Rafael Tarradas: “Los libros ofrecen una posibilidad única de meterte en la historia”

"El falsificador" traslada al lector a la Italia de Benito Mussolini antes de la Segunda Guerra Mundial

Rafael Tarradas: “Los libros ofrecen una posibilidad única de meterte en la historia” | Atlántico

El escritor barcelonés Rafael Tarradas presenta en Vigo “El falsificador”, una novela de ficción histórica ambientada en la Italia de Mussolini.

¿Cómo nace la idea de este libro?

Nace un poco con la idea de llevar al lector a Italia. Y a una época muy especial, porque está ambientado en el año 1938, cuando todavía no ha empezado la Segunda Guerra Mundial, pero ya está todo el mundo posicionándose mucho, y Hitler realiza una visita a Italia.

A grandes rasgos, ¿cuál es el argumento?

Pues en el marco de esta visita, Mussolini le quiere hacer un regalo a Hitler. Y entonces decide que, como a Hitler le encanta el arte, le va a regalar un cuadro. Y este cuadro se lo quita a una familia. La mayoría de la familia decide que lo asumen con resignación y deciden irse a Suiza, pero la hija de la familia dice que no, que ella quiere recuperarlo. Y entonces se le ocurre una idea, contratar a un falsificador para que le haga una copia del cuadro que le han quitado y cambiar el falso por el auténtico y que Hitler se lleve el falso. Entonces ahí empieza toda una trama a contrarreloj en torno a la visita y a averiguar dónde se va a entregar este cuadro y dónde se está guardando, para organizarlo todo.

El arte expoliado por el régimen nazi aún es un tema que resuena hoy en día. ¿Qué le inspiró a escribir esta historia?

Lo primero que averigüé al investigar la visita, que fue un poco el detonante, es que le buscaron un guía a Hitler. Un profesor de arte, una eminencia que habla perfecto alemán y que entonces va a ir en el coche con Hitler y con Mussolini a todos lados para ver todas las cosas que querían enseñarle. En Italia dan por hecho que es este guía es un fascista más. Y la realidad es que él tiene un diario en el que varias veces escribe “Mañana me subiré al coche con una bomba”. Esto ya es muy literario, pensar que podría haber cambiado el mundo una persona que todo el mundo daba por hecho que estaba en el lado de los dictadores y estaba en el lado contrario. Es un fallo de seguridad muy importante, pero yo lo cojo como detonante para toda una historia alrededor, en la que por un lado se quiere cambiar el cuadro, y por otro lado se quiere atentar contra Mussolini.

¿Cuánto de real y cuánto de ficción hay en el libro?

El guía es un personaje real y la visita es real. Realmente toda la escaleta de la visita está tal cual en el libro. Es verdad que la Iglesia, la monarquía y la mafia estaban oponiéndose cada vez con más fuerza al régimen. Hubo intentos de atentado contra Mussolini, pero no se sabe si este en concreto pasó o no. Pero toda la parte del expolio de arte es absolutamente real. Entonces es un marco muy documentado en el que está introducida una historia que es ficción.

Aprovecha también para hablar de amor y poder, ¿no?

Sí, porque al final es una historia de amor. O sea, el falsificador y la hija de la familia del cuadro tuvieron una relación que se rompió abruptamente al darse cuenta ella de que él era falsificador. Y entonces ahora lo retoman y habrá ahí una tensión durante todo el libro.

¿Por qué la ficción histórica?

Me parece que los libros te ofrecen una posibilidad muy única de plantarte en momentos de la historia muy determinados del pasado. Cuando un libro está bien documentado y te sientes identificado con los personajes, acabas en medio de la historia. A mí como lector me encanta y al final lo que he querido es transmitir lo que a mí me gusta tanto cuando leo a los lectores que tengo yo también. Es un viaje a un sitio espectacular, como son Florencia y Roma, pero es un viaje en el tiempo. Y si lo haces bien, realmente el lector acaba sintiéndose metido ahí y sufre con los personajes.

¿Se ha sentido tentado de reescribir la historia?

No, pero por ejemplo Quentin Tarantino, que lo ha hecho en varias películas, me encanta cuando lo hace. Hay que saberlo hacer muy bien porque el género pasaría de ser un libro de ficción histórica a una distopía o casi fantasía incluso. Una de mis películas favoritas es “Malditos Bastardos”, en la que lo que sabes que no pasó, pasa. Entonces es muy divertido, emocionante e inesperado. Pero en un libro funciona de otra manera. En un libro de ficción histórica hablamos de cosas que son ficción pero que son verosímiles en un entorno real.

¿Ya tiene pensado qué vendrá tras “El falsificador”?

Estoy escribiendo un libro que está en parte ambientado por aquí. Empieza en Ribadeo y se mueve por toda la cornisa cantábrica el protagonista. En principio saldrá el año que viene.

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