Meli López: “Se ve más cine que nunca, pero se ha perdido la vida social de ir a la sala”
"Tenemos que pagar por cada sesión que realizamos y cada día nos cuesta entre 200 y 300 euros", cuenta la directora del Cineclub Lumière
Meli López es la cara visible del actual Cineclub Lumière, actividad que cumple 33 años en Vigo e imperdible para los amantes del cine cada lunes en el auditorio municipal. Cuenta con 300 socios actualmente y, cada mes, proyectan un film sorpresa.
33 años ya con apoyo al cine. ¿Qué sorpresas esperan al Cineclub Lumière?
Se me ocurrió hacer un cartel sorpresa. Notaba mucho que la gente nos pedía la programación y luego no venía a la sala. Entonces, así la gente tiene que venir para saber lo que se proyecta. Y está teniendo bastante éxito. Este aniversario, además, hemos reducido los precios. La entrada cuesta 4 euros y se puede salir en los primeros 15 minutos. Empezamos con una española y acabamos el lunes con una francesa. La gente está contenta, son todas películas actuales.
¿Cómo empezó esta iniciativa a principios de los años noventa?
En 1993, diferentes personas de diversas profesiones notaron que había un espacio para el cine de autor independiente. Se pusieron a funcionar en la antigua caja de ahorros de Vigo, que les dejó un espacio para proyectar. En aquel momento teníamos mucho público, porque la oferta independiente era nula. Luego, empezamos a tener imitadores con ciclos de cine cultural.
A medida que avanzó el tiempo, ¿cómo notó el Cineclub Lumière el auge de las plataformas?
Muchísimo. Se ve más cine que nunca, pero se ha perdido la vida social de ir a la sala. Ha cambiado la forma de verlo. La gente se queda en sus casas, alquilan la película y muchos cuentan con un buen equipo de sonido. La gente ‘gourmet’ seguirá valorando lo que es acudir a una gran pantalla.
¿Hubo momentos de crisis por esta situación en el Cineclub Lumière?
Sí. Tuvimos varios años malos, porque dependemos muchísimo del convenio que tenemos con la concejalía de Cultura. Hubo momentos donde el trámite para recibir la ayuda no era la ideal. Navegamos con dificultad, porque 10.000 euros anuales que recibimos es muy poco. A alguna gente le puede parecer caro que cobremos 6 euros de entrada. Pero tenemos una diferencia con los cines convencionales. Una sala no paga un alquiler de la película, paga en función de la gente que entre. Un porcentaje de asistencia. Nosotros tenemos que pagar por cada sesión que queramos hacer. Y cada día cuesta entre 200 o 300 euros. Tiene que venir mucha gente solo para cubrir gastos.
¿Cuáles son las películas que más gustan al público?
Creo que a la gente lo que menos le gusta son los dramas. Les parece duro. Son cuestiones más tristes y difíciles, pero también tienen mucho tirón a la hora de escribir un guion. Nosotros no proyectamos un cine de palomitas, a mí me gustaría poner películas que fuesen más divertidas. Entonces, trato de que se aborden cosas de una forma más alegre.
¿El cine antiguo o el contemporáneo?
La gente prefiere el cine actual. El que pasa por los festivales. Se premia mucho que seas capaz de traer ese cine, que tenga buena crítica, pero muchas veces ya van directamente a las plataformas. Nos gustaría tener un poco más de margen para trabajar, se hace muy difícil.
¿Algún país en concreto que guste mucho su producción audiovisual?
Ahora se valora más al autor y lo que cuenta. Hay paises que, por el contraste, son atractivos. Por ejemplo, nuestro público valora mucho el cine iraní y el finlandés. Pero sobre todo se fijan en la manera de contar la historia y en el contraste que tiene para tu propia vivencia y con tu propia cultura. El cine iraní era fascinante, hacían drama como si fuese un cuento de una historia terrible.
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