Bajo la Alameda también estaba Roma

Después de más de 25 años, se pone en marcha el proceso para rehabilitar dos edificios de la plaza de Compostela y Marqués de Valladares. En sus bajos se halló la mayor industria de salazón del Atlántico romano

Algunos de los depositos de salazón hallados en la parcela entre Alameda y Marqués de Valladares. A la derecha, el garaje Roma, cerrado.
Algunos de los depositos de salazón hallados en la parcela entre Alameda y Marqués de Valladares. A la derecha, el garaje Roma, cerrado. | Vicente Alonso

El Concello ha dado luz verde a través de la Gerencia de Urbanismo a la licencia para la demolición del edificio Roma y el contiguo, en los números 15 y 16 de la plaza de Compostela, una actuación que lleva más de 20 años de espera y que todavía está pendiente de su validación a través del proyecto de reforma. En este segundo documento, cuando se presente y apruebe, se incluirá la musealización “in situ” de los restos más importantes hallados del Vigo romano, datados entre los siglos I y IV. Más relevantes incluso que las salinas halladas en Rosalía de Castro, visitables, e incluso que las estelas funerarias de la calle Pontevedra, hoy expuestas en el museo de Castrelos como su pieza más importante. No es casualidad que el garaje que da nombre al edificio lleve el nombre de Roma: debajo se encontraban los mejores restos de la civilización que fundó el Vicus que daría lugar al actual Vigo. Ahí mismo, donde siglos después la ciudad se expandiría, ganando terreno al mar y construyendo la Alameda donde había costa y un puerto.

Porque donde hoy se encuentra la histórica plaza de Compostela se encontraba una factoría preindustrial romana, quizá la más importante del Atlántico, que funcionó entre los siglos I y IV, al mismo tiempo que el complejo salinero de Areal-Rosalía, que proporcionaría la materia prima necesaria, junto con el pescado, para su producción. Constituían una red industrial que se extendía a lo largo de un kilómetro y medio, un Vigo preindustrial ya inclinado hacia la explotación del mar.

La factoría, con entrada por Marqués de Valladares y la Alameda, lcontaba con al menos 5 grandes tanques cuadrangulares con muros de piedra y cerca de 2 metros de profundidad, organizados alrededor de un espacio central de trabajo. Todos están tapados a la espera de su momento. Completando las instalaciones, había un sistema de canales que proveía agua dulce desde dos pozos, necesaria para el proceso productivo. Aparentemente de mayores dimensiones era la conservada en la Plaza de Compostela, donde salieron a la luz 11 tanques y un sistema de canalización asociado.

El Garum

Después de destripar y cortar el pescado, se sumergía en los tanques en una solución de salmuera para su maceración durante 20 días para crear el garum, la más famosa de las salsas romanas, imprescindible en su gastronomía. Tras este tiempo, estaba listo para su consumo y comercialización, almacenándose en ánforas o barricas. Solo se ha encontrado otra de similares características en el yacimiento de Playa Bolonia, cerca de Tarifa, donde se localizó una ciudad romana escondida bajo la arena que era famosa por su producción de garum. En el museo de las salinas en Rosalía de Castro hay la posibilidad de “oler” el condimento, que hoy en día resultaría excesivo.

Los historiadores han concluido que parte de la producción serviría para el autoabastecimiento y para los mercados locales hacia el interior de Gallaecia, pero su destino principal, dada la cantidad de la producción, sería la exportación por vía marítima a través del puerto galaico-romano, tanto hacia el norte del Atlántico como hacia el sur de la Península Ibérica. Lo cierto es que en Vigo no se ha encontrado todavía un gran edificio público, como un templo o un teatro, pero, en cambio, se han hallado restos espectaculares de salinas y salazones de Vicus.

El primer Vicus/Vigo

Los historiadores coinciden en que a finales del siglo IV o principios del siguiente, cuando el Imperio se venía abajo, estas factorías de salazón, al igual que las que se localizaban por el borde marítimo de la ría, como O Fiunchal, Punta Borralleiro y Praia de Sobreira, cesaron en su actividad. El abandono de la producción salinera, proveedora de la materia prima necesaria, debió ser un factor importante para continuidad al sufrir un importante desabastecimiento, al que se sumó una coyuntura de inestabilidad en el Imperio romano que provocó una disminución de la demanda de estos productos y dificultades para su comercialización. A partir de ahí, ese primer Vicus, cuyo nombre no está claro en absoluto, fue decayendo hasta prácticamente desaparecer hasta bien entrada la Edad Media.

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