Gabriela González, 'Malaherba': “En la infancia hay una inocencia y un humor que no deberíamos perder”
La periodista Gabriela Gozález es conocida en redes sociales bajo el pseudónimo de ‘Malaherba’. Publica su ópera prima ‘Casi adultos’
La periodista e influencer Gabriela González (Vilagarcía, 1990), más conocida en Instagram como ‘@malaherba_’, acaba de publicar su primer libro, “Casi adultos”, una obra que reflexiona sobre la madurez y el crecimiento personal en un mundo cada vez más convulso.
¿Por qué se decide a escribir “Casi adultos”?
Llevo mucho tiempo queriendo publicar, la verdad es que tenía tres ideas de libro y decidí empezar por “Casi adultos”, porque creo que era la idea más fiel a lo que hago habitualmente en redes sociales: relatos y crónicas inspirados en la vida, en lo cotidiano. Quería ser fiel a ese formato, aunque es un libro en el que profundizo mucho más de lo que lo hago en redes. Tiene un hilo conductor, que es ese supuesto paso a la edad adulta, al que tenemos que enfrentarnos en la treintena.
Al no ser una novela ‘per se’, ¿cómo construyó el libro?
Tenía claro que había una serie de temas que quería tratar en el libro y tenía un listado de reflexiones que me apetecía que estuviesen. Llegué al hilo conductor después. Lo que tiene en común es el afrontar esas situaciones vitales para las que a veces no estamos preparados, esos pequeños baches en el camino que al final nos hacen crecer. Dicen que se aprende más del error, esos pequeños puntos de inflexión vitales, y lo que tenía en común todos los relatos es el crecimiento personal, y el tener que enfrentarnos a cosas para las que a veces internamente no nos sentimos preparados.
Empieza la historia contando una ruptura amorosa. ¿Hay límite entre lo autobiográfico y la ficción?
Me he inspirado en mis propias experiencias, pero las situo al arranque del libro porque me parece que es un punto de inflexión vital, importante, para contar. Creo que también es un punto que nos hace crecer y madurar. De pronto tú ya tenías una vida más o menos montada, te separas y te tienes que mudar, con todo lo que implica eso en una ciudad como es Madrid, que es muy amable para algunas cosas, pero también hostil para otras. Actualmente tenemos un problema grande con la vivienda, y cuando tienes un problema de estas características, cuando estás en un momento bajo, anímicamente, tener que afrontar el ponerte a buscar piso… Quería que fuese un punto de inflexión vital, arrancar desde ahí. Al final es un libro de crecimiento personal, de sanación, de cómo los inconvenientes o las complejidades de la vida también se van superando y nos hacen crecer.
¿Han existido siempre los ‘casi adultos’?
Yo creo que sí, que han existido siempre y defiendo que somos ‘casi adultos’ siempre, que no terminamos de ser adultos. Incluso en la gente mayor, anciana, hay rasgos cada vez más infantiles. A veces, a medida que crecen, es como si fuese la vida circular y acabásemos siendo también un poco niños. Defiendo que la casi adultez es un estado que se puede prolongar para siempre y creo que está bien. En la infancia hay una inocencia, una imaginación y un humor que no deberíamos perder, porque hace que todo sea más llevadero. A veces ves a los referentes que tenías cuando eras niño y se caen. No son tan adultos o maduros como creías.
Decía Rilke que la auténtica patria es la infancia…
Es una frase muy bonita, y, por ejemplo, mi abuela Estrella, en sus últimos meses de vejez siempre volvía a su infancia, soñaba con su infancia, se miraba al espejo y decía… ‘¿quen é esa velliña?’, Yo creo que al final, quien tiene una buena infancia tiene un tesoro, porque no dejamos de volver ahí.
También sucede al revés, de joven uno se ve más mayor de lo que es…
Efectivamente, a mí me pasaba. Lo comentaba el otro día, cuando estábamos en la universidad, nos sentíamos ya súper adultos y súper mayores. Ahora veo a los universitarios y te los puedes confundir con chicos de instituto. No son tan adultos, es gente que se está enfrentando por primera vez a la vida adulta, pero muy entrecomillado, con mucha protección.Creo, en ese sentido, que la mirada se desplaza, cuando somos jóvenes, miramos a los mayores y queremos ser mayores, y a medida que crecemos, la mirada se va girando hacia los más pequeños, o hacia los más jóvenes, y es donde queremos estar. Al final, siempre queremos lo que no tenemos.
Desde un punto de vista social o político, ¿se deja a los jóvenes ser adultos?
No sé si es que se nos deje, tampoco quiero tirar balones fuera, porque creo que es una decisión personal. Yo tengo amigas que sí que se han centrado mucho en conseguir esos objetivos de adultez: el trabajo, el matrimonio, la maternidad… Otros, amigos y conocidos de mi edad, sí que vamos dilatando esos tiempos hasta tal punto que te encuentras con amigas que intentaban ser mamás que no lo están consiguiendo, o te encuentras la congelación de óvulos, que también es algo que trato en el libro.
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