Encarna Álvarez: “El comercio local es familiar, de subsistencia, y somos expertos en estar ahí y luchar”
Presidenta de la Asociación de Comerciantes del Calvario
Encarna Álvarez es la presidenta de la Asociación de Comerciantes y Empresarios del Calvario, desde la que buscan apoyar los negocios del barrio en un momento complicado en el que afronan numerosos retos desde el relevo al frente de las tiendas hasta la competencia de grandes plataformas.
¿Cómo está la salud del comercio local en el Calvario?
Yo diría que estuvo peor. Estamos en un momento en el que hay más alegría, se está abriendo algún local nuevo, cuando llevábamos tiempo con cierres. En estos momentos hay un pequeño repunte y vamos aguantando. El comercio de proximidad es una tienda generalmente familiar, de subsistencia, y somos expertos en estar ahí, en luchar.
¿Hay relevo generacional en el comercio del barrio?
No, no hay relevo generacional, es verdad. Hay mucha tienda que se cierra porque los hijos han estudiado otras carreras y tienen que cerrar. Desde hace años hemos visto cómo tiendas del pequeño comercio de calidad han cerrado prácticamente por no tener relevo generacional. En su lugar se han montado tiendas más grandes y el pequeño comercio entrañable que teníamos en el Calvario desde hace años, con tiendas muy pequeñas, ha tendido a desaparecer un poco por eso.
Los nuevos negocios que abren, ¿qué perfil tienen?
Los nuevos negocios que abren generalmente son de gente joven, ropa para gente joven que no tiene un alto coste. Ese es el movimiento. Han desaparecido bastantes comercios que había antes con un producto de calidad y de nivel alto que teníamos en el Calvario hace años. Eso ha desaparecido prácticamente y, en su lugar, hay estas tiendas que ahora están en auge.
¿Cómo afecta la venta online al comercio del barrio?
La venta online a nosotros nos ha hecho mucho daño. Ahora mismo estamos en un momento en el que es lo normal: llegas a casa, te sientas, llamas a tus hijos y compras las zapatillas, compras todo. Prácticamente el 80 % de la venta que teníamos ha desaparecido. A veces me baja la moral, porque mucha gente entra en los comercios, ve la referencia del producto, lo atiendes durante una hora explicándole, y luego al final se va diciendo que volverá otro día. Pero ya ha comprado por internet. Se llevan las referencias, tú haces el trabajo y después no vuelven. Eso es complicado.
¿Cómo intenta competir el pequeño comercio?
El pequeño comercio da muchísimos extras. Primero, hacemos barrio. Yo siempre digo que si no existiéramos, el comercio de proximidad, no habría ni luces, porque las calles no tendrían vida. Nosotros, aparte de la luz que pone el Concello, iluminamos los escaparates hasta la una o las dos de la mañana. Formamos parte de un engranaje importantísimo dentro de las ciudades y dentro de los barrios. A mí me dolería muchísimo que el comercio desapareciera, porque desaparecería una historia muy viva y entrañable. Generamos empleo, sobre todo empleo femenino. Llevamos muchos años al pie del cañón sosteniendo familias. Yo creo que somos fundamentales.
Este año no habrá mercado de Navidad en el Calvario.
La verdad es que me sentí muy mal, porque era el octavo año que se iba a hacer y ya estaba afianzado. Parte de la gente que venía al mercado del Calvario se fue a Vialia cuando se instaló allí por primera vez un mercado con 72 tiendas, atracciones y un toldo que cubre el mercado cuando llueve, algo que nosotros no podemos tener. Nos quedamos con poco tiempo para reaccionar y buscar alternativas, y para nosotros fue un desastre, porque el mercado lo contemplábamos como una acción navideña muy importante, que reafirma a la gente, que los hace volver al barrio y ahora no ha sido posible.
¿Habrá alternativas?
Estamos en ello ahora. Vendrán todas las rondallas de Vigo, saldrán varias del Calvario, tendremos Reyes Magos y podremos potenciar un poco la Navidad, incluso más que el año pasado, pese a no tener mercadillo.
¿La apertura de Vialia también afectó al comercio del barrio?
Cuando empezaron a montarse las grandes superficies en Vigo, hubo un grupo muy potente luchando para que no se montaran más centros comerciales de los que esta ciudad podía asumir si queríamos seguir existiendo. El centro comercial tiene que existir, pero no tal cantidad. Cuando se montó Vialia tuvimos miedo, claro, era otro centro comercial más. A la vez, entendíamos que era un desarrollo para la estación de tren y para esa zona de la ciudad. Sabíamos que íbamos a tener que competir con uno más. La gente se va a los centros comerciales y entonces no compra en el comercio de proximidad. Pero nosotros tenemos un valor añadido: conocemos al cliente, trabajamos con producto de temporada, damos atención personalizada. Comprar en el comercio de proximidad es afianzar el barrio.
Acaba de ser el Black Friday. ¿Funcionan las rebajas?
Para nosotros las rebajas son una batalla perdida. Antes estaban muy reguladas, teníamos fechas marcadas y se respetaban. Pero ahora, desde que se liberalizó, cada uno hace lo que quiere. Empiezan antes, acaban después, es un descontrol tremendo. Eso no está bien porque nos hacemos daño entre nosotros. Somos compañeros, todos estamos en el mismo barco, todos tenemos que mantener empleados. Debería volver a haber un orden que marque la administración y hacerlo cumplir.
Dan a conocer sus comercios en las redes. ¿Cómo surgió la idea?
Aquí hace una labor muy buena Clara, la secretaria de la asociación. Le encantan las redes sociales y trabaja en ello todos los días. La gente está encantada de verse reflejada en las redes, de que aparezca su tienda, y yo también.
¿Hay clientela joven en el comercio?
Hubo una época en la que se notaba mucho que faltaba gente joven. Pasamos por muchas crisis, la de 2008, después la pandemia, la compra online. Todo eso afectó mucho. Ahora noto que vuelve la gente joven a las tiendas, hay un repunte y eso nos genera mucha alegría.
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