María Villora: “Escribo como necesidad para sacar mis demonios fuera y conseguir mandarlos lejos"
"La sombra de Clea" nació en una noche de insomnio en la que yo miraba dormir a mi hijo pequeño y me preguntaba qué pensaría él si abriera los ojos en ese momento y me viera ahí petrificada"
María Villora acaba de presentar su primera novela, ambientada en un pueblo, donde el pasado y el presente se entrelazan en una historia de misterio, identidad y vínculos invisibles entre generaciones. Con “La sombra de Clea” se adentra en un relato de misterio y terror psicológico que explora los secretos familiares y las huellas del pasado. Un nuevo paso en la carrera de la periodista gallega afincada en Madrid que cuenta con otra profesional de los medios, Flora González, para la introducción.
-¿Cómo llegó al mundo de la literatura
-Desde pequeña me ha encantado leer y escribir. Leía cada cartel que me cruzaba por la calle, las cajas de los cereales y me aprendía los anuncios de memoria. Con 9 años empecé a escribir poesía, o lo que yo creía que era poesía y desde entonces no he parado. Supongo que era una forma de ordenar lo que sentía y de entender el mundo que me rodeaba. En mi casa siempre hemos tenido una gran biblioteca de clásicos y libros de todos los géneros, así que no era difícil tenerlos a mano. Y recuerdo encerrarme en mi habitación y leerme el mismo libro varias veces (esto me pasó con Pollyana). Imagino que era una suerte no tener redes en aquella época.
-Coméntenos su proyecto actual?
-"La sombra de Clea" nació en una noche de insomnio en la que yo miraba dormir a mi hijo pequeño y me preguntaba qué pensaría él si abriera los ojos en ese momento y me viera ahí petrificada. Esa fue la chispa: el miedo de una madre de perder lo que más ama, el miedo a lo que no vemos pero acecha, y sobre todo el miedo a lo que no podemos controlar. A raíz de esto me empecé a interesar mucho por la inquisición en mi pueblo, en Castilla la Mancha, ya que averigüé que hubo un montón de procesos por brujería. Me empapé de documentos de archivos y de historias impactantes que fueron reales y cada vez que tiraba de un hilo salían más. Ha sido emocionante.
-¿Cuál es la motivación de su trabajo?
-Escribo como necesidad. Para sacar mis demonios fuera y sentir que los materializo y así me es más fácil mandarlos lejos. Es mi manera de ordenar lo que llevo dentro y de dar forma a emociones. Cuando las convierto en palabras, dejan de pesar de la misma forma. A veces escribo desde la inquietud, otras desde la curiosidad, pero siempre desde un impulso íntimo de comprender lo que me atraviesa. También es una forma de diálogo conmigo misma, un espacio en el que puedo cuestionar, reconstruir y encontrar sentido. En ese proceso, lo que al principio puede ser confuso o incómodo acaba convirtiéndose en algo más claro, incluso más llevadero. Además, me encanta inventar historias que tengan parte de verdad y causar sensaciones en las personas que las leen. Esta práctica empieza a ser todo un vicio.
-¿Valores por los qué destaca su trabajo?
-Diría que por la honestidad y el rigor. Intento escribir siempre desde un lugar muy sincero, sin inventar cosas ni perder de vista la realidad, algo que creo que es clave en el periodismo. Me importa mucho contrastar, entender bien de qué hablo y no quedarme en la superficie, incluso cuando el tema parece fácil. También destacaría la sensibilidad, porque me interesa profundizar en lo que hay detrás de cada historias y en los detalles que muchas veces pasan desapercibidos. Y la constancia. Llevo años escribiendo, aprendiendo y entendiendo mejor qué quiero contar y cómo hacerlo. Por último, creo que hay una cierta valentía a la hora de abordar temas más íntimos o incómodos, sin buscar el impacto fácil, pero sí la conexión real. Al final, lo que intento es escribir desde un lugar honesto que permita que quien lee se reconozca en algún punto.
-¿Un pequeño recorrido profesional?
-Mi trayectoria profesional ha estado siempre ligada a la comunicación y la escritura. Me licencié en Periodismo, y desde entonces he desarrollado mi carrera principalmente en el ámbito de la belleza y el estilo de vida. He trabajado como periodista en diferentes medios, colaborando con cabeceras como Telva, Vogue, Elle, Hola, Instyle o Woman, donde he abordado temas relacionados con tendencias, bienestar y cuidado personal. Paralelamente, he desarrollado proyectos en el ámbito de la comunicación para marcas, centrados en la creación de contenidos, notas de prensa y estrategias editoriales. Esta doble vertiente me ha permitido entender tanto el lenguaje de los medios como las necesidades de las marcas. Pero, sin duda, la escritura siempre ha sido el eje de mi trabajo. Durante mucho tiempo tuve la espina de escribir una novela y no terminaba de atreverme porque no pasaba de los diez folios y quedarse en un relato. Con el tiempo, ese impulso ha ido ganando peso y fui rellenando hojas y hojas y aprendiendo sobre los temas que quería contar y, poco a poco, el libro tomó forma y se convirtió en una novela.
-¿Proyectos futuros? ¿Hasta donde quiere llegar?
-Después de haberme atrevido a escribir “La sombra de Clea”, tengo una historia pendiente, de raíces familiares. Es una novela también, de ficción, pero mezclada con eventos y hechos históricos. El protagonista es Federico Chueca (el compositor) y me traslado al Madrid del siglo XIX y a sus historias íntimas con su sobrina.
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