Álvaro Otero: “No me permito describir un paisaje que no haya pisado”
“Mi obsesión es que mis cambios y evoluciones no se transmitan al hilo narrativo, que mantenga la misma tonalidad de principio a fin”, señala el periodista y escritor, autor de “La luz que nos guía”
Álvaro Otero (Bueu, 1967), periodista y escritor, visitó el set de Atlántico TV para hablar de su última novela, “La luz que nos guía”. Publicada por Galaxia Gutenberg, aborda a través de sus personajes, los grandes conflictos del siglo XX, desde el franquismo al nazismo, pasando por el régimen comunista.
“La luz que nos guía” es una novela de contexto histórico, ¿pero es, además, un relato de hechos reales?
Está basada en hechos reales, pero no lineales. No son personajes parecidos a los de la novela que les pasan las mismas cosas. Se basa en múltiples sucesos reales, todos contrastados históricamente. En ocasiones, la novela parece demasiado intensa, pero no lo es, a veces se aproxima más y otras menos, pero fue real. Es un homenaje a todos los que lo vivieron.
¿Cómo llegó hasta estos personajes?
La novela cuenta la historia de esa generación que en los años 30 del siglo pasado se deslumbró con las ideologías más extremistas que marcaron sus vidas. Me documenté mucho y reuní testimonios, tuve la suerte de hablar directamente con algunos testigos directos. Hay que tener cuidado con estas declaraciones porque la memoria es siempre engañosa, la gente se queda con una versión sesgada de los hechos. En el caso de la División Azul que solo había sido tratada desde autores más cercanos al falangismo, comenzó a ser tocado por historiadores modernos y se encontraron con la misma dificultad, el recuerdo no es lo que parece.
¿Cómo recibe el lector de este siglo los sucesos que convulsionaron el mundo en el XX?
Tiene que ver con el oficio de la literatura. Trabajo mucho la estructura de las novelas, para captar la atención del lector sobre todo cuando narro hechos duros. Todo está muy vigente, la historia parece que está a punto a volver. Las personas que me ayudaron en Rusia con la documentación, prefieren que no les envíe el libro. Todos a los que les llegan paquetes desde el extranjero o desde la de OTAN se convierten en sospechosos. Eso sí parece sacado de la novela.
De hecho, muchos de los aspectos de la trama siguen vigentes.
Desde la escalada de violencia hasta la posibilidad de una guerra mundial o la amenaza de los misiles. Los grandes extremismos siguen vivos, al igual que los problemas de la Unión Soviética, que salvo un pequeño periodo de Boris Yeltsi, no vivió una etapa democrática. Los problemas planteados aquí están plenamente vigentes. La polarización es real. ¿Cuántas cenas de Navidad se van a estropear este año por culpa de la política?
Volviendo a la estructura de la novela, escribe con continuos saltos en el tiempo. ¿Por estrategia o por estética?
Me gusta trabajar el plano y el contra-plano a través de flashback. Hablo de una realidad múltiple que ocurre en diferentes puntos geográficos y distintos momentos. Conseguir que tenga una linealidad fue lo que más tiempo me llevó. Hoy en día el discurso narrativo ha cambiado mucho. Las primeras telenovelas trocearon el tiempo, algo que se aceleró con las redes sociales. El lector digiere mal una linealidad única, por eso la rompo en varios trozos que encajen. Es puro oficio del escritor.
Comienza con unos personajes adolescentes que van creciendo a lo largo de la historia. ¿Cómo acompañó la madurez de sus criaturas?
La novela es la crónica de un sueño roto, la de aquellos paraísos comunistas y fascistas de los años 30 que no fueron tales. Lo que he intentado es ir graduando esa decepción a lo largo del tiempo. Cuando estás firme en una creencia cuesta mucho desconectarse. Esta novela me llevó mucho más tiempo del que pensaba, diez años, y tras ese tiempo no soy el mismo. Mi obsesión es que mis cambios y evoluciones no se transmitan al hilo narrativo. Quiero mantener la misma tonalidad de principio a fin, como en una sinfonía.
¿A eso le ayuda su profesión de periodista?
El oficio de periodista y el de escritor para mí están engarzados, bebo de ambos en una parte y otra. No me permitio describir un paisaje que no haya pisado antes. Es mi obsesión por el dato correcto. Para escribir esta novela estuve en Rusia, Polonia o Auschwitz.
Más que un proyecto literario es un proyecto de vida.
Es un proyecto personal. Resulta divertido, además de una excusa perfecta para viajar a muchos lugares.
¿Qué viene después de haber terminado con el objetivo de una década?
La siguiente. La tengo muy avanzada porque en el proceso de creación, siempre necesito momentos de desconexión en los que iba avanzando en otra. No paro de escribir nunca jamás.
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