Ramón y su movida de los 80
Este vigués colecciona medallas en torneos de veteranos de bádminton pese a no ver por el ojo derecho
Imaginarse con 80 años solía ser un ejercicio de quietud. Solía. Porque ejemplos como el de Ramón Quiroga convierten esa imagen preconcebida y prejuiciosa en obsoleta. Casi insultante. A sus 80 años, este vigués sigue plenamante activo con el bádminton como vehículo de competición y de vida. Como reflejan, con su brillo, las dos medallas colgadas al cuello del Campeonato de España Sénior en Cáceres a principios de este mes.
“Francamente bien”, dice Ramón cuando se le pregunta cómo se sintió en tierras extremeñas. Y añade, “dentro de las limitaciones”. Narra lo sucedido: “En individuales perdí con el que quedó campeón, que es mi compañero de dobles, con el que gané. Él, afortunadamente, no tiene ningún achaque. Yo tengo algunos”. Lo que este vigués de pro llama achaques a cualquier otro lo habría retirado de competir. “Me quedé sin visión del ojo derecho, con lo que tuve que casi volver a empezar. Ahora es muy difícil que golpee al centro de la raqueta porque tardo más en ver el volante. Así, a veces, el volante no va donde uno quisiera, sino donde él quiere ir”, comenta sin dolor. Porque, aunque esta merma venga desde el tiempo de la pandemia, cuando aún era un joven de 75 años, nunca pensó en parar. “Médicamente, me dijeron que podía jugar, que tenía que adaptarme a la nueva vida. Una vida normal: conducir, todo…”, indica.
En tal tesitura, no le ha importado competir en la clase de más de 75 años y no en la de más de 80. “ Lo solicitamos pero no pudo ser. Porque yo no soy el mayor, aún hay dos de 83.¿Qué hace un señor de 83 años jugando con uno de 75? A esas edades hay un abismo”, reclama.
Si se le pregunta por qué el bádminton, reconoce -tras una clase de historia sobre el auge de este deporte en Galicia como precursor al habido después en el resto de España- que fue éste quien lo encontró y no al revés. “Un vecino empezó a practicarlo con los niños en el colegio. Mis hijos se apuntaron y yo, después de un año, me dije: mira, mejor que estar en la grada… Aunque me levantaba a las cinco de la mañana para trabajar, quería hacer algo de ejercicio físico”, rememora. Y la práctica lo llevó a la competición, pero no enseguida. “A los campeonatos de España tardé bastante en ir. El primero fue en el año 93 y, casualmente, me lesioné. No volví hasta alrededor del 2000 a viajar al resto de España”, apunta.
Porque eso de viajar se convirtió en un aliciente más. “Cada vez es en un sitio distinto y conoces muchas ciudades más o menos pequeñas que, de otra manera, no conocerías”, explica. Así, el bádminton también creció como excusa para socializar. “Conoces a gente muy diversa. Con la mayoría tienes trato. Si no son gallegos, no los conozco tanto. Pero al resto de la gente sí”, señala. Dentro de un orden, claro está, porque el número de asistentes a estas citas de veteranos se ha incrementado de forma exponencial. “Hay que pensar que cuando yo empecé a ir, aquí en Cedeira éramos 177. Ahora, somos prácticamente 400”, enumera.
De esa forma de vida en torno al deporte no lo han apartado ni los años ni esa ceguera en un ojo. Los 80 fue una década de efervescencia. Ramón Quiroga, a través del bádminton, vive su propia movida.
El peregrinaje en nombres y escenarios del club Cíes
Cuando uno practica durante cuatro décadas un deporte minoritario como el bádminton, no sólo lo juega. Lo fomenta, lo organiza y lo gestiona. A Ramón Quiroga le ha tocado hacerlo, especialmente, en el club ahora denominado Cíes Vigo pero que ha pasado por diferentes etapas. Una pequeña clase de historia: “Empezamos en el colegio y yo tomé las riendas con los papeles antiguos, con todo. Se llamaba igual que el colegio y allí jugábamos. En 1997, nos fuimos para la Pista Vermella, se crearon otros estatutos y se le puso de nombre Drake, como el pirata. Y ya en 2014 cambiamos de nuevo y le ponemos Cies”. Un peregrinaje en nombres que también se dio en escenarios: el mentado colegio, el Carmen, bajos de Balaídos, instituto de Coia…
Hoy, en el Cíes, Ramón Quiroga comparte reconocimiento con tres jóvenes internacionales: Jacobo y Gabriel Fernández y Nikol Carulla. “Siempre es bonito tener a esa gente. Están en la selección española, jugando por todo el mundo y entrenando en Madrid. Los vemos los días que vienen de vacaciones o por una lesión. Pero son referentes, claro. Uno los recuerda de niños cuando empezaron. Y ahora son internacionales”, relata Ramón.
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