Daniel Formoso: “Litigar bien no es abrumar al juez, sino ayudarle a decidir. No basta con tener razón”

"El discurso político actual no es oratoria, es enfrentamiento y agresividad", asegura el abogado experto en oratoria

Daniel Formoso: “Litigar bien no es abrumar al juez, sino ayudarle a decidir. No basta con tener razón”

Convencido de que la oratoria debería estar incluida como asignatura obligatoria en los métodos de enseñanza y de que hoy en día quienes dirigen el discurso a nivel político se han olvidado de ella, el abogado y especialista en oratoria procesal y comunicación, Daniel Formoso, publica su segundo libro “Síntesis y persuasión”, una nueva herramienta para lidiar con el exceso de información al que se enfrentan los profesionales del Derecho y con un mensaje muy claro, “la persuasión jurídica no depende de acumular páginas, sino de claridad, estructura y selección”.

"Síntesis y persuasión" llega después de ‘El maravilloso mundo de ejercer la abogacía’, ¿qué novedades incluye este nuevo trabajo?

Como su nombre indica que es ‘Síntesis y Persuasión, cómo sobrevivir en el exceso de información para convencer’ lo que trata es lo que yo considero uno de los mayores problemas que tenemos los profesionales en general y los abogados en particular, que es el exceso de información. Litigar bien no es abrumar al juez, es ayudarle a decidir. El libro se basa fundamentalmente en tres pilares, la psicología cognitiva, la forma en la que deciden realmente los jueces, también inspirado en libros escritos por jueces norteamericanos, y en la retórica jurídica de Aristóteles o de Bryan Garner para construir discursos o escritos que sean claros y persuasivos. Por eso, el libro parte de una idea muy simple, en Derecho no persuade quien más dice, sino el que logra que el juez entienda rápido lo esencial. El juez ideal no existe. Nosotros tenemos una imagen idealizada del juez que cuando presentamos una demanda, pues de a lo mejor 10, 20, 30, 40 o más páginas, pensamos que tiene tiempo para leerla detenidamente, analizarla con detalle y eso es imposible, porque los jueces están absolutamente saturados de trabajo, están abrumados. Por eso, la clave es que no basta con tener razón ni con escribir mucho. Hay que escribir pensando en cómo lee y decide realmente el juez y a eso ayudan mucho los libros, insisto, escritos por los jueces norteamericanos. El mensaje central es un mensaje muy claro; la persuasión jurídica no depende de acumular páginas, sino de claridad, estructura y selección. Los jueces nos lo van a agradecer, su frase favorita es ya termino señoría.

El lenguaje jurídico sigue siendo complejo y farragoso, ¿no sería también necesario rebajar esa complejidad?

Bueno, lo que dicen los expertos en oratoria es que uno de los elementos fundamentales, precisamente de la oratoria, es la claridad; es facilitar el mensaje para que todo el mundo lo entienda. Si extrapolamos eso a lo jurídico, a nuestra profesión de abogados, en sala, muchas veces cometemos el error, al menos es lo que yo pienso, de utilizar un lenguaje muy técnico, o sea, con mucha normativa y con mucha jurisprudencia. Eso a los jueces no sólo no les impresiona, sino que yo creo que incluso les dificulta la labor, porque los abogados no vamos a saber ni más normativa ni más jurisprudencia de los jueces, en absoluto. Por lo tanto, los jueces lo que nos demandan es explíqueme por qué yo le tengo que dar la razón, con base a qué hechos, con base en qué prueba y con base a qué norma, porque la doctrina y la jurisprudencia ya me la conozco yo sobradamente.

¿Esas técnicas que plantea ayudarían a agilizar la justicia?

Absolutamente. No nos damos cuenta de que los jueces realmente hacen un trabajo increíble, y hacen un trabajo increíble porque están súper saturados. Si nosotros, los profesionales del Derecho no les facilitamos la labor, sino que incluso la dificultamos, mal vamos. Nuestro principal objetivo tiene que ser el facilitar la labor al juez, es decir, la idea es que no abrumemos al juez, ayudémosle a decidir. Por eso, como este libro es complemento del primero que escribí, es decir, en el primero explicaba cómo tenemos que intentar lograr persuadir y convencer al juez, en este, explica cómo debemos preparar el discurso para después, en sala, intentar convencerlo y persuadir.

¿Será importante también en la conciliación por la que apuesta la nueva ley?

Sí, en mis libros hablo precisamente hablo de empatizar. Para llegar a un acuerdo con una persona, tú tienes que lograr empatizar con ella, y por eso hay técnicas. Si hay un conflicto, y tu técnica en el conflicto es justificarte o defenderte, la carga emocional no la vas a bajar, o sea, va a subir. Lo que tienes que intentar es empatizar, porque empatizar significa hacerle ver a la parte contraria que lo entiendes, y que sabes realmente lo que está solicitando, porque así puedes llegar a obtener negociaciones amistosas de forma más sencilla, porque las personas cuando nos sentimos escuchadas y nos sentimos comprendidas, bajamos la guardia y estamos dispuestas a buscar soluciones, en caso contrario, no.

Estamos viviendo un cambio de oratoria bastante preocupante a nivel social y político, donde se están utilizando mensajes alejados de la empatía. ¿Qué consejo le daría a las personas que manejan ahora mismo el discurso, cree que deberían leer su libro?

Yo creo que sí. Considero que eso no es oratoria, eso es agresividad, eso es enfrentamiento, porque la oratoria lo que precisamente promulga es todo lo contrario, es un mensaje positivo, no un lenguaje negativo que intente enfrentarnos. Es muy triste, pero hoy da la sensación de que los políticos intentan enfrentarnos. Intentan polarizar a la población para que nos enfrentemos y para conseguir sus objetivos, eso va absolutamente en contra de cualquier elemento de oratoria. La oratoria siempre busca lo positivo, lo amistoso, no la confrontación, busca soluciones, no conflicto, y hoy da la sensación, por desgracia, de que lo que interesa es generar conflicto en vez de soluciones.

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