El acoso escolar más invisible en un colegio de Vigo
Un centro no identificó como acoso escolar el caso de una niña que estaba siendo aislada socialmente por parte de un grupo de compañeras y que sufre importantes secuelas psicológicas
Existen muchos tipos de acoso escolar, pero uno de ellos pasa mucho más desapercibido que los demás en las aulas y puede llegar a provocar un daño importante e incluso irreparable en sus víctimas. Se trata del acoso escolar social o relacional, que consiste en aislar socialmente al niño o niña en cuestión, tratando de poner a la clase en su contra y/o apartándole de su grupo de amigos. Esta es la situación a la que se enfrenta Clara (nombre ficticio para proteger su identidad) desde hace unos años en el colegio Maristas, donde cursa 6º de Primaria, y que se intensificó en los últimos meses hasta el punto de tener que quedarse en casa por recomendación médica.
El germen de este problema se remonta a hace ya dos cursos escolares, cuando Clara comenzó a contar a sus padres que al menos una compañera de clase hablaba mal de ella a sus espaldas para intentar poner a sus amigas en su contra y, por lo tanto, aislarla. La situación no escaló, por lo menos visiblemente, en los siguientes dos cursos, pero sí siguió la actitud de estas niñas a sus espaldas, y entre tanto el estado de ánimo de la niña empeoraba, mostrando “sintomatología ansioso-depresiva”, según los informes. Todo ello terminó por estallar durante una excursión en el primer trimestre de este curso, donde este aislamiento social se completó y estas compañeras lograron que su grupo de amigas le acabase haciendo el vacío.
“Pasa muchos recreos sola, hasta el extremo de que su única compañía son los profesores, y cuando se acerca a alumnas de otras clases estas niñas van a hablarle mal de ella para que la ignoren”, cuenta su padre, que se ve superado por la situación. Según pudo conocer este periódico a través de fuentes de la Consellería de Educación, el centro, después de que los padres de Clara pusieran esta situación en su conocimiento, abrió un protocolo de acoso escolar “y concluyó que no existía tal situación”, por lo que no se puso en marcha ninguna de las medidas del mismo, aunque estas mismas fuentes añaden que “Inspección Educativa está haciendo un seguimiento del caso”.
Pese a la decisión del colegio, los informes psicológicos y psiquiátricos acreditan extensivamente una situación “mantenida de acoso escolar de tipo relacional” caracterizada por la exclusión social “intencionada” por parte de sus iguales, “comentarios despectivos y burlas” a sus espaldas y “aislamiento sistemático” en los períodos lectivos. Inciden en que aunque no hay agresiones físicas, este comportamiento está “normalizado dentro el grupo” y ha terminado por provocarle este cuadro clínico ansioso-depresivo que, en los últimos meses se ha agravado con crisis de angustia, alteraciones del sueño y menoscabo de su autoestima. El colegio activó el protocolo de riesgo de suicidio por un comentario que hizo.
A día de hoy, Clara no acude a clase -sólo a hacer los exámenes- por recomendación médica para evitar que se agrave su salud mental. Sus padres, que ya han decidido cambiarla de centro -en muchos casos de acoso escolar terminan siendo las víctimas las que tienen que dejar el colegio en lugar de los agresores-, creen que se podría haber hecho mucho antes. “Nosotros lo único que le pedíamos al colegio era que hiciesen una conciliación, juntando a las niñas con el equipo de dirección u orientación y resolviendo el conflicto entre ellas”, explica el padre, quien apunta que llegó a haber “órdenes expresas de Inspección” para dicha conciliación.
Pero ante esta sencilla solución se encontraron innumerables trabas, aparentemente de las familias de las supuestas agresoras: “Se negaban en rotundo a que las niñas hablaran con nuestra hija y tratasen de resolver sus diferencias o por lo menos le explicasen cuál es el problema que tienen con Clara”, indica el padre de la niña.
Responsabilidades
El padre de Clara lamenta que “frecuentemente nadie da crédito a las familias que sufren esto” y critica que las instituciones educativas “no reconocen sus equivocaciones” ante un caso como el de su hija, en el que asegura que se negó “sistemáticamente” el acoso que sufre, a pesar de no tratarse de agresiones físicas. “Todo el mundo dice estar en contra del acoso escolar pero a la hora de la verdad muchos miran al otro lado”, reflexiona este padre preocupado.
“Cuando un menor sale perjudicado, ¿quién asume la responsabilidad? ¿A cuántos centros escolares se expedienta? Me gustaría saber las cifras”. Pide también autocrítica ante la “sobreprotección” de los agresores: “Cuando llaman del colegio a las familias para informarles de asuntos como esto, de primeras se lo toman muy mal y lo niegan o le quitan hierro a la situación, ignorando que pueden estar dándole alas a una persona que podría seguir maltratando en el futuro”.
Por último, critica también que los actuales protocolos de acoso escolar sean “muy garantistas con los agresores y muy poco o nada protector con las víctimas”, pidiendo una revisión de los mismos enfocada a mejorar la implantación de “medidas efectivas” contra el acoso escolar.
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