Paulo Pascual: “Tocar el theremín es como acariciar el sonido en el aire”
Entrevista
"A día de hoy los thereministas se cuentan con los dedos de una mano en todo el Estado", asegura el músico vigués
El vigués Paulo Pascual es músico, especializado en el theremín, un instrumento electrónico de principios del siglo XX que se toca moviendo las manos en el aire y del que apenas hay tres intérpretes profesionales en toda la Península. Pascual también dirigió este año el cortometraje “Faro”, que proyectará mañana en la Fundación Sales a las 21 horas tocando la banda sonora en directo con su theremín, que también interpretó en el set de Atlántico TV y que se puede escuchar en el vídeo de esta entrevista.
¿Cómo se toca un instrumento sin tocarlo?
El theremín es muy curioso por eso, porque es intangible, es decir, que el intérprete no tiene contacto físico con ninguna parte del aparato. Entonces eso marca una diferencia que lo hace muy distinto a todas las técnicas de los demás instrumentos. Realmente, lo que hacemos con el theremín es tocar y acariciar el sonido en el aire, más que estar tocando una tecla, una cuerda o algo así.
¿Cómo se interesó por este instrumento?
Lo conocí a través de una banda sonora, porque el theremín también fue protagonista durante mucho tiempo de bandas sonoras de ciencia ficción y cosas así, de películas antiguas que a mí me gustan mucho. Yo, en concreto, fue por medio de “Ed Wood”, de Tim Burton, donde escuché el sonido. Decidí investigar y a raíz de mi interés por las bandas sonoras descubrí muchas cosas del aparato y fue cuando empecé a conocer un poco qué era un instrumento de esas características intangibles.
¿Cómo fueron los primeros pasos para aprender a tocarlo?
Es un instrumento difícil de aprender. Ahora con las redes eso ha mejorado bastante. Un amigo que vivía en Londres me consiguió uno pequeñito, con una sola antena. Y claro, era bastante difícil sacarle sonido, porque el theremín es un instrumento que requiere muchas cosas para poder afinarlo. Entonces, realmente, con un modelo de muy baja calidad es más difícil. Poco a poco me fui metiendo e investigando. Fui viendo más modelos y también cosas de una thereminista que se llama Carolina Eyck, que hacía una especie de tutoriales allá por los años noventa y dos mil. Compré uno, luego otro y así hasta ahora, que tengo una pequeña colección.
¿Cuánta gente toca el theremín?
Es complejo saberlo, porque puede haber alguien que no te enteres que tiene un theremín escondido en su casa. Pero a día de hoy se cuentan con los dedos de una mano en todo el Estado. Hay poquísima gente. Y también hay poca en Europa en comparación con otros instrumentos. Pero, curiosamente, conocí bastantes en la zona de Latinoamérica.
¿Qué le llevó a dirigir su propio proyecto audiovisual?
A mí me gusta mucho la combinación de cine con música en vivo porque también se hacía en los inicios del cine. Me parece algo muy orgánico y que le da un valor especial, porque son proyecciones irrepetibles. Yo hice una banda sonora hace unos años para un documental. Entonces pensé que me gustaría hacer ahora algo propio. Desarrollar toda la idea pensando desde el principio en que fuese algo con música en vivo. Esta pieza dura 31 minutos. Pienso que quedó bastante curiosa, porque si la ves sin música es una percepción totalmente diferente de la película, y si la ves con música resulta muchísimo más dinámica.
Las proyecciones son con la banda sonora interpretada en directo.
Sí, efectivamente. La gente va a ver cómo interactuamos con las imágenes, con una sincronización muy natural, mirando también a la pantalla. Somos dos músicos. La combinación es theremín y contrabajo. Pero el contrabajista también lleva unos minisintetizadores y después un teclado, para darle un poco más de color a todo.
¿Dirigir audiovisual fue diferente a un proyecto musical?
Muy diferente. Fue un reto muy importante. Lo hicimos, básicamente, entre ocho personas y fue una autoproducción al cien por cien.
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