Los 105 años del risueño Pepe
Exsoldador eléctrico de Barreras, este hombre asegura que el secreto para llegar a su edad es “las siestas y el vino”
José Iglesias, o Pepe, como lo conoce todo el mundo, es probablemente el varón más longevo de Vigo. Mañana cumplirá 105 años y lo celebrará con sus allegados en la residencia Bodia Magnolio, en el barrio de Lavadores. Curiosamente, pese a su avanzada edad, lleva menos de un mes viviendo allí y lo hizo más obligado por circunstancias familiares que por el deterioro de su propia salud.
La razón es que Pepe llevaba una vida muy activa y sus 104 años apenas le impedían moverse –eso sí, acompañado– por su Candeán natal y visitar con cierta regularidad a sus amigos.
Soldador eléctrico jubilado de Barreras –”era maestro de primera”, recuerda–, Pepe vivió toda su vida en su querida Candeán “salvo por el año que estuve haciendo la mili en Melilla”. Los trabajadores de la residencia donde pasa ahora sus días destacan que tiene una salud envidiable para su edad “y a nivel cognitivo está bien, mantenemos conversaciones con él”, aunque, como es lógico, su memoria empieza a fallar. En menos de un mes –llegó el pasado 11 de febrero a este hogar de la tercera edad en Lavadores– ya se ha ganado los corazones tanto de los cuidadores como del resto de residentes: “Su adaptación fue muy buena. Al principio decía mucho que quería volver a Candeán, pero como es muy sociable ya se siente bastante en casa”, explican desde la residencia. Además, cuenta con la suerte de recibir visitas “prácticamente diarias” de los vecinos y familiares a los que solía ver regularmente en Candeán, “y eso ayuda mucho a adaptarse a esta nueva forma de vida”.
¿Y cuál es el secreto para llegar a los 105 años de edad conservando tan bien la salud? Pepe lo tiene claro: “Tranquilidad, siestas –asegura que nunca perdonó su siesta diaria– y un poco de vino dia sí, día no”. Pero no un vino cualquiera. “Vino tinto, el blanco sólo muy de vez en cuando, en un furancho de Cabeiro” (Redondela).
Aunque ahora ya se desplaza más habitualmente en silla de ruedas, Pepe era hasta hace no mucho un hombre “muy activo” que hacía ejercicio con regularidad e incluso disfrutaba de sesiones de natación en la piscina: “Me gusta mucho nadar”, señala. Los trabajadores de la residencia dan fe de su actividad y gran vitalidad: “Él llegó aquí el 11 de febrero y nos pilló celebrando los carnavales. En medio de la fiesta hacía por levantarse de la silla y bailar porque le encanta la música. Se le nota que es un hombre muy fiestero, pero con un carácter afable y risueño”.
Estas cosas son las que han hecho que en este hogar de la tercera edad estén encantados con la llegada de Pepe. Y viceversa: “Estoy contentísimo aquí. Los trabajadores son unas personas muy buenas y muy simpáticas, de lo mejor que hay”, asevera el veterano exsoldador. Él sigue echando de menos “pasear mucho por Candeán y ver a todos mis amigos de allí, de San Paio y de otros muchos sitios”, pero cuenta con la suerte de que todos estos compañeros y familiares lo visitan muy a menudo en su nuevo hogar: “Prácticamente cada día viene una cara nueva”, indican los trabajadores de la residencia, que nunca habían celebrado un 105 cumpleaños –menos aún de un varón– y ya están pensando en pasar el número 106 de Pepe el año que viene. Pero todo a su tiempo.
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