50 años del accidente de tren de Rande que se saldó con 15 muertos
Tal día como hoy hace medio siglo, 15 muertos y 29 heridos al chocar un tren de pasajeros con una locomotora
Hay episodios en la historia de las ciudades que, pese al tiempo transcurrido, sigue emocionando y conmoviendo al recordarlo. Se cumplen ahora 50 años, medio siglo, de aquel terrible accidente ferroviario de Rande, ocurrido en la tarde del 9 de septiembre de 1976. Yo había salido de paseo con mi novia, que era enfermera de cirugía en el Hospital Xeral “Almirante Vierna”, “El piruli”, cuando advertimos en la calle un movimiento de ambulancias y la sensación en el ambiente de que algo especial sucedía. Mi hoy esposa hizo algo intuitivo, natural, con una especie de presentimiento. Me pidió que la acercara a su centro de trabajo y al llegar comprobamos que la inmensa mayoría del personal se había personado allí. Y no solo médicos y enfermeras, sino auxiliares, celadores y el resto de los trabajadores. Fue una respuesta ejemplar.
Dado el punto donde se produjera el accidente, paralelo a la carretera de Vigo a Redondela, numerosos automovilistas fueron testigos directos de la tragedia, y fueron los primeros en ayudar a los pasajeros del siniestro, y los primeros en traer la noticia a Vigo, porque entonces no había móviles. Entre ellos se distinguió un empresario de bazares de Pontevedra, con tienda en Vigo, el conocido Antonio Reguera. Como testigo presencial, a escasos metros del choque, su testimonio fue una de las piezas que con mejor detalle nos comentó lo ocurrido. En el momento de la colisión viajaba en su coche un 1.500 de la época, que como consecuencia de la onda del impacto pegó un salto y se caló. Tuvo buenos reflejos, desde un chalé cercano llamó al Gobierno Civil y a los medios.
El accidente, aparte de un descuido personal de un factor de circulación, se debió a la propia precariedad de los medios de comunicaciones operativas en la red ferroviaria. Todavía estaban recientes los repetidos accidentes del expreso Rías Bajas en su trayecto hacia Madrid. Trabajaba yo entonces en Radio Popular y era corresponsal en Vigo de prensa de Madrid y de la agencia Europa Press, por lo que me cupo la misión de dar noticia de aquella tragedia de aquel 9 de septiembre de 1976, a la altura de Rande. El accidente produjo quince muertos y 29 heridos, debido a la colisión de un convoy de pasajeros con una locomotora sola que coincidieron en la misma vía. Asombrosamente, el factor de circulación dio vía libre a máquina diese aislada, sin vagones. El choque fue violentísimo, dada la velocidad de ambos convoyes.
La máquina aislada, en lenguaje ferroviario, procedía de la terminal de mercancías de Guixar y se encontró a las 18.30 horas de frente con un convoy modelo Ómnibus 2735, con 120 pasajeros que llegaban de Santiago. El choque tan brutal que los cuatro maquinistas perecieron en al acto y quedaron irreconocibles. Como consecuencia del choque los vagones de pasajeros se desprendieron de la composición para precipitarse por un terraplén. Dos de ellos, a cincuenta metros de distancia, junto al mar, cerca del puente de Rande. Otro vagón colisionó contra una vivienda, arrasándola. Dos obreros que trabajaban en la casa en ese momento murieron también, aplastados.
Extraordinaria respuesta
En mis crónicas de aquel día destaqué un hecho que hoy quiero volver a evocar: Al tener noticia del siniestro, de modo espontáneo, decenas de vigueses se presentaron en el hospital para donar sangre, previsoramente sensible a la necesidad que habría de producirse de la misma. Muchas personas deben la vida a esos donantes anónimos que acudieron en masa. Recuerdo escenas terribles de dolor. A los fallecidos, a fin de ser reconocidos, los colocaron en una sala de la planta baja del hospital, a donde acudieron familiares de personas que viajaban en el tren para saber si sus parientes se encontraban entre los fallecidos o heridos. Yo estaba presente en que uno de los enfermeros sacó el reloj de pulsera de uno de los fallecidos y se lo mostró a una chica que lo pudo reconocer de este modo. Todavía hoy me conmueve.
Como ocurre en todos los accidentes semejantes, enseguida se buscó un responsable directo, como si no lo fueran los dirigentes de RENFE que mantenían en precario la infraestructura ferroviaria de Galicia, y las comunicaciones entre estaciones y otros puntos del recorrido se hacía por teléfono ordinario, sin otros recuerdos. Por ello, en ese caso, se apuntó al factor de circulación que diera la salida a la máquina sola o el guardagujas que equivocó el cruce de vías. Este, que estaba entretenido cuando el choque, fue considerado responsable. Según se publicó tras la tragedia, fue un despiste. Tenía que haber avisado del cambio de vías tras pasar una unidad de mercancías, pero se despistó. Estaba en la garita cuando vio pasar a la máquina de Guixar, y fue entonces cuando se percató de que todavía no pasara el tren que saliera de Redondela, procedente de Santiago.
Los fallos ferroviarios
Que la responsabilidad de lo ocurrido, como repetidamente veríamos luego en otros accidentes ferroviarios iba más allá del despiste del factor. El tráfico ferroviario en aquel tiempo se controlaba por el sistema CTC, (Centro de Control de Señales) centrado en Ourense, pero que solo llegaba a Guillarei, y desde este punto a Vigo se regulaba por “bloqueo telefónico”. Los guardagujas debían hacer una llamada tras cambiar las vías y los maquinistas se guiaban por semáforos. Un sistema rudimentario que, como en este caso, producía un error fatal por un simple despiste. En ese sentido, la seguridad del tren en Galicia, luego del accidente del Alvia de Santiago en Angrois en 2013, sigue siendo cuestionada. En el caso de Rande, la ayuda inmediata de los vecinos fue ejemplar, y sobre todo la recuperación de muertos y heridos, con sus propias manos, y del amasijo de objetos y documentos personales de los pasajeros del tren siniestrado. Aquel día nefasto, aparte del Xeral, todos los centros sanitarios de Vigo se vieron desbordados.
De todos modos, hay que recordar también un hecho positivo: la respuesta que dieron todos los estamentos de la ciudad, de la gente que acudió a donar sangre de modo voluntario y los profesionales de la sanidad. Una vez más, de modo trágico, quedó demostrada la razón de las repetidas quejas de la Cámara de Comercio a RENFE por el estado de la red ferroviaria y el material con que contaba Galicia. Nuestra comunidad estaba incluida dentro de la VII Zona con centro en León, que solía tener el peor material móvil en comparación con otras regiones ferroviarias de España.
El perfil de la vía presentaba múltiples problemas, con frecuencia se caían las trincheras (el encajonamiento por el que pasan los convoyes) y, sobre todo, los deficientes drenajes y los numerosos acuíferos provocaban lo que los maquinistas llamaban “baches ciegos”; es decir, que al paso del tren no sólo los viajeros percibían la holgura de las juntas, sino que el terreno cedía, lo que era especialmente peligroso en una curva, debido a la fuerza centrífuga.
Como hijo y nieto de maquinistas que soy, recuerdo que mi padre y mi abuelo me contaban que eran imposible por seguridad, entre los años 40 y 60 arriesgarse a llevar los convoyes con las velocidades que marcaban los itinerarios debido a los perfiles de la vía y a su deficiente conservación. Prácticamente, ni en los tramos más rectos rara vez se podría llegar a los 100 kilómetros por hora en los trenes más veloces. En el primitivo trazado Palencia-A Coruña contaba con alguno de los túneles más tristemente célebres por sus accidentes de toda la red nacional (y que, por cierto, la censura franquista enmascaraba, como la tragedia de Torre) En los años 70, la línea a Madrid por Puebla de Sanabria acumuló tal cantidad de siniestros que, ante las protestas de la Cámara de Comercio de Vigo, que denunció el caso, el propio presidente de Renfe tuvo que venir a esta ciudad a disculparse.
De aquella visita hay una anécdota especial: la rueda de prensa del presidente de RENFE se convocó en el hotel Bahía y como era costumbre entonces, se preparó un generoso agasajo, un “vino español” posterior. Al acabar la conferencia de prensa, todos los profesionales de la información de Vigo nos fuimos en masa, sin probar nada de lo preparado que quedó tal cual.
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