Javier Meizoso: "En comunicación por redes queda mucho, parece que solo se aprende a golpes"
Javier Meizoso es CEO de Legalpin
Legalpin es una empresa tecnológica que aporta soluciones a la comunicación en red. Sobre todo, a la mensajería certificada y a su seguridad.
¿A qué se dedica Legalpin?
Verificamos la identidad de las personas en internet y, a raíz de ahí, protegemos sus comunicaciones para que puedan ser cifradas. Tenemos lo que es llamado un buromail, que es como el burofax clásico que todos hemos usado, pero este modelo es carísimo. Solo te lo podías permitir cuando ya sabías que la cuestión iba a acabar en un juzgado. Creamos entonces una herramienta más económica, y que se pudiese usar de manera preventiva. El buromail consiste en un correo electrónico que va cifrado y que certifica. En cuanto la otra parte abre el e-mail, tú recibes un certificado, que puedes presentar como prueba fehaciente en un juzgado. Y te llega en tiempo real.
¿Tan inseguras son las comunicaciones en la red?
Es un coladero. Sobre todo en procesos judiciales. A raíz del pasado 3 de abril, con la nueva ley, siempre que se quiera presentar cualquier reclamación a un juzgado, te van a pedir previamente que se haya intentado una conciliación amistosa. Ya no se permite poner una denuncia a una reclamación vía judicial si no puedes demostrar que has intentado una conciliación. Ahora, con este tipo de comunicación, incluso clientes particulares pueden demostrar que han intentado una conciliación amistosa, pero no se ha podido dar el caso.
La tecnología y la comunicación avanzan muy rápido. ¿Somos capaces de adaptarnos a ello?
Es curioso, hay mucho desconocimiento aún con el tema de los datos. En Europa, la protección de datos es muy sensible, hay mucho foco en que no se comparta información y nosotros tratamos con clientes que pueden ser hospitales o grandes cuentas. Se necesita mucha pedagogía, porque mucha gente no sabe que si envía un e-mail con información sensible, se hace sin cifrar. Igual se están compartiendo datos de salud o financieros y, aunque se cree que es solo compartido con el cliente, se está poniendo esa información en manos de Google sin consentimiento por parte del receptor. Y eso no está permitido.
¿Y cuál es el error más común de empresas y particulares?
Pongo un ejemplo esclarecedor. Una empresa que iba a cerrar, hizo un ERE y trasladó la comunicación de despido por e-mail a los empleados. Obviamente, de forma individual. Eso se hace por desconocimiento y se intentó impugnar, pero la empresa ganó el juicio. Lo importante fue que los abogados de los empleados usaron ese error en la comunicación que estaba realizada a cuentas genéricas. Al final, consiguieron una indemnización de 6.000 euros por empleado y destrozaron a la empresa. En comunicación por redes queda mucho trabajo. La sensación que tengo en España, porque en otros países es algo distinto, es que aquí aprendemos a golpes. Solo se aprende cuando llega la primera sanción.
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