Franck Sastre: “No le doy más importancia a exponer en Nueva York que hacerlo en Caldas de Reis”
El artista francés, que mantiene una estrecha relación con Vigo, prepara junto a Asun Glez una exposición que pretende llevar doce grandes pinturas a las vallas publicitarias de la ciudad
Franck Sastre es un artista francés que eligió Vigo como una de sus ciudades de referencia, a la que siempre regresa. En esta ocasión, lo hace con una propuesta de la que habló en el set de Atlántico TV.
Con su arte viaja constantemente, ¿cómo se lleva ser un nómada cultural?
Me gusta estar bien con todo el mundo. Aquí siempre soy muy bien acogido. La prueba está en los amigos que tengo, en Pontevedra, en Vigo, en Caldas de Reis o en Mallorca. He estado afincado en todas ellas, siempre por la pintura.
Regresa a la ciudad con proyecto bajo el brazo, en colaboración con la también artista Asun Glez.
Llevamos un tiempo luchando por esta idea y no la queremos hacer en ninguna otra ciudad más que Vigo. Queremos hacer una exposición en las vallas publicitarias y llevar el arte a la calle. ¿Por qué hacer una muestra en una galería? Hagámoslo al aire libre. Queremos ocupar doce vallas con grandes pinturas durante un mes y en la última, intervenirla en el momento, para esto nos falta el permiso municipal. Enviamos un mail al Concello donde nosotros nos hacíamos cargo, no pedimos nada, es una iniciativa que nos viene de corazón. Al ser un espacio público y necesitamos solo que nos autoricen a pintar en directo.
De hecho, en cada inauguración montan un show.
Nos gusta eso, hacer una exposición y pintar en directo para que vea la gente cómo es el proceso. A veces un cuadro, sobre todo de gran tamaño, puede tardar bastante tiempo en acabarse. Se nos ocurrió lo de las vallas por las medianeras. Nos propusimos hacer algo especial diferente, pintando las vallas. Por mi propia experiencia, viajando por otras ciudades, le daría un toque diferente, especial. Algo que no hace ninguna otra ciudad. Detrás de nosotros podrían venir otras personas hacer lo mismo.
Al pintar en directo fusiona distintas disciplinas artísticas. ¿Qué es para usted el arte?
El arte para mí es algo evolutivo y necesario. Sin arte, no hay identidad. No es necesario nacer en el sitio de donde es y aún así sentir que es evolutiva. Yo presenté para un concurso en Betanzos a una mujer de toda la vida pelando las cebollas con su traje tradicional. Estas cosas marcan la tendencia para mí. En mi caso personal nunca me han subvencionado nada, vivo y trabajo con mi propia pintura. Hoy en día, yo no estoy en contra de las ayudas porque a veces hay proyectos que se necesitan.
Y hablando de identidad, no hay nada más gallego que el culto a la muerte, algo a lo que acerca al customizar con arte los ataúdes. ¿Cómo surgió esta idea?
Fue una cosa muy curiosa. El hijo de un cliente compró un cuadro mío a través de una galería de París, Singular Art. Contactó conmigo y fui hasta Burdeos para encontrarme con él y así empezó hace dos años. Comencé a pintar ataúdes, pinto en todos los sitios por qué no feretros. Animé a Asun porque nadie quería. Si total es un trozo de madera, es como barnizarlo. Me han pedido de todo, desde el escudo del Girondins de Burdeos a cosas particulares. Ahora una empresa gallega se puso en contacto conmigo porque está muy interesado en hacerlo aquí y yo encantado de que se abra el mercado.
Su siguiente parada, Caldas de Reis.
Voy a trabajar con un pintor que ha montado una galería con una cocina de gourmet muy gallega. Conozco el sitio, está al lado del puente por donde pasa el Camino de Santiago, es precioso y muy dinámico, ya llevan tres exposiciones. Me gusta que pasen cosas no solo en las grandes ciudades, hay sitios pequeños donde la cultura está viva.
Lo cierto es que pone a Caldas al mismo nivel que Nueva York, donde inaugura en otoño.
Voy cada año a Nueva York, a la avenida 26 de Manhattan, en la avenida 26, pero no se me va a subir la cabeza. Hay muchos pintores españoles y gallegos que también lo hacen. No le doy más importancia exponer allí que hacerlo en Caldas de Reis. Aquí me lo paso como nunca, no hay tanto, tanto protocolo. Está claro que es un privilegio estar en Nueva York, es una ciudad contemporánea que respira arte en la calle, en todas las esquinas.
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