Toda una vida llena de magia

Xulio Merino comenzó haciendo magia por propinas en terrazas, restaurantes y bares. Ahora varios premios y festivales lo reconocen como un imprescindible dentro del mundo mágico

Xulio Merino
Xulio Merino | Vicente Alonso

Xulio Merino comenzó haciendo magia por propinas en terrazas y bares. Una escuela magnífica: muchas horas, mucho público y bastante caos. Tras conocer a los que hoy son sus mejores amigos y compañeros de profesión, Óscar Fernández, Sara Rodríguez y Sergio Sienes entre muchos otros, todo se aceleró. Siguió trabajando en todo tipo de eventos, mientras estudiaba, encontrando su estilo propio. Con los años llegaron los premios, las conferencias, los festivales, los viajes y reconocimiento dentro del mundo mágico.

-¿Cómo llegó al mundo de la magia?

-Mediante cesárea. Mi primera decisión en la vida, en coherencia con las posteriores, fue errónea: decidí que tirarme de cabeza al mundo no era prudente y salí con un pie por delante. Primer error. Así fue mi llegada al mundo y, por lo tanto, también a la magia, que para mí son lo mismo. Mi primer recuerdo mágico es viendo a David Copperfield en televisión, con unos 8 años. Me gustó, pero no me dijo nada. Años después, al ver a Jorge Blass, sí sentí por primera vez ese impacto que tiene la magia cuando aparecían abanicos de cartas en sus manos… y aun así tampoco me aficioné ahí. Ya en la adolescencia, por pura curiosidad compartida con un amigo, cayó en nuestras manos “Cartomagia Fundamental” de Vicente Canuto. Aprendí dos o tres trucos mientras seguía más centrado en otras inquietudes: el teatro, el cine, la escritura. No fue hasta 2010, al descubrir a René Lavand, cuando me planteé la magia como disciplina artística. A partir de ahí empecé a conocer magos, a estudiar y, sobre todo, a hacer muchísima magia por propinas, mesa por mesa.

-Coméntenos su proyecto actual.

-Lamentablemente nunca he sabido enfocarme únicamente en un solo proyecto. Suelo dividirme entre actuar, estudiar y crear. Realizar actuaciones con los espectáculos que tengo en activo sigue siendo una de mis ocupaciones principales, tanto en eventos privados y empresariales como en congresos y festivales de ilusionismo. Aunque trabajo en diferentes formatos según el contexto, el show de magia de cerca para adultos “Sinsentido Consentido” es probablemente el más mágico y el más gracioso que tengo… y también el que más disfruto interpretando. Y sí, cualquier lector puede contratarlo para sus eventos. Guiño, guiño. Además, dentro de la comunidad mágica soy conocido por mi trabajo con bolas de esponja, por lo que actualmente estoy muy centrado en desarrollar y publicar material propio en distintos formatos para que otros magos puedan estudiarlo.

-¿Cuál es la motivación de su trabajo?

-La motivación va cambiando con los años, y ahora mismo la resumiría en dos cosas muy claras. Por un lado, actuar. Estoy disfrutando cada actuación y cada ensayo más que nunca en mis 15 años como mago. Por muchos motivos con los que no os quiero aburrir aquí. Y por otro, compartir la magia y la amistad con mis compañeros. En Vigo tenemos una de las comunidades mágicas más activas y divertidas del país, repleta de magos extraordinarios. Además, contamos con una asociación muy dinámica como la Asociación Viguesa de Ilusionismo, y animo a cualquier aficionado a que se pase por alguna de nuestras reuniones semanales, porque el ambiente mágico en esta ciudad es un lujo tremendo.

-¿Valores por los qué destacas su trabajo?

-No quiero ponerme profundo cuando, en realidad, todo se resume en hacer trucos buenos de forma entretenida. Obviamente hay mucho más. Para mí, la honestidad es uno de los valores fundamentales, sobre todo en un arte como la magia que trata de hacer percibir al cerebro algo que no sucede realmente. Por eso me gusta ser directo y encontrar formas ingeniosas de poner encima de la mesa las debilidades de la sociedad, los formalismos o las actitudes que tenemos. Todo siempre bajo el humor. La comedia es fundamental para mí. En muchos casos es explícita, pero cuando no lo es, me gusta que exista ese ambiente típico de una conversación con amigos. Busco generar atmósferas distendidas y relajadas, donde nos lo pasemos bien —yo el primero—, y dentro de ese ambiente es donde me gusta que aparezcan los momentos mágicos. También es imprescindible que me guste la magia que hago. Por lo general solo me gustan los secretos que cuentan algo: o bien que son difíciles de realizar, o bien que son muy ingeniosos y ponen encima de la mesa toda la imaginación de quien los creó. Me gusta que haya historia y profundidad detrás de lo que hago; lo que no se ve de la magia tiene que ser igual o más bello que el efecto que produce. Y, por último, la espontaneidad. Cada espacio y cada grupo de espectadores son distintos y aportan frescura al show. Siempre hay algo nuevo y único, e incorporarlo al espectáculo es lo más divertido. Si tengo que resumirlo: honestidad sin postureo, comedia a raudales, magia que me apasione internamente, buscar espontaneidad en cada espacio y conectar con el público.

-¿Proyectos futuros?

-Estoy inmerso en varios proyectos que me mantienen muy entusiasmado. Sigo desarrollando magia con esponjas y trabajando en el siguiente libro, “Migii cin ispinjis piri niñis”. También estoy construyendo un acto nuevo de magia de cerca con bolas que pintan un cuadro, y que me gustaría presentar en el próximo mundial de magia. Además, estoy metido en tres shows nuevos: uno muy absurdo de magia de salón; otro que fusiona magia y cuentos, y me está obligando a aprender el arte de la narración oral, tanto para público familiar como adulto; y un tercero, a dúo con Lara Doiro, que supone un reto creativo e interpretativo importante, ya que es completamente mímico-musical.

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