Patricia Díez: “Arbitrar un partido de silla requiere más concentración”
Árbitra viguesa internacional de baloncesto en silla
Patricia Díez Cabaleiro (Vigo, 7 de marzo de 1984) acudió el Europeo de baloncesto en silla el pasado mes de octubre en Sarajevo. La olívica es árbitro internacional desde 2019 y su ilusión es llegar a unos Juegos Paralímpicos. Está en camino. “Iba a los partidos del Amfiv y me gustó mucho”, explica.
¿Cómo empezó a arbitrar?
Cómo empecé a arbitrar es algo que siempre comento porque jugaba al baloncesto, pese a ser bajita. También fui entrenadora y, poco a poco, buscas alternativas. Una amiga me comentó de arbitrar a niños en un colegio porque no tenían árbitros y comencé ahí. Fui con mi padre y le dije: “Si ves que lo hago muy mal, me lo dices porque no vuelvo”. Fue bien y, desde ahí, poco a poco, avancé posiciones.
¿De qué forma entró en el baloncesto en silla?
Tenía una persona en Vigo que arbitraba en silla de ruedas y el Amfiv, que esta temporada ya no compite, organizaba torneos importantes aquí, a nivel europeo. Cuando comenzaba a arbitrar, fui a ver algunos partidos de esa competición y me di cuenta de que el nivel era muy alto. Sentí que me gustaría poder arbitrarlos. En uno de los encuentros que vi, estaba una árbitra y me di cuenta de que quería ser como ella. Además, era bajita como yo, y la gente decía que era el mejor árbitro que había. Ahí di el paso para empezar.
¿Qué se encontró?
Sigo arbitrando baloncesto convencional en Galicia, en Autonómica. Percibo que la forma física y la concentración es muy diferente. Para pitar a pie necesito una forma física, que también en el de silla, pero en este segundo requiere todavía más concentración. Es una hora y media en la que tienes que estar más atenta porque los contactos no son tan evidentes. En convencional, un palo lo ves, pero en silla, si alguien empuja con el reposapies cuando una persona lanza, aunque sea un mínimo, genera un ventaja. Tienes que mirar hacia abajo, es la principal diferencia. En las reglas, son tres impulsos, no son pasos. Que no es tan evidente como el derecha, izquierda. Adaptarse a que la silla es lo más importante no es tan sencillo. Al principio, si no estás acostumbrado, te duele la cabeza. Yo terminaba así porque huele a quemado de las ruedas debido a las ruedas y los golpes. Incluso, al terminar los partidos, hablaba con jugadores tan experimentados como Berni Costas y preguntaba el por qué una situación era falta y otra no cuando había un choque. Y me explicaban que había que ver quién llegaba primero, quién golpeaba por atrás…
¿Qué recuerda del primer partido que arbitró en silla?
Mi primer partido fue de casualidad. Llevaba años diciendo que me apetecía probar, pero no era sencillo. Dependía del comité técnico arbitral de la Federación Española para comenzar. Y no podía entrar desde la nada sin tener ni idea. Tras los Juegos de Londres, hubo un partido en Galicia y los árbitros específicos que había no podían ir porque estaban en el clínic de pretemporada. Me lo pasé genial y los jugadores, como pensaban que esta no tenía ni idea, no protestaban mucho. Fue el primer partido, pero el siguiente no llegó hasta tres o cuatro años después. Era un momento complicado porque no había cursos de iniciación. Ahora sí que los hay. Por ejemplo, el año pasado hubo uno. Después, hay más opciones de entrar si vives en una ciudad en la que hay equipos a si lo haces en una que no los hay. Ahora, solo está el Ferrol en primera y somos cinco personas en Galicia, de forma que se hace más complicado.
Entre los árbitros, ¿el baloncesto en silla llama la atención?
Ahora me pregunta mucho más la gente. Al venir del Europeo, sí que me habló mucha gente y es porque se visibiliza más. Ahora, la Federación Galega siempre pone cuando voy a un torneo y se conoce algo más. Pero hace años, el baloncesto en silla era la segunda o la tercera opción. Es decir, me anoto si no entro en la Liga EBA o si no entro en la FEB, o si me descienden. Se veía eso más importante que el baloncesto en silla, pero ahora no. Tenemos a gente que hace la categoría paralímpica a la vez también hace las otras. La liga es profesional, la mejor del mundo, y la gente se interesa.
¿Cómo evolucionó?
Comencé por unos torneos de niños, que son en los te evalúan para ver si tienes destrezas para seguir arbitrando o no. Si las tienes, después entras a arbitrar la liga. Ahí, ya empecé en Vigo en Primera División, con el equipo de Vigo (filial) y el Ferrol. Después, me vieron una evolución y ya pasé a la División de Honor. Si con el tiempo, te detectan proyección por la edad y tu perfil como árbitro, te proponen para ser internacional. En mi caso, se me propuso en el año 2019. Ahí se me examinó y pasé el corte. Obtuve la licencia zonal, que permite arbitrar en Europa. Si pasa un par de años y te ven bien, te proponen para la licencia mundial. Esta me llegó en 2023.
Ahora, viene del Europeo, pero con su licencia mundial supongo que espera viajar más.
Sí, sí, claro. Hay una cosa que tengo clara. Los jugadores entrenan para anotar y ganar. Los entrenadores entrenan para ganar y yo entreno para poder hacerlo lo mejor posible en los partidos. El objetivo es ir a Getafe, que es mi siguiente partido, y hacerlo lo mejor posible. Al siguiente, igual. Así, poder ir paso a paso, para optar o lo máximo, a que lo que me puedan dar sea del mejor nivel posible. Unos Juegos Paralímpicos lo serían, pero hay que dar muchos pasos para llegar hasta ahí. En Sarajevo éramos 19 personas para pitar y, como mínimo, hacías un partido a la jornada. Había cinco que doblaban. Yo me preparé físicamente fuerte para poder aguantarlo y dejando atrás la vida social. Creo que si estás en forma, llegas mejor a los sitios para verlo todo. Después, fue la primera vez que se usó el video replay y había que saber usarlo. Hubo reuniones… Tenía que llevar todo preparado.
¿Cómo es el funcionamiento interno?
Normalmente, llegamos a un torneo un lunes y al día siguiente hay una reunión que dura toda la jornada. Es el clínic con charlas, con acciones antideportivas, acción de tiro… Es para tener un mismo criterio todos. La noche anterior sabes el partido que tienes y hablas con tus compañeros para quedar a una hora concreta o, si te coincide la hora, ya comes con tus compañeros para hacer un prepartido. Aunque sea el día 9 de la competición, algo comentamos. Además, el evento era importante porque se jugaban plazas para el Mundial de 2025. No es como el balonmano, que tienes una pareja invariable. Aquí vas cambiando. Pité con un alemán dos días seguidos, con una polaca, un francés… Además, también va cambiando el papel. Un día puedes hacer de árbitro principal, otro de segundo y otro de tercero.
¿Quién protesta más?
En la autonómica de Galicia, sin duda. Siempre recordaré el preolímpico, en el que se jugaban las plazas para París. El torneo fue fantástico, con las protestas normales de un partido, pero nada más. Al volver, tuve un encuentro infantil y la grada se convirtió en un locura. Unas cosas… Yo pensaba: “No me lo puedo creer”. Aquí todo el mundo piensa que sabe. Se protesta mucho más en la base. Y, en lo referente a los jugadores, no me gusta nada lo que veo en infantiles, cadetes… Hay muchas simulaciones, se tiran mucho. Y, después, también protestan más en estas edades que los internacionales.
¿Se ve muchos años en activo?
Todavía no pensé en retirarme. Lo que sí tengo claro es que si no me encuentro bien física y mentalmente, no seguiría. Me veo unos cuantos años más, pero tengo que estar físicamente bien para poder viajar, entrenar y estar a la altura del partido. No soy profesional y tengo que buscar un trabajo que me permita compaginarlo. Y, cuando hay torneos fuera, hay que encajar todo para poder ir. Por suerte, lo puedo hacer. Pero seguiré hasta que vea que pueda seguir aportando.
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