Francisco Gutiérrez: “Los padres traen a sus hijos diciéndoles: ‘aquí conocí a tu madre”

Propietario del pub Tipo X

Francisco Gutiérrez: “Los padres traen a sus hijos diciéndoles: ‘aquí conocí a tu madre” | Vicente Alonso

Francisco Gutiérrez, Fran para los amigos, llegó a Vigo desde Uruguay para trabajar en el sector naval. La reconversión industrial frutró sus aspiraciones y, de empleo en empleo, acabó fundando el Tipo X, un templo de la música en la rúa Real a punto de cumplir 40 años. 

El Tipo X está a punto de cumplir 40 años. ¿Cómo llega a montar el negocio?

Llega de rebote, porque en realidad yo no vine a montar ningún bar, sino que vine a trabajar en la mar. Pero claro, la buena suerte que tuve, que justo cuando llegué en el año 84, hubo una reconversión naval. No hubo manera de meterse en un barco, pero vamos, ni para barrer. Con lo cual empecé trabajando en un frigorífico primero, pero claro, el trabajo era matador. Conocí a un bombero que trabajaba en el Arenal, en esa época que el Arenal era un sitio súper puntero, de seguridad en un local y le salió una plaza en Barcelona. Entonces se iba y me ofreció a mí el puesto. Y me preguntó cuánto ganaba y ganaba él trabajando tres días más que yo todo el mes y le dije, “si quieres empiezo ahora, ya”. Así empecé a trabajar en hostelería. Después claro, viendo la impresionante marcha que había en ese momento por todo Vigo, cuando cobré un despido improcedente, me pagaron un millón y poco de pesetas y con eso monté el Tipo X. Dije, voy a montar un bar a ver qué tal. Y bueno, fue bien.

Uno de los elementos más reconocidos es la mascota, ese bichito peludo...

Yo vengo de Uruguay. Un amigo mío de allá se iba para Canadá con toda la familia y yo estaba ayudándolo a hacer maletas. Y veía que tenía el póster ese pegado en la pared del muñeco y le digo, el póster este te lo enrollo y lo llevas. Me dice, “no, eso lo voy a tirar”. Le dije, “no lo tires, que me lo llevo”. Si te digo la verdad, no sé cómo me lo traje aquí a España. Cuando abrí el bar, me acordé del póster y digo, “voy a poner el muñeco este”. Pero bueno, hasta me daba vergüenza porque como tenía el corte de manga, y el primer muñeco que puse no es ese, es uno al que le corté la mano y le puse un vaso. Después, con los años, cuando ya tuve confianza con la gente, puse el original.

Es característica la colocación de los CD. ¿Cuántos hay en el local?

Hay cerca de 3.000, el número exacto no lo sé. El orden… la música en español está alfabéticamente, el resto está por orden de llegada. A medida que fui comprando, los fui almacenando y los tengo, la verdad, todos desordenados, pero bueno, los tengo ordenados aquí. Cuando me piden un tema, sé a dónde ir a buscarlo. 

¿Por qué el CD?

Porque es mucho más romántico que venga alguien y te diga que ‘tenés’ Lenny Kravitz y que tú vayas ahí y muevas un estante y saques tres o cuatro discos de Lenny Kravitz. No es lo mismo. Aparte, tenerlo físicamente en la mano es mucho más bonito que el Spotify.

En el Tipo X se juntan de noche varias generaciones…

Se mezclan porque muchos de los niños que van hoy se hicieron casi en el Tipo X. Yo tengo 63 años. Los padres, cuando paraban en mi bar, tenían 18 años. Muchos se conocieron ahí. Se hicieron novios ahí. Ahora, con los hijos grandes, los traen al bar y les dicen “aquí es donde conocí a tu madre”. Hay mucha gente de esa generación que está educada musicalmente guay porque escucharon la música de sus viejos y buena música. Entonces, cuando vienen al bar, aunque sean muy jóvenes, te piden Pink Floyd o así, que cuando esa música sonaba, ellos no habían nacido todavía. Pero la conocen gracias a sus padres.

¿Cuál fue el primer tema que pinchó?

El primer tema, exactamente, no. Me acuerdo de los dos primeros discos que tuve, que fue Simple Red y el ‘Joshua Tree’ de U2. Esos fueron los dos LP que compré para abrir. Y después, claro, como yo trabajé en muchos locales de hostelería, así muy grandes, siempre hablaba con los DJ y les decía, por favor, grábame una cinta. Grábame una cinta. Y me fueron grabando cintas. Entonces ponía una cinta. Cuando sabía que se iba a acabar, ponía una canción del disco para que no se parara la música y le daba vuelta la cinta. O sea, era trabajoso. Claro, hoy en día ya hay más facilidad. Después salieron las platinas auto-reverse y eso, claro, eso era magia, casi.

Recientemente participó en la grabación de un documental…

La experiencia fue diferente y bonita, nunca me habían hecho un reportaje así. Tardó muchísimas horas, me hicieron un montón de preguntas y tuvimos que repetir muchas veces cosas. Fue una experiencia bonita y espero que después de todo el montaje quede algo guay.

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