Adiós a la pastelería Montserrat: "Ayudamos a hacer Vigo"

La pastelería no pudo superar la crisis provocada por la pandemia y ayer cerró sus puertas tras 54 años de historia

Publicado: 26 mar 2022 - 23:15 Actualizado: 29 mar 2022 - 11:19
La familia Sobrino Baeza, con Roy y Willy, su madre Loló y sus hermanas May, Montse y Belén.
La familia Sobrino Baeza, con Roy y Willy, su madre Loló y sus hermanas May, Montse y Belén.

Este año los vigueses y viguesas no tendrán un gran castillo de chocolate que anuncie el inicio de la Pascua. El dulce emblemático de la pastelería Montserrat, y el resto de sus elaboraciones de repostería y salados, como las cocas que tantas alegrías dieron a los catalanes a fincados en la ciudad, ya no volverán a salir de su obrador de Doutor Cadaval.

Ayer, Rogelio Sobrino, Roy, hijo del fundador, se afanaba en la elaboración de las últimas tejas, como despedida a más de 50 años de la saga familiar Sobrino Baeza al frente de esta firma; concretamente, 54 años de historia a la que ayer dijeron adiós.

“Ayudamos a hacer Vigo. Cuando mi padre Rogelio abrió la pastelería, en 1968, llegaba el fin de semana y la gente se iba a la aldea. El recuerdo que deja, en jóvenes y mayores que venían aquí a comprar, ayudó a crear una seña de identidad, a fomentar el concepto de viguismo”, señalaba Guillermo, Willy, hermano de Roy, sin poder contener las lágrimas. La prueba fueron los numerosos mensajes de apoyo recibidos por redes sociales y WhatsApp de clientes diseminados por España y por todo el mundo, desde Holanda a Sudamérica, Madrid… “Recuerdo el momento de romper la hucha, ir a LP a comprar un disco y después pasar por Montserrat”, le decían en uno.

Willy, que fue responsable durante años de la gerencia, y Roy estuvieron arropados por su madre Loló y sus hermanas May, Montse y Belén -una cuarta estaba ausente, ayer, en Lisboa-. “Todos en algún momento trabajamos en la pastelería”, aclaraba.

Montserrat ha sucumbido a la pandemia y al desánimo generado por años de crisis. “Para que fuese viable había que salir de lo que era la pastelería y creamos una empresa de catering, que nos coincidió con la crisis de 2008. Conseguimos abrirnos paso con mucho esfuerzo y trabajo y logramos ser número uno. Teníamos empleados y una agenda llena de eventos cuando llegó la pandemia y nos cogió totalmente a contrapié. Tuvimos que ir al concurso de acreedores, que es la parte fea de los negocios. Esto nos provocó mucha desilusión. Estamos cansados. Necesitamos parar”.

La pastelería fundada por Rogelio Sobrino, pastelero formado en la desaparecida Las Colonias, quiso tener una última mañana de encuentro con sus clientes. “Llevas aquí toda la vida y no te das cuenta de que has creado algo más, has creado vínculos, cariño”, concluía una de las hermanas.

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