75 años y tres generaciones, tijeras en mano en Castrelos

La Peluquería Ramón celebra tres cuartos de siglo y de relevo generacional: “Tuvimos clientes cuyos bisnietos vienen ahora”

Ramón y Josefa Alonso, segunda y tercera generación en la peluquería.
Ramón y Josefa Alonso, segunda y tercera generación en la peluquería. | Juancho Everman

En un momento en el que el relevo generacional es uno de los mayores retos para el pequeño comercio, la Peluquería Ramón en la avenida de Castrelos cumple 75 años en el mismo local. Fundada en 1951 por Ramón Alonso, la barbería pasó después a su hijo, también Ramón, y desde su jubilación, en 2021, es su hija Josefa Alonso quien continúa detrás de los sillones, ya en la tercera generación.

Su fundador se formó con un tío suyo y empezó a trabajar con apenas doce años. Tras pasar por otras barberías abrió el local que sigue hoy. Con el tiempo, el establecimiento se convirtió en una referencia para los vecinos, hasta el punto de que servía para dar indicaciones sobre cómo llegar a otros lugares. Por sus sillones pasaron también generaciones de familias. “Tuvimos clientes cuyos bisnietos vienen ahora a la peluquería”, explica su hijo.

En 1989, cuando este diario llevaba apenas dos años en activo, sus páginas recogían el testimonio de Ramón Alonso padre, que sumaba ya 50 años en el oficio. Recordaba que, cuando empezó, “era un trabajo muy esclavo y a veces teníamos que estar en la barbería hasta la una de la madrugada, de forma que mi hermano me tenía que echar agua para que despertase”. Por entonces, explicaba, las condiciones ya habían mejorado mucho para los profesionales.

Con los años cambió tanto la profesión como el papel jugaba el local en el barrio. Según explica su hijo, la barbería era también un punto de encuentro vecinal, con tertulias y canciones que se prolongaban en la calle. “Antes era habitual que hubiera mucha gente dentro de la barbería, podían pasarse dos horas allí porque les gustaba charlar”, relata. Ahora, sin embargo, las citas se organizan cada vez más por teléfono o internet y las largas esperas entre conversaciones son menos habituales. “Tratas directamente con el profesional, pero apenas te relacionas con los demás clientes”, señala.

Comenzó a trabajar en el negocio con catorce años junto a su padre. “Estaba estudiando y, la víspera de San Juan, me fui a buscar leña y no fui al colegio. Mi padre, como castigo, al día siguiente me mandó a trabajar a la barbería”, explica. Aprendió el oficio y acabó trabajando allí durante 55 años hasta jubilarse.

Para él, la clave del oficio va más allá de la técnica. “Los peluqueros somos un poco psicólogos”, explica. Escuchar a los clientes forma parte de una manera de entender la profesión que sobrevive a los cambios en los horarios y la moda. Este jueves tienen prevista una celebración del aniversario en el propio establecimiento, a las 19 horas.

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