Genialidad viguesa en el diseño

Pedro Álvarez Dacosta soñó con ser arquitecto hasta que se dio cuenta que tenía muchas cosas que contar en el sector de la moda. Ahora apuesta por construir espacios personales con cada una de sus prendas

Pedro Álvarez Dacosta.
Pedro Álvarez Dacosta. | Vicente Alonso

Pedro Dacosta se encontró de golpe con el diseño. Primero apostó por la espacialidad de la arquitectura hasta que ésta lo llevó a centrarse en el diseño más presente en la vida, la moda. Empezó haciendo pequeñas cosas, cuadros, maquetas y diferentes pruebas, hasta que llegó a su verdadera carrera. Su primera colección, Rompiendo Fronteras, fue un antes y un después. Y desde entonces, no ha parado de construir prendas que hablan de su genialidad. Ahora afronta Memorias desgarradas, la esencia de su estilo.

-¿Cómo llegó al mundo de la moda?

-Desde muy pequeño he estado rodeado de creatividad: me pasaba el día dibujando en los libros del colegio, construyendo con legos, imaginando sin parar. Todo eso me fue moldeando, aunque en ese momento no lo veía tan claro. Con el paso de los años, me empezó a interesar cada vez más cómo vestirme, cómo expresarme a través de la ropa. No solo la moda como industria, sino el hecho de verse uno mismo y transmitir algo con lo que llevas puesto. Poco a poco me fui dando cuenta de que podía compatibilizar ese gusto con lo que yo ya traía desde la infancia: esa necesidad de crear y contar historias con las manos. En segundo de bachillerato, una profesora me ayudó a verlo más claro, me hizo mirar desde otra perspectiva, y fue justo el impulso que necesitaba para lanzarme. Aunque en algún momento pensé en arquitectura, entendí que la moda podía ser una forma real de construir mi mundo desde dentro hacia afuera. A día de hoy, agradezco haberme permitido escucharme.

-¿Cómo definiría su proyecto actual?

-Mi proyecto actual lo entiendo como una forma de contarle a la gente qué es para mí la moda. Para mí es como pintar un cuadro que luego no cuelgas en una pared, sino que haces caminar por una pasarela. Es arte en movimiento. Es expresión. Trabajo mucho desde lo emocional, desde lo que siento. En mi caso, con pasarela, lo vivo como una performance en la que cada prenda habla. Me interesa mucho esa idea de trasladar algo muy personal a un formato que los demás puedan experimentar. Intento que cada pieza tenga una historia que contar, una razón de ser, y que no esté solo por estética. Mi proyecto nace de lo que soy, de mis vivencias y de mi mirada. Estoy enfocado en abrir ese lenguaje a más personas, en usar la moda como medio de comunicación directa, sin filtros. La moda, para mí, no es solo una profesión o una vocación: es una forma de hablar cuando las palabras no bastan. Y justo eso es lo que intento transmitir con lo que hago.

-¿Cuál es la motivación de su trabajo?

-Mi mayor motivación, aunque suene egocéntrico, es superarme. Superar lo que los demás esperan de mí, pero sobre todo lo que yo mismo espero de lo que soy capaz. Me mueve esa necesidad de crecer, de demostrarme que puedo seguir avanzando, que puedo levantarme cada día haciendo lo que me gusta y construir desde ahí algo que me represente. Durante los estudios obligatorios sentía que nada me motivaba de verdad, que me arrastraban. Pero al empezar a estudiar moda, todo cambió. Me descubrí a mí mismo, y eso fue un punto de inflexión. También me motiva mucho mi familia, especialmente mis abuelas, que siempre han creído en mí. Me motiva saber que puedo transformar todo lo que llevo dentro en algo tangible. Que puedo transformar un pensamiento o una sensación en una prenda. Esa posibilidad de traducir emociones en algo que otros puedan sentir es lo que me mantiene en movimiento. La moda me da un sentido, una dirección. Y eso, para mí, vale todo.

-¿Valores por los que destaca?

-Uno de los valores que más me define es la creatividad. Me ha acompañado desde pequeño. De niño, muchas veces me metía en problemas por pintar donde no debía, pero ahora es precisamente eso lo que me impulsa. Creo que tengo una sensibilidad muy marcada, una forma particular de ver las cosas. También destaco por la confianza en mí mismo. A veces puede parecer un arma de doble filo, pero para mí ha sido esencial. Esa seguridad interna me permite seguir adelante incluso cuando las cosas no salen como quiero. Otro valor importante es la lealtad: a mí mismo, a lo que creo, a mi gente. Soy muy sincero, tanto con lo que hago como con quien soy. No me gusta fingir ni seguir modas solo por encajar. Y también soy sensible, no solo en lo creativo, sino en lo humano. Me implico mucho en lo que hago y en las personas que me rodean. Para mí, esos valores forman el eje de todo lo que construyo.

-¿Hablemos del momento actual?

-Ahora mismo estoy viviendo un momento muy potente. A nivel personal, creativo, familiar... todo está confluyendo de una forma que me está empujando hacia adelante. Estoy en plena fase de trabajo con un proyecto que me ilusiona profundamente. Memorias desgarradas es una colección que mezcla lo emocional con lo visual, el pasado con el presente. Recoge fragmentos de mi historia y los transforma en piezas que hablan desde un lugar real. Este proyecto está siendo un antes y un después para mí. Me está haciendo ver hasta dónde puedo llegar, qué soy capaz de crear cuando me lo tomo en serio. También me está haciendo valorar el tiempo, el esfuerzo y la paciencia. Porque como estudiante no siempre se tiene todo: ni recursos, ni energía, ni tiempo. Pero cuando hay pasión, todo lo demás se coloca. Me siento en el camino correcto, y eso ya es mucho. Este último año ha sido, sin duda, uno de los más completos de mi vida. A nivel formativo he aprendido muchísimo.

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