Fernando Ramos: "Viví un periodismo de trincheras al servicio de la verdad, había muchos enemigos"

Periodista, escritor y colaborador de Atlántico

Fernando Ramos: "Viví un periodismo de trincheras al servicio de la verdad, había muchos enemigos" | Jorge V. Landín

Fernando Ramos dedicó toda su vida al periodismo. A informar, le pese a quien le pese. Medio siglo de trabajo se encuentra recopilado en su libro “Recuerdos desde la trinchera del periodismo: memorias aproximativas”, donde hace un recorrido por diferentes episodios vigueses a lo largo de su carrera en diversos medios. Será presentado el próximo 19 de febrero a las 20 horas en la librería de El Corte Inglés.

“Recuerdos desde la trinchera del periodismo”, un título muy bélico. ¿Era así el periodismo de antaño?

Sí, desde luego. Tengo un cierto espíritu militar y el periodismo es una lucha por la verdad, contra todos los gobiernos. En el libro relato un poco todas las vicisitudes que yo viví como periodista. Viví un periodismo de trincheras al servicio de la verdad, había muchos enemigos a los que enfrentarse. Decía Cicerón que un legionario romano debe tener heridas en el pecho. Y Valentín Paz Andrade me dijo una vez que un periodista debía tener alguna herida. Yo las tengo, ya cicatrizadas. Fui procesado por un reportaje sobre la Guerra Civil en Tui y me senté en el banquillo de los acusados. Fui absuelto. Le gané un pleito a Manolo Soto cuando era alcalde de Vigo porque dije que en la Universidad de Vigo había corrupción. Me puso una demanda civil y la gané. Marcial Dorado, el narcotraficante, me demandó civilmente cuando era delegado del Correo Gallego en Vigo y también fue archivado. Son cosas que a mí me sirven para contar en el libro.

Porque en 50 años, Vigo ha vivido historias muy locas.

Muchas. Conocí a Cicciolina cuando vino a Vigo. Me tocó cubrir el caso Reace. También el asesinato de Alfageme, que fue un caso tremendo. Y como procedía de la radio, siempre guardaba documentos y fotos.

¿Hay algún caso que le haya resultado especial cubrir?

Hay anécdotas muy divertidas. La idea del libro es que sea entretenido. Por ejemplo, una de las más divertidas es la del antiguo obispo de Ourense. Ese señor cambió de repente a los curas de Rivadavia, cuando la gente estaba muy contenta con ellos. Y dijo que no podía ser, que ya lo había consultado con quien procedía. Es decir, lo había consultado con el Espíritu Santo. Luego, hay pasajes más dramáticos. Como la estructura de ETA en Vigo. Tenían algún piso para traer aquí a Eulogio Gómez Franqueira cuando lo hicieron secuestrar. Yo estaba presente cuando estalla en Vigo la primera bomba del Grapo. Se hizo una gran campaña de promoción de la conserva gallega en Estados Unidos. Pero no se dieron cuenta de la imagen, que nosotros la identificábamos perfectamente pero los norteamericanos no. La marca Miau, era un gato comiendo una sardina, entonces pensaron que era comida para gatos.

Comenzó su carrera en 1968 en Radio Popular. ¿Eran tiempos difíciles para el periodismo?

Era fastidiado porque estaba vigente la ley de prensa. Tenía un artículo que incumplía los principios del derecho. Y decían que se podía hacer crítica con el debido respeto. ¿Pero cuál era?. Eso era peligroso. A mí me expedientaron alguna vez, te suspendían de empleo y sueldo. La parte final del libro es una reflexión sobre los riesgos que tenemos ahora los periodistas con el secreto profesional. Le quieren dar una vuelta y volver a apretar la defensa del honor, la intimidad y la propia imagen, que está súper regulado. Hay una serie de cosas que quieren hacer volver hacia atrás. Pero porque al poder le molesta que el periodista hurga. Que cumpla una función social.

Dos episodios que vivió. Uno, el nacimiento de los Grapo en Vigo.

Nace de una familia muy humilde del Calvario. Para ellos, el partido comunista eran de derecha. Y se vinculan desde un primer momento a la lucha armada. Hubo algún idealista, pero la deriva fue tremenda hacia el terrorismo. En la Casa Sindical, ponen una bomba en el 1976, donde había una reunión de sindicatos. Estábamos los periodistas allí. Es una de las historias más dramáticas del libro. Luego, publiqué bastante la estructura que tenía ETA en Vigo, con un piso en Bouzas para traer a gente secuestrada. Son historias muy serias.

El segundo episodio, el asesinato del empresario Alfageme.

Fue una historia delicada. Él tenía una amante, pero quería deshacerse de ella y le mandaba mensajes anónimos al marido diciendo que la mujer le ponía los cuernos. Y un día, el marido va a la oficina y lo mata con un desmontable del coche y con el abre cartas. Pero lo más curioso de esta historia es que el día anterior yo había estado allí con Alfageme, porque él era cónsul de Chile en Vigo.

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