Dolores Gómez y Sandra Amézaga: “Si las mujeres del mar no están en puestos de representación, sus oficios tampoco lo están”

Entrevista

La presidenta y la secretaria de la asociación Mulleres Salgadas repasan la situación de las mujeres en el sector del mar

Dolores y Sandra: “Si las mujeres del mar no tienen puestos de representación, sus oficios tampoco”

Dolores Gómez y Sandra Amézaga son respectivamente la presidenta y la secretaria de la asociación Mulleres Salgadas, que se constituyó en 2016 en el ámbito de la Ría de Arousa, pero que desde entonces creció y se convirtió en la primera y única asociación de ámbito autonómico gallego de mujeres del sector pesquero.

¿Qué llevó a ampliar el ámbito a toda Galicia?

Dolores Gómez: Nacimos en la ría de Arousa como Mulleres do Mar de Arousa, inicialmente a través del GALP. Luego fuimos evolucionando y vimos que no existía ninguna asociación de ámbito autonómico que representara a todas las mujeres del mar. Galicia es la comunidad con más mujeres trabajando en el mar de toda España, así que decidimos dar el paso y constituirnos como asociación autonómica para poder darles representación.

Sandra Amézaga: Además, al mismo tiempo decidimos reflejar en los estatutos que somos una organización de carácter feminista, y ahí sí que creo que hubo un punto de inflexión sobre la dinámica de lo que se espera de una asociación de mujeres del mar.

¿Cómo se refleja esto en la práctica?

S. A.: Con sufrimiento, porque nos ha costado más de un disgusto.

¿Qué significa hoy ser una "muller salgada"?

D. G.: Engloba a todas las mujeres vinculadas al sector pesquero en Galicia, en actividades muy diversas. Nuestras socias son sobre todo mariscadoras a pie, bateeiras y también trabajadoras en ámbitos científicos o técnicos. Englobamos a mucha gente de perfiles muy distintos.

¿Ha cambiado este trabajo con el tiempo?

D. G.: Cada profesión es distinta. Unas se profesionalizaron más que otras. Las mariscadoras hacen un trabajo muy manual. Lo que empeoró es la situación de los colectivos del mar. No se gana nada. Tenemos socias que lo están pasando mal porque los rendimientos del trabajo son muy bajos. No hay marisco ni pescado.

¿Lo achacan a las altas mortandades provocadas por las lluvias y la baja salinidad?

D. G.: No, yo creo que eso es algo puntual. Puede ser una parte, pero creo que es un problema más global que no se está tratando.

S. A.: Este descenso de la productividad no es algo nuevo. Hay un descenso de capturas desde hace 10 o 12 años. Al principio se compensaba con precios, pero ahora también han bajado. Las mariscadoras están ganando unos 500 euros brutos al mes, de los que tienen que descontar seguridad social, semillas, vigilancia. Con eso no se vive.

Y además es un trabajo físicamente duro.

S. A.: Sí, es un trabajo muy exigente, que no está valorado. Vivimos en una sociedad donde se valoran los empleos financieros o de oficina, cuando en la pandemia quedó claro que el sector productivo era esencial. Además, se sigue viendo el trabajo de las mujeres del mar como un ingreso complementario, cuando es su forma de vida. Sus derechos laborales y profesionales no deben ser menores.

Reivindican más presencia de mujeres en puestos de representación. ¿Qué barreras hay?

S. A.: En Galicia hay una separación de oficios del mar por sexo. Si las mujeres no están en puestos de representación, sus oficios tampoco lo están. Las barreras son similares a las de otros sectores: mayoría de mujeres trabajando, pero la representación sigue en manos de hombres. Hay desmotivación, presiones muy fuertes, incluso casos de acoso laboral en cofradías, y además está el peso de los cuidados. Muchas mujeres eligen el marisqueo porque les permite compatibilizarlo con el cuidado de hijos o personas dependientes. Mientras solo sean las mujeres quienes asumimos esos cuidados, será muy difícil avanzar.

¿Hubo algún avance en los últimos años?

D. G.: Al contrario. Cada vez hay menos patronas mayores. De 63 cofradías, solo 4 están dirigidas por mujeres y muchas tienen un número de mariscadoras muy grande, pero fue a menos.

S. A.: La ley de cofradías de Galicia no favorece la paridad en los puestos de representación. Luego hay un sisteama electoral con listas abiertas, pero luego en la práctica funcionan como cerradas. Proponemos listas cerradas con paridad de género. Nos dicen que no hay mujeres para formar listas, pero en las cofradías de marisqueo hay más mujeres que hombres. Luego en las mesas de negociación solo se reconoce como interlocutores a las federaciones de cofradías, que están presididas por hombres y no son del marisqueo a pie.

Una de sus propuestas fue crear un Observatorio de Igualdad en el sector. ¿Cómo está esa iniciativa?

S. A.: Nosotras propusimos un organismo independiente, con presupuesto y científicos que analizaran el sector Pero la Xunta lo integró en el Estatuto da Muller Rural e do Mar y ahí se hace una especie de comisión con gente de las consellerías, de la Confederación de Empresarios, de las federaciones de cofradías. El último movimiento ha sido que, a través de la ley de acompañamiento de los Presupuestos, señalan que la composición de ese Observatorio lo determinan las federaciones de cofradías. Volvemos a depender de los mismos y ese no era el cometido. Queríamos científicos.

¿El aumento de la burocracia complica todavía más la actividad?

D. G.: Creo que el problema no es la burocracia, sino que si no ganas no tienes para nada. Lo grave es que no hay reacción. En muchas cofradías hay bajas silenciosas de mariscadoras y tripulantes. Nadie protesta.

S. A.: Nosotras creemos que se está preparando un cambio de modelo económico. La explotación de zonas marisqueras era algo que hacían las mujeres del territorio. Estamos viendo como desde grupos empresariales están reivindicando que pasen esas concesiones marisqueras a empresas privadas.

¿Qué prioridades ven para los próximos años?

D. G.: Primero, entender qué está pasando realmente. Hay un descenso claro de productividad en todas las rías. Por ejemplo, el mejillón viene ahora en su mayoría de Chile. Las almejas, de Canadá. Eso baja los precios aquí, y los productores locales no pueden competir.

S. A.: Creemos que es fundamental cambiar la idea que se tiene del marisqueo. Hay que empezar a trabajar con paros biológicos y hacer un esfuerzo para adaptarse al cambio climático. Hay que reconocer el trabajo productivo, redistribuir las ganancias y garantizar sueldos dignos. No puede ser que las mariscadoras tengan que recurrir a empleos secundarios sin cotización para sobrevivir.

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