Roxana Mouriño: “Mi sitio es donde estoy con mi música que es mi refugio y mi patria”
La artista regresó a su ciudad para ofrecer un concierto muy especial en Villa Solita, donde combinó las canciones de Raíces de Mar con sus composiciones de guitarra flamenca
La música de Roxana Mouriño es el reflejo de una vida marcada por las las raíces y la búsqueda constante de una voz propia. Nacida en Buenos Aires, criada en Vigo y afincada desde hace años en Formentera. La artista regresó a su ciudad para ofrecer un concierto muy especial en Villa Solita, donde combinó las canciones de Raíces de Mar con sus composiciones de guitarra flamenca. Nos contó sobre su trayectoria, la emigración, la guitarra flamenca y el camino que la ha llevado a convertir todas esas experiencias en música.
Empezaste en el Conservatorio de Vigo con tan solo nueve años. Si pudieras hablar con aquella niña que daba sus primeros pasos en la música, ¿qué le dirías hoy?
A esa niña la llevo siempre conmigo. Cada vez que vuelvo a Vigo paso por el Conservatorio, me acerco, tomo un café por allí y pienso: "¿Te acuerdas?". Fue mi segunda casa durante diez años, desde los nueve hasta los diecinueve. Allí viví muchísimas experiencias, recuerdos y recibí una formación que fue la base de todo lo que vino después. Me emociona volver porque además tenemos un conservatorio precioso en un lugar maravilloso. Le diría simplemente que siga adelante, que siga con la música. Es precisamente esa niña interior la que me guía en cada nueva etapa.
Has pasado por la guitarra clásica, el flamenco y ahora también la canción de autor. ¿Cómo has encontrado tu propia identidad artística?
Sencillamente buscándola, la música es mi refugio y mi patria. Empecé a descubrir otros estilos, la música moderna y un poco de jazz. El flamenco llegó más tarde, cuando vivía en Formentera, fue una conexión tan fuerte que terminé mudándome a Sevilla para estudiarlo en profundidad. Siempre sentí que tenía una deuda con el flamenco desde que vi a Paco de Lucía en directo, en Santiago. Recuerdo pensar: esta guitarra es la misma que yo toco, ¿cómo puede sonar así? Aquello me marcó profundamente y hoy hago un estilo híbrido, que no es ni clásico ni flamenco, es simplemente mi forma de expresarme.
Además de artista, llevas muchos años siendo profesora. ¿Qué te ha enseñado la docencia que quizá nunca habrías aprendido sobre un escenario?
Enseñar no es nada fácil, es una gran responsabilidad. Lo primero que aprendes es a cuidar mucho tus palabras y tu actitud, porque estás formando personas, especialmente cuando trabajas con niños. Ellos son más vulnerables y toman como referencia a quienes consideran una autoridad, como puede ser un profesor. Con los años aprendí que la mejor manera de enseñar es predicar con el ejemplo. A veces se piensa que los profesores lo tienen fácil, pero quien crea eso debería pasar un día en un aula. Es una profesión exigente, aunque profundamente reconfortante.
¿Qué tiene de especial la puesta en escena de Villa Solita y qué es lo que te gusta que el público sinta al salir de tus conciertos?
Me gusta que disfruten y se emocionen. Raíces de Mar está formado por nueve canciones que son en realidad nueve historias. Cada una habla de emociones distintas y estoy convencida de que cada persona conectará con alguna de ellas desde su propia experiencia. Como músicos tenemos el privilegio de trabajar con las emociones, y eso es lo que intento transmitir.
Manuel, el organizador del ciclo, quería ofrecer propuestas diferentes y le llamó mucho la atención mi faceta como guitarrista flamenca. Un concierto en el reuní las dos facetas que forman parte de mi trayectoria.
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