Más ágiles, de menor tamaño y 100% infalibles
Los perros policías han pasado del clásico pastor alemán al pastor belga Malinois y su entrenamiento es a través del juego
La presencia de perros policías en el cuerpo de seguridad viene de lejos. Pero su adiestramiento y su fisionomía ha evolucionado. Ahora, se busca que el can sea más ágil para poder rebuscar por todos los rincones, de tamaño mediano aunque con la fuerza suficiente y 100% infalibles. Sin margen de error. Así se demostró en la estación de autobuses de Urzaiz con una prueba piloto. Como entrenamiento a una sustancia, utilizaron un viandante como señuelo. Tras alejarse un unos 5-10 metros de metros, empezó la búsqueda. Rápidamente, al pastor belga le llegó un olor que lo dirigía al bolsillo de ese ‘sospechoso’. Una vez detectado, marcó al presunto delincuente, en este caso voluntario, abalanzándose encima. “Unos lo hacen así. Otros, se refriegan mucho sobre esa zona, o ladran insistentemente. Cada uno tiene su método, tal y como fue entrenado”, indicó uno de los policías de la Unidad Especial de Guías Caninos.
Cada uno tiene su compañero peludo y se encarga de su adiestramiento. Eso crea entre policía y perro un vínculo muy fuerte de obediencia, pero siempre “a través del juego”. Porque para el can es solo eso, un juego. Una especie de búsqueda del tesoro. “Se mueve por olores. Si una sustancia ya no deja un rastro oloroso, no es detectable, pero drogas como el hachís o la marihuana puede dejar impregnado el olor en un bolsillo o en una mochila varias semanas”, apuntó. Dicho y hecho. En su primera presencia en la estación de autobús, los policías detectaron el nerviosismo de un grupo de jóvenes, fruto solamente de la presencia del can. Por tanto, realizaron la prueba del algodón. El perro rápidamente marcó a dos de ellos, concretamente a sus mochilas. Cada uno llevaba una especie de caja pequeña utilizada para guardar hachís o marihuana. La suerte para los jóvenes fue que, en ese preciso momento, estaba vacía.
El primer perro que salió era una hembra de 10 años. La experiencia le decía que tenía que ir con cautela, olisqueando cada rincón. Empezó con los pasajeros que esperaban el autobús para viajar al aeropuerto de Santiago. “Ese puede ser un autobús interesante”, afirmó una de las policías del equipo de Transporte, debido a su destino. Pero antes de comenzar a la acción, el can se prepara. Hace una especie de calentamiento en el furgón policial y es vestido adecuadamente para la ocasión con el chaleco de la Policía. Una vez que encuentra el autobús, va pasando por todo aquel que se encuentra haciendo cola. Su ‘dueño’ le indica con pequeños gestos donde tiene que apuntar el hocico. Nada. Después, es el turno de las maletas. Se introduce en el departamento donde viaja el equipaje y olfatea cada una de los bultos allí situados. Nada. Por último, registra con su olfato el interior del vehículo, por si algún viajeros de paradas anteriores posee algún artículo ilegal. Se baja del autobús sin encontrar nada, pero con el deber cumplido. “Esto es un poco por rachas. Hay veces que no encuentras nada, y luego en 6-7 actuaciones seguidas aparece todo. Pero lo bueno es que todo esté en orden, que el perro no tenga que detectar nada”, apuntó el policía asignado al can.
Algo cansada, el perro hembra se fue a descansar (después de recibir su correspondiente golosina) y tomó su relevo un cachorro de dos años. Este, especializado en explosivos, un material que rara vez podría ser transportado en autobús o tren. Pero mejor prevenir que curar. Más dinámico y juguetón, su objetivo era el autobús Oporto-París de la empresa BlablaBus, con parada en Vigo. “No descartamos ningún autobús, pero solemos fijarnos más en los de trayectos largos e internacionales, con paso de frontera”, aseguró el jefe de la Unidad Especializada de Transportes. Para calentar, registró el autobús entre Tui y Ferrol, con el mismo proceder que el anterior. También la misma conclusión, nada sospechoso ni relevante. Tras un servicio de una hora y media-2 horas en la estación, luego tocó el turno a la estación de ferrocarril. “Allí no nos metemos en el tren, pero pasamos por todas las dársenas”, indicó el jefe policial en Transportes. Tras un día duro de trabajo, los canes se van a descansar, pero volverán a las estaciones viguesas. Ahora, de manera recurrente.
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