Laura Morais: “Un martes fui a probar si volvía y el sábado ya estaba jugando”

“No vamos con la presión de ascender pero a ver si organizamos la fase y lo logramos”, dice la jugadora del Cañiza, ex de Guardés, Morvedre y Valencia

Laura Morais: “Un martes fui a probar si volvía y el sábado ya estaba jugando” | Atlántico

Laura Morais (Camposancos, 14 de enero de 1996) habla como vive. “De repente”, lo define ella misma. Nutricionista profesional, conversa sin rabia del pasado profesional -Guardés, Morvedre y Valencia-, con entusiasmo de su presente en el Cañiza y con sensatez del futuro.

¿Cómo surgió regresar al balonmano esta temporada?

No entraba nada en mis planes. Dejé mi etapa como profesional del balonmano por acabar la carrera porque llevaba muchos años dedicándole más tiempo al deporte que a los estudios. Así que acabé la carrera y ahora estoy empezando mi etapa profesional como nutricionista. Pero me llamaron ahí del Cañiza, el último club en el que había estado y tengo amigas allí. Y bueno, como estaban ahí luchando por jugar una fase, que yo nunca la había jugado, dije: venga, es el momento. Estuve en el gimnasio un par de meses aunque no estaba desligada completamente el deporte, ya que hago pádel y corro de vez en cuando. Y ahora estamos ahí, a ver si luchamos por el título de liga y la fase ya la tenemos asegurada. Así que muy contenta.

¿Cuánto tiempo llevaba sin jugar y cómo fue volver?

Dos años y medio, casi tres. Cuando volví, fue para probar. Yo iba convencida de que no iba a estar bien, en forma. Pero la verdad es que el cuerpo me respondió bien y me sentí súper cómoda también con el grupo. Esto fue un martes, que fui a probar, y ese sábado ya estaba jugando.

El club ya te tenía ahí el papel preparado, ¿no?

Sí, sí, de hecho, me llegó la afiliación a la federación como a las 12 y media de la noche… Y nada, poquito a poco, cogiendo minutos. Muy contenta.

Y tiene pinta de que este año podrán pelear por subir.

Sí, va a estar complicado, porque al final en una fase cualquier cosa puede pasar. Son tres partidos en tres días. Pero bueno, ilusionadas, aunque tampoco vamos con la aspiración de luchar por el ascenso, más allá de que, evidentemente, todo lo que jugamos es para intentar ganar. Ellas ya jugaron una fase en casa y se la llevaron. Vamos a ver si también la podemos organizar en casa y poder llevárnosla.

¿Con qué ilusión regresa al balonmano?

Cuando lo dejé, desconecté totalmente. Dejé de ver balonmano, de entrenar a niños… Fue muy raro. El año pasado ya empecé a entrenar en la base y eso motiva un poco. Pero nunca me había planteado volver. Era una etapa que ya pasó, ya la viví y ya disfruté todo. Ahora, regreso desde un punto de vista más de ayudar a mis compañeras y no tanto de estar pendiente de ser protagonista o de tener más minutos. Simplemente, ayudar más. Asumiendo otro rol.

¿Y por qué decidió dejarlo en su momento ya en Cañiza?

Era un año que tenía muchos minutos y teníamos desplazamientos largos como a Cantabria, que igual eran ocho horas de furgoneta. Los domingos estaba muerta, no daba. Vivía en A Cañiza y soy de A Guarda, con lo que tampoco estaba con mi familia mucho. También tenía pendiente acabar la carrera. Entonces me lo propuse, lo conseguí, y súper contenta. No le di muchas más vueltas. Estaba haciendo la carrera de Bioquímica, que me llevaba un montón de tiempo, y decidí cambiarme a Nutrición, un poco a la aventura también. Era como algo que estaba dentro de mí y me dije: mira, la acabo, dejo de lado el balonmano, que es lo que más tiempo me quita.

Debutó con el Guardés, se fue cuatro años a Morvedre y Valencia y regresó a jugar a casa. ¿Qué recuerda de esa segunda etapa?

Estaba en Valencia, habíamos descendido y me llamó José Ignacio Prades para volver. Súper ilusionada. Justo antes de volver, estaba un poco tocada del hombro. Lo comenté con él y me dijo que lo mejor era que me operase y a ver si estaba para noviembre. Así que me opero, llego a casa emocionada y empiezo a entrenar con el equipo. A los dos meses y medio, el cirujano me dice que el hombro está bien, pero la recuperación son cuatro meses y no me da el alta, pero que puedo empezar a entrenar con el grupo. Empiezo y, pues, desastre: se me va la rodilla en los últimos 10 minutos de un entrenamiento. Y vino la pandemia, con 15 meses sin jugar… Pero bueno, la verdad es ahora estoy que genial, sin molestias de las dos operaciones.

¿Llegó a jugar?

Sí, en la segunda temporada. Lo que pasa es que el rendimiento no era el mismo, porque después de 15 meses sin jugar estás más insegura. Y también todo lo que exige el Guardés, la presión social que hay al ser de casa… Fue un poco complicado, pero la verdad es que lo disfruté.

Le tocó la recuperación de una lesión grave en plena pandemia.

Sí, fue muy complicado. Cuando nos cerraron, a mí me tocaba empezar a correr y a recibir más estímulos de impacto. Tenía un sitio, un jardín súper grande, pero no era una superficie muy estable. Fue todo como un poquito más lento. En cuanto abrieron, pude ir a que me viese el cirujano a Madrid y no había nadie por la carretera, nivel cero… Una locura. Tuve ese momento de un poco de parón porque no había musculado lo que se necesitaba. Así que esa temporada fue un poco para aprender también, sobre todo para coger sensaciones. Después me fui a Cañiza y fue la etapa en la que más disfruté.

Incluso viviendo allí.

Sí, me lo propusieron. Yo vivía en casa con mis padres y ya había vivido fuera, en Valencia. Me apetecía vivir la experiencia porquue en A Cañiza se vive un ambiente muy chulo, la gente se involucra bastante… La verdad es que en los tres equipos más cercanos -Guardés, Novás y Cañiza-, se vive el balonmano intensamente. Muy guay. También empecé el primer año como segunda entrenadora de algún equipo de base y estuve en el comedor del colegio también. Ser entrenadora es ver el balonmano de otra manera y eso enriquece a la jugadora Laura. Porque deconstruyes el balonmano en cositas más pequeñitas.

¿Cómo se plantea el futuro?

Mi idea es disfrutar ahora estos dos meses y medio, la fase a tope y no creo que haya un año más, la verdad. Porque los viajes son algo que requiere mucho tiempo y llega el cansancio. Por ejemplo, el otro día fuimos a Canarias, tuvimos que hacer noche en Madrid de escala porque los vuelos estaban carísimos y llegué el lunes a mi casa. Tenía que ponerme a trabajar y era como: yo no estoy para esto ya. Si siguiese jugando, sería como en un nivel más bajo, quizás a nivel gallego. Pero creo que no.

¿Y a nivel profesional?

Como nutricionista, estoy trabajando con las chicas del programa ‘Entrena Fuego’. Es entrenamiento para bailarines y yo, de joven, también estuve coordinando el balonmano con el baile. También trabajo con algunas clínicas, una en Madrid, y ahora abre otra en O Rosal. Estoy como autónoma y cada mes es un mundo. Pero poquito a poco, construyendo cositas y contenta, la verdad. En octubre empezaré un máster en nutrición deportiva, porque creo que la visión de una exdeportista es un poco diferente y lo puedo abordar bien, pero por ahora nutrición general. Hay muchos prejuicios y muchas búsquedas de estética. A todo el mundo le gusta verse bien, pero no todos los patrones ni todas las personas son iguales. Desde la educación, intentamos dar una visión diferente a la nutrición: nada es bueno o malo, simplemente debe haber un consumo proporcional.

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