Adrenalina por tocar en la calle rock ‘n’ roll tras cumplir 80 años
Ernesto Millo, vecino del Casco Vello, se unió hace cinco años al argentino Sebas Stone para dar ritmo a la Porta do Sol
Bajo la atenta mirada del Sireno dos músicos comparten ritmo y la adrenalina de tocar rock and roll. Son Ernesto Millos, con 80 años, que sigue el compás día a día, y Sebas Stone, guitarrista uruguayo afincado en Vigo. Ambos se conocieron hace unos cinco años, cuando Ernesto veía tocar a Sebas temas de rock ‘n’ roll por las calles de la ciudad, momento en el que surgió la oportunidad de formar pareja artística.
Ernesto es, sin duda, la figura que más llama la atención del dúo. A sus 80 años, mantiene una energía que sorprende a quienes se detienen a escucharlos. Comenzó haciendo percusión con tapas de ollas de cocina, aunque hoy ya se sienta frente a una batería construida a base de piezas donadas por viandantes —sin bombo ni hi-hat, pero con caja, timbales y platillos reciclados—, sigue tocando con la misma pasión que cuando empezó, cuando tenía poco más de 20 años, antes de dedicar su vida al mar, donde trabajó en la marina mercante y en la pesca de altura.
A su lado está Sebas, músico de origen uruguayo, con quien Ernesto forma un dúo perfectamente compenetrado. Sebas aporta la voz y la guitarra, mientras Ernesto se encarga de sostener el pulso rítmico. La conexión entre ambos nació de forma casual, en la calle, cuando decidieron empezar a tocar juntos y comprobar que encajaban a la perfección.
Su repertorio combina temas conocidos del rock y del pop, con versiones de artistas como Andrés Calamaro, buscando siempre conectar con el público que pasa. “Tocamos lo que le gusta a la gente”, explican, conscientes de que su escenario es el flujo constante de viandantes.
La calle, sin embargo, no es un espacio exento de dificultades. Ernesto y Sebas han tenido que lidiar con quejas vecinales, cambios de ubicación y la necesidad de adaptarse a las normas de convivencia con otros músicos. Y aunque han tenido la oportunidad de tocar en algún bar o evento, defienden este modo de vida como una forma de libertad, al no tener presión por gustar al propietario, tener que preocuparse de llenar la sala, la rigidez de los horarios así como la conexión con el público, mucho más directa.
Barcos
Más allá de la música, Ernesto mantiene otra pasión: la construcción de barcos en miniatura, una afición que convive con su experiencia como marino.
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