Paula Abalde: “Mi trabajo no solo busca ilustrar, sino acompañar, emocionar y generar vínculos"
Empezó siendo muralista en un centro educativo para pasar a realizar ilustraciones en láminas por encargo, lo que me permitió entender cómo adaptar su estilo a distintas necesidades
El recorrido de Paula Abalde en el mundo de la ilustración es breve pero significativo. Empezó siendo muralista en un centro educativo para pasar a realizar ilustraciones en láminas por encargo, lo que me permitió entender cómo adaptar su estilo a distintas necesidades. Entonces surgió la oportunidad de ilustrar tres portadas, un reto importante ya que es lo primero que capta la atención del lector y marca la identidad de una obra. Actualmente trabaja en un libro infantil y comienza a ser imprescindible en el sector.
-¿Cuál es la motivación de su trabajo?
-Nace de una necesidad muy personal: expresarme y entender lo que siento a través del dibujo. Desde siempre, ha sido mi vía de escape en los momentos más difíciles, una forma de sacar hacia fuera aquello que muchas veces no sabía cómo explicar con palabras. A menudo, pensamos que todo se puede decir hablando, pero no siempre es así; hay emociones, pensamientos o incluso historias que encuentran mejor su lugar en una imagen. Dibujar me permite ordenar el caos, dar sentido a lo que ocurre dentro de mí y transformarlo en algo visible y compartible. Además, siempre he tenido esa forma de imaginar, en imágenes más que en palabras, por lo que ilustrar es casi un acto natural para mí. Con el tiempo, esa necesidad personal se ha convertido también en una forma de conectar con los demás, de emocionar, de acompañar e incluso de ayudar a otros a verse reflejados en lo que hago. Esa mezcla entre lo íntimo y lo compartido es lo que realmente impulsa mi trabajo.
-¿Cómo llegó al mundo del diseño?
-De una forma bastante natural, casi sin darme cuenta. Desde pequeña siempre tuve una inclinación muy fuerte hacia el dibujo y la creatividad. Mientras otros niños jugaban de otras maneras, yo encontraba una felicidad enorme en una libreta y un lápiz. Con el paso del tiempo, esa curiosidad inicial se fue convirtiendo en algo más serio. Empecé a interesarme no solo por dibujar, sino por comunicar a través de imágenes, entender cómo funcionan las formas los colores y la composición. La educación también jugó un papel importante, ya que tuve la suerte de contar con profesores que supieron ver ese interés y potenciarlo. Ellos me enseñaron que el arte no era solo una afición, sino un camino posible. Poco a poco fui formándome, explorando diferentes disciplinas dentro del diseño y encontrando mi propio lenguaje visual. Así, lo que empezó como un juego terminó convirtiéndose en un oficio y en una parte esencial de mi identidad.
-Cuéntenos su proyecto actual.
-Estoy centrada en un proyecto muy especial: la ilustración de un libro de literatura infantil. Es una experiencia muy enriquecedora porque combina muchas de las cosas que más me gustan: el dibujo, la narrativa y la capacidad de imaginar mundos. En este proyecto estoy trabajando en dar vida a personajes, escenarios y emociones, intentando que cada ilustración no solo acompañe al texto, sino que también lo amplifique y lo haga más cercano. Me interesa mucho que las imágenes ayuden al lector, especialmente a los más pequeños, a sumergirse en la historia y a conectar con ella de una forma más profunda. Es un proceso creativo muy bonito, pero también exigente, porque cada detalle cuenta: desde la expresión de un personaje hasta la elección de los colores. Sin duda, está siendo un paso muy importante en mi trayectoria y una oportunidad para seguir creciendo y aprendiendo dentro del mundo de la ilustración.
-¿Valores por los que destaca?
-La conexión con algo muy esencial del ser humano: la necesidad de expresarse a través de imágenes. El dibujo es una capacidad innata que existe desde los humanos más primitivos, utilizada tanto para representar la realidad como para dar forma a aquello que no tiene palabras, lo que solo habita en nuestra mente. De hecho, en los dibujos de los niños se puede encontrar mucha información, porque casi siempre reflejan lo que aún no son capaces de expresar verbalmente. En mi trabajo, intento mantener viva esa esencia, esa sinceridad del trazo. Darle imagen a una historia ayuda a que el viaje sea mucho más completo, más cercano, y permite que el lector conecte emocionalmente con lo que está viendo. Además, el arte, la mente y las emociones están profundamente conectados. En mi caso, el dibujo ha sido una herramienta clave en momentos complicados, cuando mi mente se ha sentido frágil, ayudándome a canalizar y comprender mejor lo que me ocurre. M
i trabajo no solo busca ilustrar, sino también acompañar, emocionar y generar un vínculo con quien lo observa.
-¿Proyectos futuros?
-De cara al futuro, me gustaría seguir desarrollándome dentro del ámbito de la literatura infantil, ya que es un espacio en el que me siento especialmente
cómoda y donde puedo dar rienda suelta a la imaginación. Aun así, no me gustaría dejar de lado otros géneros como la poesía o la novela, porque cada uno ofrece una forma distinta de interpretar y comunicar a través de la imagen. Mi objetivo principal es poder seguir disfrutando de esta pasión el mayor tiempo posible, ya que forma parte de mi vida y de quién soy. Más que una meta concreta, mi ispiración es seguir creciendo, aprendiendo y manteniendo la ilusión intacta.
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