Martín Torres: “Lo que vemos en urgencias supera la realidad, es la condición humana en todas sus facetas”

El médico del Hospital de Donostia debuta con ‘La enfermera’, un thriller hospitalario que incorpora casos reales y convierte San Sebastián y su hospital en dos escenarios fundamentales de la trama

Martín Torres: “Lo que vemos en urgencias supera la realidad, es la condición humana en todas sus facetas” | Atlántico

“La enfermera” de Martín Torres es un thriller ambientado en el servicio de Urgencias de Donostia. Su autor, médico en ese hospital, visitó el set de Atlántico TV para hablar de la que es su primera novela, en la que incluye casos reales.

Para ser una primera novela, “La enfermera” es compleja.

Compleja en sus subtramas, pero sencilla de leer. Eso es lo que quería, que el lector vea el misterio de una forma fragmentada, que no sepa lo que está pasando, que le mantenga entregado, casi hasta enfadado de ver por dónde va a salir la historia, pero que la lectura sea ágil y sencilla. De ahí esos capítulos cortitos.

¿Por qué la ambienta en su lugar de trabajo?

Aquí lo importante es el misterio, la intriga y la acción, pero ¿de qué voy a escribir yo? No sé cómo se funciona en la redacción de un periódico o en una comisaría de policía. Aunque el thriller es lo fundamental, no podía ambientarla en otro sitio y lo convertí en un thriller hospitalario. Los personajes son Sophie, la protagonista, la enfermera, y Víctor Viso, un médico militar, y la acción transcurre principalmente, no solo, en el hospital. Es lo que conozco, porque sé cuál es la baldosa que está rota, a qué huele nuestro café o nuestro pasillo, cuáles son los chistes que hacemos en nuestro office. Eso le da mucho realismo y profundidad a la historia.

Según cuenta, los casos clínicos son reales. ¿La vida supera la ficción?

Sí, y no es una frase hecha. Cualquiera profesional que trabaje en un hospital sabe que lo que vemos en Urgencias supera a la realidad. Es la condición humana en todas sus facetas, de lo mejor a lo peor, vivimos probablemente lo que son los 15 minutos más intensos de una vida en la mayor parte de los casos, y vemos historias que son muy impactantes. Mis compañeros no sabían que estaba escribiendo, ahora que lo saben, vienen y me dicen: “Oye, está ocurriendo tal cosa en tal box o esto, si lo cuentas no te van a creer”. Vemos historias muy chocantes.

Llama la atención que personajes con sus propios demonios asuman un trabajo con tanta tensión y exigencia.

Es que ayuda entrar por la puerta y ponerse el traje, el pijama médico, y dejar un poquito atrás los problemas de tu casa, o se debería, para centrarse en el trabajo. A veces ocurre. En el contexto de mi profesión, veo heridas muy impactantes y solo pienso en cómo solucionar ese problema. Luego, en casa, emiten por la tele a un futbolista que se rompe la pierna y giro un poquito la vista. Es chocante. De igual manera tampoco es sano que llevarse las cargas del trabajo a casa, también ocurre, se paga ese peaje. Los protagonistas, los dos, están muy marcados por un pasado traumático, y eso es muy importante para la psicología de los personajes y para la profundidad de la trama. Debido a ese pasado, ellos se ven motivados a buscar las respuestas y a jugarse el tipo por resolver el misterio que se plantea al principio de la novela.

¿Como médico de urgencias ya está curado de espanto?

Sí, vivimos un poquito ese sesgo negativo. Le vemos siempre el lado malo a todo, por eso es muy importante rodearte de cosas bonitas, de hobbies y de personas que nos hagan ver el lado bueno de la vida al salir del trabajo. Afortunadamente, la mayor parte de los casos que vemos en un hospital y en un servicio de Urgencias son de carácter leve, pero sí que vemos historias, pacientes que marcan mucho. Una persona sale a la playa y dice, “¡Qué bonita!”. Yo voy por esa misma playa y te digo, “mira, aquí ayer se ahogó uno, aquí se rompió la pierna otro”. Es un sesgo negativo, aunque no queramos, lo llevamos en el subconsciente.

¿Qué es lo más extraño que recoge en esta novela?

Vemos muchas cosas extrañas. El problema de las anécdotas es que los lectores tienen que saber que vamos a descontextualizar la anécdota, que lo impactante, chocante o gracioso de lo que vayamos a contar está dejando un poquito de lado el contexto dramático que rodea a un paciente. A Urgencias no viene una anécdota, viene un paciente, pero sí vemos de todo. Por ejemplo, una de las que se mencionan en la novela es la del día en el que nos trajeron dentro de una bolsa de basura, de esas moradas y perfumadas. Al abrirla había un pene autoamputado por el paciente. La historia puede resultar muy llamativa o muy graciosa, pero claro, el caso es dramático. También otras con las que nos podríamos reír, muchas y no sé si suceden a diario, pero sí a la semana.

¿En qué momento decidió ponerse a escribir?

Lo importante es que al principio hay un misterio que ya intuimos, porque esto es una novela negra. Se va a tratar de un crimen, los personajes se ven motivados a resolverlo y entran en un montón de problemas de los que tienen que salir. Se juegan el tipo por eso. Pero como todo eso ocurre mientras están trabajando en el contexto del hospital, voy mostrando también la psicología de los personajes y su día a día con casos que van atendiendo, con conversaciones que van teniendo con pacientes. Los escritores, somos como cazadores, cogemos unos trocitos de verdad de lo que vemos como el caso de un asma que aparece ahí reflejado, o por ejemplo, en la página 2 se describe una mancha de sangre por debajo de una puerta. Eso ocurrió tal y como se describe ahí. Los personajes son ficción y la trama criminal también, pero no del todo. Una vez vimos en Urgencias unos personajes que estaban relacionados con este tráfico de personas que se menciona en la novela, y la chica del prólogo la atendimos tal y como aparece ahí, tenía otro nombre, otro tatuaje y otra historia. Su caso sirvió un poquito de chispa, de catalizar para decir, esto tengo que escribirlo.

¿Es importante la localización en Donostia?

No soy donostiarra, ni guipuzcoano, soy de La Rioja. Viví muchos años en Zaragoza, pero por cuestiones del trabajo y de amor, acabé en San Sebastián. Es una ciudad preciosa, y para escribir la novela necesitaba un hospital grande, de tercer nivel. Podría haberlo ubicado en Madrid o en Zaragoza, que lo conozco muy bien. Planteé varios escenarios, pero qué mejor que San Sebastián, donde también tenemos un hospital de referencia, donde trabajo, y además la ciudad no sólo forma parte de la ambientación, igual que el hospital, sino que se convierte casi en un personaje más. Toda esta trama transcurre precisamente en septiembre, en la semana que viene, dentro del contexto del Festival Internacional de Cine. Creo que es el escenario ideal para jugar a los contrastes, el glamour del festival, con lo sórdido que puede ser una trama de personajes tan siniestros como los que se muestran aquí, lo bonito que es la ciudad y la descripción oscura del crimen. Esa dualidad, ese juego de contrastes, era muy importante para la novela.

Ha nacido un escritor, ¿habrá segunda parte?

Habrá más aventuras de estos personajes. Esta novela es autoconclusiva, los misterios se cierran, pero se abre una puerta y ahí lo dejo.

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