágenes a este bombero vivo y sabía que el fallecido había sido mi hijo”, aseguró Javier.

En ese momento, todo se nubla. Pusieron rumbo a Santiago, aunque no recuerdan cómo. Solo llegar allí y recibir en la morgue asistencia psicológica. Los días siguientes fueron una tortura. Agradecen las muestras de cariño para un hijo “querido por todos”, pero no encajaban este duro golpe. Comenzaron terapia con psiquiatras y con la unidad del suicidio para poder convivir con ello y mirar hacia adelante. Pero no pueden, y no saben si van a poder en un futuro lejano. “Somos conscientes de que todos han avanzado y nosotros estamos igual que en el primer día. Lo tengo en mente todo el día”, recalca Nati.

Su vivienda se ha convertido en una especie de altar para Jorge. Sus fotos están presentes por todo el hogar. Nati siempre le da los buenos días, entre sollozos. Habla con él constantemente. Ambos son conscientes de que todo en su vida ha cambiado de forma brusca, pero no quieren olvidar su recuerdo. Aceptan ese dolor, lo hacen suyo. “Intentas alegrarte por las cosas buenas de la vida, pero no puedes. No te sale. Esa alegría se nos fue para siempre y es imposible recuperarla”, señala Nati. Javier reconoce que el espejo ya no muestra aquel padre orgulloso de su hijo. Refleja a otra persona, totalmente desconocida. Desdibujada y envuelta en “un sinvivir”. No salen de casa, salvo algunos fines de semana con sus amigos Ana y Antonio. Ambos acuden a boxing para canalizar la rabia por no conocer la verdad. La causa todavía se encuentra en los juzgados, porque nadie les ha dicho qué ha pasado realmente. “Nos sentimos desamparados. Nadie me ha explicado las causas. Solo sabemos que era el día más feliz de su vida y no llegó a casa”, indica Javier.

Hijo único, la unión con sus padres era total. Aficionados al fútbol, Javier y Jorge habían hablado de ser socios del Celta y animar a su club en el campo. Nati le preparaba todos los 30 de cada mes pulpo, su plato favorito. Sigue haciéndolo, aun sin Jorge en la mesa. Llora mientras escucha la música que a él le gustaba. Ahora, buscan conocer la verdad por encima de todo, cueste lo que cueste. Pero eso no les reconfortará. “Aunque finalice el juicio, yo voy a pasarme el resto de mi vida sin mi hijo”, asegura Javier. Han renunciado a las celebraciones familiares o a la Navidad, todavía no se ven preparados. También a las vacaciones, a viajar. Les cuesta las aglomeraciones.

Tienen una meta: convertir ese recuerdo de Jorge en momentos felices. Que deje de doler. No saben si lo van a conseguir, en sus cabezas sigue resonando ese dolor incrustado. Los psiquiatras les animan, aunque estén pasando por el proceso más duro para un ser humano. Acuden todos los días al cementerio para no dejar solo a su hijo. Hasta el Concello les puso un banco delante de su nicho para que puedan usarlo. Lo limpian, les cambian las flores. Un féretro que también es peregrinado por amigos y compañeros de profesión que, como Javier y Nati, tampoco pueden olvidarlo.

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