Fernando Lillo: “La Antigua Roma no sólo eran guerras y desfiles, el humor estaba presente en la vida cotidiana”
Catedrático de Latín en el IES San Tomé de Freixeiro y autor de un libro de chistes del “Jaimito” romano
Fernando Lillo Redonet (Castellón de la Plana, 1969) es doctor en Filología Clásica por la Universidad de Salamanca y catedrático de Latín en el IES San Tomé de Freixeiro. Acaba de publicar el libro “Un imperio de risas” en el que acerca a los lectores el humor y los chistes durante la Antigua Roma.
Entre clase y clase, ¿cómo surge la idea de publicar un libro sobre el humor en los tiempos de la Antigua Roma?
Pues ya es una idea que me venía rondando de hace tiempo, y sobre todo para intentar dar a conocer al gran público que en la Antigua Roma no sólo había guerras o desfiles militares, sino que el humor estaba presente en todos los estratos sociales y en la vida cotidiana. Quería mostrar una Roma más divertida y quitarle un poco esa imagen de violencia que suele aparecer en películas o en la cultura popular.
Para poder construir el libro, imagino que tuvo que recurrir a las fuentes originales, ¿dónde se pueden encontrar chistes de la Antigua Roma?
No tenían programas de televisión ni prensa como hoy, pero sí distintas fuentes. Una de las principales son los grafitis, que eran inscripciones en paredes hechas de forma espontánea, donde la gente escribía bromas, insultos o comentarios cotidianos. También hay inscripciones en espacios públicos como letrinas o paredes de la ciudad. Otra fuente importante es un libro de chistes conservado en griego, conocido como “Philogelos”, que reúne alrededor de 265 chistes de tradición antigua. Es una recopilación de carácter popular con distintos tipos de humor. Además, existen los epigramas burlescos, que son pequeños textos en verso utilizados para burlarse de personas o tipos sociales. También hay referencias en autores literarios de la época que recogen bromas o juegos de palabras.
¿Son entendibles todos los chistes o hay alguno que hayamos perdido la conexión con la referencia o que requieran de una explicación?
Muchos no se entienden directamente porque dependen del contexto cultural o del juego de palabras en griego o latín. En algunos casos hay que explicarlos para poder comprender la gracia. También hay humor que hoy nos puede parecer muy duro o incluso inapropiado, como el humor negro, pero que en su contexto tenía sentido dentro de la cultura romana.
A la hora de escribir el libro, ¿cómo los organiza y explica?
Los organizo por temas. El libro está estructurado por situaciones de la vida cotidiana, como la educación, los viajes, las termas, el ámbito deportivo o el ámbito electoral. También incluyo humor relacionado con distintos grupos sociales o profesiones, como soldados, médicos, barberos o adivinos. Otro bloque importante es el humor por gremios o tipos sociales, donde se refleja cómo se representaban ciertos personajes en la tradición humorística romana. También incluyo el humor más culto, como los epigramas, que son más elaborados y literarios. Algunos de estos textos nos ayudan a entender su mentalidad y su forma de ver el mundo. En muchos casos, aunque hoy no nos resulten especialmente graciosos, nos aportan información cultural e histórica muy valiosa.
Con las excavaciones arqueológicasque sigue habiendo hoy en día a lo largo del antiguo territorio romano, ¿se siguen encontrando nuevos chistes?
Sí, continuamente aparecen nuevos grafitis e inscripciones en excavaciones arqueológicas. A veces se descubren textos breves con carácter humorístico o satírico. Esto demuestra que el humor estaba muy extendido en la vida cotidiana romana y que todavía hay material por descubrir.
En su faceta de profesor de latín en el IES San Tomé, ¿ayudan los chistes a dar clase a los alumnos? ¿Introduce algunos de vez en cuando?
Sí, el humor puede ser una herramienta útil en clase para captar la atención del alumnado y facilitar el aprendizaje. Eso sí, hay que seleccionar bien los ejemplos, porque no todos funcionan igual y algunos requieren explicación para que se entiendan correctamente. Pero en general ayudan a acercar la cultura romana a los estudiantes.
¿Se va a divertir el lector acercándose a “Un imperio de risas”?
Sí, yo me lo pasé en grande escribiéndolo y espero que los lectores también lo disfruten. La idea es que se quede la percepción de que los romanos también tenían un lado cotidiano y humorístico, y que en muchos aspectos su forma de ver el mundo no está tan lejos de la nuestra.
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