“Ser abuela ya no es un sacrificio, ahora es una bendición”

Los mayores reivindican el papel que desempeñan en la conciliación familiar y aseguran que cuidar de sus nietos es “una fuente de alegría”

En la imagen, un grupo de abuelas disfrutando de una tarde libre en la área biosaludable de la Avenida de Castelao.
En la imagen, un grupo de abuelas disfrutando de una tarde libre en la área biosaludable de la Avenida de Castelao. | Juancho Everman

Los esperan a la salida del colegio, preparan la merienda, acompañan a las actividades extraescolares y aparecen siempre que surge un imprevisto. Los abuelos forman parte de la rutina de miles de familias, aunque su papel pocas veces ocupa el lugar que merece. Coincidiendo con el Día de los Abuelos, algunos vecinos de Vigo cuentan cómo viven un papel que, lejos de percibir como un sacrificio, definen como “una auténtica bendición”.

No es sacrificado. Si te gusta, es alegría. Ser abuela ya no es un sacrificio, ahora es una bendición”, resume Fátima Pereira, de 73 años, que reconoce haber ayudado a criar a sus tres nietos mientras su hija conciliaba el trabajo con la maternidad.

Una experiencia similar vivió Adoración Lorenzo, quien recuerda que tanto ella como su marido dieron un paso al frente cuando su yerno no podía compaginar el trabajo con el cuidado de la familia. “Vivíamos con ellos y estábamos encantados. Es como criar un segundo hijo”, explica, aunque reconoce que ahora, con su nieta ya mayor, la responsabilidad ha dado paso al disfrute.

Si hay una idea que se repite entre los abuelos de Vigo, es que ser abuelo significa querer sin la presión de educar. “La responsabilidad la tienen los padres. Yo estoy para pasármelo bien con ella”, afirma Toñi Salgado, que aprovecha cada visita de su nieta para ir a la playa, al monte o incluso patinar juntos. “Le doy cariño, amor y disfruto de ella”, añade.

Ese cambio de perspectiva hace que muchos describan la experiencia como una segunda oportunidad para vivir la infancia desde otro lugar. Antonio Barreira, de 81 años, disfruta viendo a sus nietos practicar deporte y recuerda las ocasiones en las que se quedaba con ellos para que sus padres pudieran hacer alguna escapada. “Todo depende de proponérselo. Si los quieres tener por casa, siempre encuentras la manera de conseguirlo”, asegura.

Sin embargo, no todos consideran que ese esfuerzo esté suficientemente reconocido. Mientras algunos creen que las familias sí valoran esa ayuda, otros opinan que la sociedad pasa por alto el papel de los mayores. “Los abuelos fuimos los que levantamos este país y no se nos valora lo suficiente”, lamenta Barreira. Una percepción que contrasta con la satisfacción personal que todos dicen sentir al ver crecer a sus nietos. “Es una alegría enorme. Los nietos son como segundos hijos”, resume Pereira.

En un momento en el que la conciliación continúa siendo uno de los principales retos de muchas familias, los abuelos siguen ocupando un lugar insustituible. No solo por las horas de cuidado que ofrecen, sino por el vínculo afectivo que construyen con cada generación. Un trabajo que pocas veces se reconoce públicamente, pero que ellos describen con una palabra que se repite una y otra vez: bendición.

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