Nerea Vila: “Para empezar, le dije a mis padres que iba a bádminton”

Árbitro viguesa de lucha

Nerea Vila: “Para empezar, le dije a mis padres que iba a bádminton” | Atlántico

Nerea Vila (Vigo, 1993) es árbitra nacional de lucha e internacional de lucha playa. Encontró en el silbato su lugar en este deporte tras tener que dejarlo abruptamente por problemas de lesiones cuando era la vigente campeona de España juvenil. Pasó dos años “bastante alejada de los tapices”, pero “encontré otra forma de disfrutar del deporte”.

¿Cómo entró en la lucha?

Estudiaba en el insituto que hay al lado del club San Ignacio y tenía amigos que practicaban lucha. Así que, como a mis padres no les gustaba mucho que fuera a lucha, les comentaba que iba a jugar a bádminton. Hasta que llegó el día de empezar a competir y tuve que contárselo… Me di cuenta de que igual fui un poco exagerada porque mi madre se preocupó un poco por si me hacía daño, pero después se engancharon más ellos que yo. A partir de ahí, venían a todos los torneos, se cruzaban España para verme competir.

¿Sabía algo de la lucha?

No sabía ni que existía un deporte como la lucha. Yo había practicado más deportes, como bádminton, que sí iba de vez en cuando, y natación. Lo que pasa es que al entrar en lucha, encontré mi sitio. Fue como si este deporte me eligiera a mí. Comencé en el San Ignacio y, tiempo después, me pasé al Centro de Tecnificación de Pontevedra, desde tercero de la ESO a Segundo de Bachillerato. Ahí entrenaba todos los días y, finalmente, tuve que dejar la competición por motivos de salud. Quise comenzar en la parcela de entrenadora, pero no me terminó de convencer, no me encantó. Y mi vecino, que es presidente de colegio gallego de árbitros, me convenció para ir a arbitrar. Poco a poco, fui metiéndome en algunas competiciones hasta que, hace unos cinco años, comenzó mi mejor amiga a arbitrar y ahí fue cuando nos pidieron que había que ascender y presentarnos a los exámenes. No nos dio opción, nos dijo que en dos semanas nos teníamos que presentar al ascenso. A partir de ahí, fue todo rodado.

¿Su último combate fue ganar el título de España?

Sí, sí. Tenía 18 años, un montón de ideas en la cabeza y, con esa edad, lo que estás haciendo es tu mundo. En ese momento, piensas: quiero entrenar, competir y ganar. Fueron unos años complicados. Estuve casi dos sin acercarme al tapiz. Poco a poco y, gracias al arbitraje, me fui dando cuenta de que había más cosas que ser luchadora. Asimilé que podía seguir unida al deporte que me gusta.

Al ganar el Campeonato de España, ¿ya sabía que tenía que parar?

No, no, fue una casualidad. Estaba preparando una concentración en la que la selección española iba a escoger una representante para los torneos internacionales y, en el último entrenamiento, tuve una mala caída. Me hice daño y, a partir de ahí, se acabó. Pensé que era algo temporal, pero me encontraron ciertas complicaciones que eran incompatibles con seguir practicando la lucha. Al principio, seguí entrenando y, poco a poco, fui parando y llegó un punto que ya no sabía lo que tenía que hacer. Estuve un tiempo sin entrenar y me alejé mucho hasta volver al arbitraje.

¿De las dos amigas, quién lió a la otra?

Creo que fui yo la culpable. Somos amigas desde el colegio. Ella siguió compitiendo y ya hace unos años le dije: “Ya tienes una edad, vente conmigo. Ya te lo pasaste bien, podemos volver a hacer cosas juntas otra vez". Así comenzó a hacer algún Campeonato de Galicia y fue el momento en el que yo también me animé a subir ese nivel que me pedían.

¿Qué descubrió como árbitra?

Me encontré con un grupo muy unido, en el que somos familia a nivel de Galicia. En el plano español, también descubrí un colectivo muy bueno. Las competiciones se pueden disfrutar muchísimo estando en el centro del tapiz con un silbato.

… Y, al principio, se colocaba como luchadora.

Sí, sí. A día de hoy, veo vídeos de mis primeros combates… Y digo: hay tres luchadores en el tapiz. Poco a poco, lo fui madurando. Cuando vas a una competición, te encuentras con muchos árbitros que son mucho mejores que yo y siempre hay alguien que te corrige, te dice cómo levantar la mano o el lugar para situarte mejor. Al final, de unos y otros, vas aprendiendo. Actualmente, en luchas olímpicas estoy como primera categoría de España. En sambo, también tengo ese nivel y en lucha playa ya soy árbitro internacional. Me gustaría seguir creciendo en lucha olímpica, pero es algo para lo que no tengo prisa.

¿Qué tiene que hacer para progresar?

En España, hay hasta cuatro niveles y yo estoy en el más alto, que permite arbitrar campeonatos de España absolutos. En el plano internacional es igual. La Federación Española tiene que convocarte para una competición y tú ahí debes pasar los exámenes. Uno es el teórico y otro, el práctico en el tapiz. Con la tercera arbitras hasta sub-17; con la segunda, hasta sub-20; y, con la primera, puede hacer todo. Luego, por encima, está la categoría Primera S, que son los árbitros que se juegan ir a unos Juegos Olímpicos.

¿Cómo compagina todo esto con su vida?

Evidentemente, hay que trabajar. Las competiciones suelen ser en fines de semana y yo tengo suerte porque trabajo de lunes a viernes y me permite comaginarlo. Las formaciones son muchas online y, si hay alguna presencial, las intentamos traer a Galicia para no pedir los días. Si hay internacionales, ahí sí que tienes que pedir los días en el trabajo y jugar con las vacaciones. Adaptamos el tiempo libre a lo que es nuestra pasión. Cuando alto te gusta, no lo ves como gastar días, lo ves como una inversión.

¿Qué es la lucha olímpica?

La lucha es un deporte de contacto, pero sin golpeos, estrangulaciones ni luxaciones. Simplemente, es agarrar a tu adversario, derribarlo y hacer técnicas en suelo y de pie. En los combates, hay dos períodos, dependiendo de la categoría. En sub-20 y adultos, son tiempos de tres minutos a tiempo parado. Cada vez que el árbitro para el combate, se para el tiempo.

¿Cuál es la diferencia entre la lucha libre y la grecorromana?

En la lucha libre está permitido utilizar todo el cuerpo, incluidas las piernas. En la grecorromana, sólo se puede usar de cintura para arriba. Las piernas son de apoyo.

¿Para qué son las tarjetas?

No son para los deportistas, en la lucha son para los entrenadores. Si no se comportan en sus respectivas esquinas, una es para el aviso (amarilla) y la otra es para una expulsión. También protestan mucho, sí. Si se descalifica, se tiene que ir para la grada. Por suerte, la mayoría de situaciones se resuelven fácil. Nosotros entendemos la realidad del entrenador y, en la mayor parte de ocasiones, con decirle que se sienten, ya llega. Pero sí que vi alguna competición en la que hubo que sacar tarjetas. En mi caso, no se dio. Pero sí. Además, si no se sacan, se puede llegar a darse la situación de no respetar al árbitro.

¿Los luchadores cómo se comportan?

Hay de todo un poco. Los hay que lo aceptan todo y, simplemente, se dedican a lo suyo. Los hay que, aunque no se pueda, le hablan al árbitro. Está prohibido, pero lo hacen. Y los hay que protestan, pero también para eso tenemos medios. Hay avisos y amonestaciones y con un número determinado de amonestaciones, te vas del combate.

¿Se ve en unos Juegos Olímpicos como árbitro?

Como ilusión, estaría genial. Siendo una persona realista, es algo improbable. No imposible, pero sí poco probable. En España hay muchos árbitros que todavía son jóvenes y que están por encima.

Tras muchos años en él, ¿cómo es el San Ignacio?

Tengo que decir que, actualmente, estoy en el Kuzushi, pero es cierto que el San Ignacio es el club que me vio nacer y en el que estuve federada 20 años. Es una entidad que, en Galicia, tiene muchísima tradición y un montón de luchadores. Tiene a mucha gente y muy de barrio. La mayoría de sus componentes son vecinos de por allí, aunque es cierto que, con el tiempo, vinieron deportistas de otros lugares.

Contenido patrocinado

stats