Javier Gómez: "Es una leyenda que Hacienda siempre tenga la razón sí o sí"
"Hay que tener mucha fe en el sistema, por muchos reveses que haya", apunta el abogado tributarista y socio de Maio Legal
Javier Gómez Taboada es abogado tributarista, socio responsable del departamento tributario del despacho Maio Legal en Vigo y colaborador de Atlántico desde hace 15 años. Reconocido por Best Lawyers (2020/2022) y como “Abogado del año” 2024, acaba de ser galardonado en los Blogs Jurídicos de Oro 2024 por un post en Fiscablog.
¿Por qué ese título de “Que para algo soy tu madre” en el post premiado en los Blogs Jurídicos?
Es el paradigma de cuando tu madre no te explicaba por qué tenías que obedecer, por eso me pareció una expresión muy al uso para el caso que motivó este artículo. Era un caso en el que la Agencia Tributaria le pidió algo a un contribuyente y cuando el contribuyente se defendió diciendo que él creía que no tenía que pagar eso, pues los argumentos de la Agencia Tributaria vinieron a abundar en esa idea de “porque lo digo yo”. Soy el poder público, lo digo y eso basta.
Precisamente en esta línea termina siempre todos los artículos con un hashtag ya muy conocido: #CiudadaNOsúbdito. ¿Por qué?
Es una expresión que intenta reflejar algo que percibo mucho en mi día a día profesional, en mi relación con los clientes, que los ciudadanos muchas veces no tienen la plena percepción de todos los derechos que pueden ejercer. Y en el otro lado de la mesa quizá encontramos a la Administración Tributaria, sea la estatal, la autonómica o la local, que en demasiadas ocasiones dan la sensación de que van un poco campo a través, sin respetar los derechos que ese ciudadano tiene como tal. Y claro, la relación del ciudadano con el poder es una relación evidentemente desigual, pero el ciudadano tiene que plantarse y poner pie en pared, porque si no el poder, por naturaleza, es expansivo y tiende a arrasar al individuo, cuando es un individuo en solitario. Desde que en 1789 los franceses se levantaron hemos dejado de ser súbditos para ser titulares de muchas obligaciones, pero también de algunos derechos y tenemos que defenderlos.
En las tribunas habla de la libertad que se cede para distribuir la riqueza, pero que a cambio la administración tiene que ser justa ¿Se nos hace cuesta arriba?
Lo que hay que tener es mucha fe en el sistema, por mucho que haya días que tienes muchos reveses. Los clientes también deben ser conscientes de ese viaje y pacientes, porque las luchas con Hacienda son largas y hay que tener paciencia. La gente en la calle cree que Hacienda siempre tiene razón pero hay un dato que me gusta decir y es que Hacienda, antes de llegar a un juez, ya pierde el 40% de sus pleitos y ha llegado a perder más del 80%. Con lo cual, esa leyenda, no sé si urbana o rural, de que Hacienda tiene razón sí o sí, no es verdad.
En el área legal, quizá la fiscalidad es la que se nos hace más cuesta arriba.
El tema tributario en general es árido y además tiene una patología, que a mí me duele especialmente, que es que los licenciados en Derecho y luego abogados, parece que estamos obligados a renegar de todo lo que sean números. Hombre, el tema tributario es sumar, restar, dividir y multiplicar. No pasas de ahí, tampoco hay que ser un lince. Los asuntos fiscales tampoco suelen ser tanto de números como de conceptos, de ideas. Y luego al ciudadano lo de Hacienda se le hace como un mundo. Luego es que la administración tributaria en España, especialmente en esto de la estatal, ha apretado mucho el acelerador desde hace casi más de tres décadas con el uso de los sistemas electrónicos o telemáticos. Eso al ciudadano de a pie le ha abrumado un poco. Cree que está siempre en presencia de una especie de gran hermano, que es verdad. Probablemente, estamos más controlados de lo que podemos llegar a creer. Todo eso conecta con lo de la libertad. Hay que contribuir y el fraude hay que perseguirlo, pero con el derecho. No se puede perseguir el campo a través.
¿Alguna vez se llega a perder la confianza en el sistema?
No debo perderla porque si no al día siguiente me costaría levantarme. Hay reveses. Creo que con la edad desarrollas un olfato de la experiencia que vas acumulando, de cuando a un caso le ves que tiene probabilidades de prosperar, aunque esto nunca es una ciencia exacta. Eso al cliente hay que aclarárselo, por mucho que pueda tener razón. Esos son los casos en los que te quedas más frustrado. Entonces estoy obligado a no perder la fe en el sistema. Por mucho que el sistema sea mejorable, que creo que lo es, yo siempre digo que en general funciona. Yo denuncio lo que interpreto como patologías del sistema, que las hay. Y además lo hago desde el respeto absoluto a los funcionarios que están al otro lado, aunque solo sea porque en mi familia tengo tres generaciones de inspectores de la Agencia: Mi padre, uno de mis hermanos y una sobrina.
¿Hay algún caso que por rocambolesco todavía resuene en la cabeza?
Bueno, ahora se está dando, en Galicia y en Vigo, muchas discusiones con la gente que se ha ido a vivir al otro lado del Miño y esto suele suscitar investigaciones de la Agencia Tributaria y el contribuyente que se va se siente un poco acosado, legítimamente, en su intimidad. Es verdad que la Administración Tributaria hace su trabajo. Cuando uno se va de España, aunque esté físicamente fuera, si mantiene ciertos vínculos en España, pueden aún así considerarte residente fiscal en España. Tengo un caso de una persona que efectivamente vive en Portugal y su esposa también vive allí, pero la Agencia Tributaria dice que en España tiene una sobrina. Bueno, pues son esas cosas caricaturescas que precisamente me llevan a denunciarlas aunque sea de manera jocosa.
¿Debería simplificarse el sistema?
Sí, hay que resetearlo. Como en el ordenador habría que apagar y volver a arrancar. El peso burocrático que hoy tiene la Administración Tributaria en España, el peso de declaraciones, para cualquier ciudadano, pero para un empresario de tamaño pequeño y medio, que es el empresario que existe en España, es aplastante. Tiene que dedicar una cantidad de horas al año, por mucho que lo subcontrate, eso es dinero, eso es tiempo, eso es lo que se llama el coste fiscal indirecto, que es cuánto tiempo tengo que dedicar, no a pagar los impuestos, sino a hacer los trámites para pagar los impuestos, es muy asfixiante. Y luego la complejidad normativa es muy asfixiante, muy volátil, la norma muy cambiante, muy mal hecha, porque suele hacerse a golpe casi de telediario. En España planificar fiscalmente cosas es muy complicado. España necesita con urgencia una simplificación extrema del sistema.
Esto necesitaría de muchos, de todos los agentes políticos y económicos.
Esto tuvo una expresión muy gráfica de un magistrado del Tribunal Supremo, Navarro Sanchís, que hablaba del derecho de la crisis, que fue el derecho que se tuvo que sacar a la luz para hacer frente a aquella situación muy delicada en la que estaba el país, pero lo que él decía es, el derecho de la crisis está corriendo el riesgo de convertirse en la crisis del derecho. Sería una decisión de país, pero yo desde luego creo que la ciudadanía en general y el empresariado en particular no es que esté pidiendo pagar menos, que probablemente también a todos nos gustaría pagar menos, sino sobre todo simplificar la burocracia, los trámites, la presión, el recibir continuamente notificaciones. Los empresarios se sienten muy presionados en la falta de aire.
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