Cristina Cantero: “Duele perder el oro y eso no se va a ir nunca, pero me quedo con lo positivo”
Baloncesto
La entrenadora del Celta y asistente de Miguel Méndez en la selección española dio valor a la plata en el Eurobasket y reconoció que se planteó dejar el equipo celeste tras el descenso
Cristina Cantero (Cabra, Córdoba, 1978) vivió su primer Eurobasket como miembro del cuerpo técnico del vigués Miguel Méndez. Regresó con una plata amarga, que el tiempo empieza a dulcificar, y con la sensación de haber puesto su granito de arena en los cimientos de un equipo con aroma a gran futuro. Por eso, vuelve con las pilas cargadas para afrontar el reto de devolver al Celta a Liga 1 tras un descenso que le hizo replantearse su continuidad.
¿Todavía duele perder el oro en esos tres minutos finales?
El tiempo lo va menguando todo y se ve desde otro punto de vista. Doler, duele. Y eso no se va a ir nunca porque cuando lo tienes tan cerca es complicado de asumir. Pero hay muchas cosas positivas y soy capaz de quedarme con ellas. Valorar esta plata, el camino, mi primera concentración... Al principio, no pensaba en ganar una medalla. Incluso en poder disfrutar tanto del trabajo, del grupo, de Miguel y de esa convivencia. No es que creyese que iba a sufrir, pero cuando una hace un trabajo por primera vez...
Hay un no sé qué en el estómago.
Siempre hay una inquietud de ver si iba a dar la talla. Sabía que los entrenos los iba a llevar bien porque ya habíamos hecho las ventanas. Pero a ver cómo se daba el Europeo. Había esa incertidumbre y también salgo muy contenta por eso.
¿Encajó bien en el cuerpo técnico?
Me he visto bien, pero creo que puedo sumar todavía más, que es de lo que se trata estar en un staff. No siempre tienes que hablar, o que callar, o que estar de acuerdo... Hay que encontrar tu camino para sumar de verdad y no hacer bulto. Eso es importante.
Es que es un rol distinto a su día a día en el Celta.
Llevaba muchos años sin ser ayudante. No es fácil. No preparo un scouting igual porque el primer entrenador lo hace de otra forma. He tenido que cambiar estas cosas y para mí ha sido un reto. Por eso me siento muy contenta de cómo ha ido todo.
“Miguel (Méndez) tiene una capacidad increíble para llevarnos a todos y para hacer planes de partido muy buenos”
Volviendo a la final, ¿cómo vivió esos tres últimos minutos?
En el tercer cuarto tuvimos una crisis y nos vimos obligados a pedir dos tiempos muertos muy seguidos. Eso nos deja con uno solo para 14 minutos. En esos tres últimos, quizás sí lo echamos de menos. Pero es que si no, no hubiéramos llegado con esa renta. Es verdad que nos pasan varias cosas seguidas que no somos capaces de frenar del todo. Y luego tenemos muchas situaciones para matar el partido. Ayuso tiene para hacer una bandeja y lanza en suspensión, otro en la esquina de Raquel sola... No rematamos. Ellas te pueden meter dos o tres triples seguidos, pero la sensación era de que lo teníamos controlado. Luego pasa una fatalidad y…
El balón perdido de Mariona Ortiz justo al final.
Es que si pita campo atrás y lo defendemos. O si llegamos, le hacemos falta a la de la bandeja. Pero tampoco puedes darle muchas más vueltas.
Con una mirada más amplia, el balance es positivo.
La sensación es que hemos creado un grupo muy guay. Gran ambiente de trabajo, todo el mundo quiere sumar. Miguel tiene una capacidad de liderazgo muy positiva. Sabe cómo llevar el grupo y cómo sacar lo mejor de cada uno. Eso hace que todos tiremos de todos. Aunque se haga largo, porque eso es un gran hermano, todo el mundo está con una sonrisa, buscando la forma de picar al que ves más cansado para que saque la energía de donde no la tiene. Gracias a esa chispa, nos hemos ido con una sonrisa porque sentirse parte de un gran grupo es algo muy bonito.
¿Es tan bueno Miguel Méndez desde dentro como parece desde fuera?
Sí. Tiene muy claro por dónde tenemos que ir. No es una persona que dé tumbos. Se puede equivocar, lo reconoce y luego vuelve a acertar. Tiene una capacidad increíble para llevarnos a todos, para hacer planes de partido muy buenos, muchísima experiencia a la hora de saber qué se va a encontrar y cómo reacciona a ello.
Suena a buen aprendizaje.
Es algo que está muy bien porque observas mucho, aprendes mucho y llenas la mochila de vivencias. Yo lo conozco muy bien y he estado muchos años con él. Gracias a dios lo tengo en Vigo. Puedo tomar un café con él a menudo y me ayuda en muchos momentos. Por eso, no es que me haya sorprendido. Pero verle tomar decisiones, gestionar ciertas situaciones que pueden ser críticas siempre hace aprendas porque lo hace muy bien.
¿Cómo fue ese paso a la absoluta?
Al principio, pensé que Miguel lo había pedido. Pero luego me dijo que dio el visto bueno, pero que la FEB propuso mi nombre, lo que me alegró porque llevo muchos años en la casa. He hecho todas las selecciones de abajo a arriba menos la sub-20.
¿Cuál es su labor en el cuerpo técnico?
A mí me asignó el tema defensivo. Mis ojos tenían que ver qué hacemos en defensa. Qué nos va bien o mal y en el entrenamiento, cómo trabajamos esos aspectos. Miguel propone defender de esta manera. Entonces, lo hablamos y lo trabajamos de esta forma en pista. Sobre todo esos básicos defensivos, que es una parte que a mí me gusta mucho.
Un trabajo en equipo.
Sí. En cuanto a dirección de partido, Nacho (Martínez) trabaja sobre España y Raquel (Romo) y yo sobre el scouting del rival. Ella sobre ataque y yo sobre defensa, aunque las dos hacíamos ambas cosas. Yo analizaba los sistemas ofensivos del rival y ella cómo nos iban a defender para nosotras atacarlo. Pero luego hemos mezclado muchas cosas porque había que sacar el trabajo.
¿Cómo ha sido trabajar otra vez con Raquel Carrera?
En general, fue volver a tener a muchas de ellas. Con Raquel hacía más años que no coincidíamos. No ha sido fácil porque la ves al margen del grupo a todas horas y sabes que está sufriendo. Pero tiene una capacidad de liderazgo... Sin perder su línea de niña, ya la ves mucho más madura. Ella es más cercana a las veteranas que a las jóvenes porque su madurez pide otra cosa. Pero como persona sigue siendo tan top como era y ahora lo que arrastra... Es la líder absoluta del grupo.
“Raquel (Carrera) es la líder absoluta del grupo y María (Araújo) tiene claro lo que toca en cada momento”
Con María Araújo tiene una relación especial. ¿Cómo la vio?
Ella tiene un rol de veterana muy determinado. Sin tener un desparpajo físico, que ya le va costando, tiene mucha capacidad para tener claro qué toca en cada momento. Para saber sufrir. Y no es fácil. Porque en las ventanas estuvo entrando y saliendo y para ella no fue sencillo mentalmente. Ha trabajado mucho en eso y ha hecho un buen Europeo. Es verdad que no jugó en la final, pero como le decía: "Has hecho muchas cosas muy bien, has salido de titular en semis, has ido sumando mucho en el grupo, mucha intendencia". Si no se queda solo en el hecho de jugar o no jugar, María es una pieza importante en el grupo. Pero las jóvenes vienen empujando fuerte y si te quieres quedar, todas se agarran a la silla. Eso también es chulo. Porque ahora cuesta estar y saben que si no están a un nivel, se preocupan. Eso le pasa a veces a María. Pero yo le digo que tenga tranquilidad y se dedique a lo suyo. Yo la conozco bien y me es más fácil ayudarla a que vuelva al foco.
¿Cuánto cambia entrenar en el Celta a las mejores de Europa?
No cambia nada. Si acaso, que algunas tienen más conocimiento del juego. Otras menos. Depende de muchas cosas. Te puede permitir a veces ir un poquito más rápido. Pero lo que es el entrenamiento es el mismo. Lo que pasa que tienes más talento y vas a tratar de aprovecharlo. Pero nosotros no creíamos que una jugadora nos iba a sacar las castañas del fuego. Necesitamos crear un equipo que comparta muy bien el balón, con un juego muy dinámico. Miguel ha puesto el foco siempre ahí. Entonces ha salido un baloncesto muy colectivo y no siempre era la misma jugadora la que resolvía. Si tienes a Meeseman, la cosa cambia. Pero cuando armas un equipo hay que poner unos básicos y a partir de ahí, ir estructurando. Eso vale para cualquiera. Y esta selección no dejaba de ser nueva. En la próxima ventana, si repite un 80%, tienes mucho ganado.
Imagino que se trata de acelerar el proceso normal de un club.
Es que hay muy poco tiempo. Fueron 32 o 33 entrenos y 12 partidos contando la preparación. Antes haces preentreno, que es de aquella manera. Y tiras. Por tanto, no hay demasiadas sesiones. Son muchas cosas que ver y van todas con calzador. Por eso es trascendental la experiencia de Miguel, que sabe qué toca y cuánto tiempo gastamos en cada cosa para que nos sea útil.
Con respecto al Celta, ¿está contenta con la plantilla?
Va a ser una temporada difícil. Es muy ilusionante porque estoy convencida de que el equipo va a competir muy bien. Hay una mezcla de jóvenes y veteranas. Quizá me hubiera gustado algo más de experiencia en las jugadoras nacionales.
La verdad es que son muy, pero que muy jóvenes.
Pero el mercado no nos ha dado mucho pie a encontrar algo más. La jugadora más veterana quiere Liga 1. Por decir un nombre conocido, a Marina Gea la hemos tocado, pero no ha podido ser. Así que hemos optado por gente joven y talentosa, a la que le hemos añadido experiencia. Podemos formar un buen grupo, pero nos falta una pieza.
Entonces entiendo que sí que está contenta.
Es un equipo nuevo y necesitaremos que la pretemporada sea muy buena porque en Challenge no existe ese tiempo. Hay que empezar a piñón. Azul Marino está haciendo un mega equipo, pero a partir de ahí, veremos. La liga es muy larga, son 30 jornadas y hay que saber ir despacio, pero bien. No volvernos locos cuando haya algún bache y mantenernos firmes. Eso es muy importante. En ese aspecto estoy tranquila, pero a principios de agosto me va a entrar ese gusanillo.
Las vacaciones son importantes.
Sí. Ahora estamos centrados en cerrar la plantilla. Esperemos hacerlo pronto. Veo cosas porque mi cabeza nunca desconecta, pero muy relajada.
Un palo como un descenso es un acicate para devolver al Celta a Liga1.
No me lo he planteado así. Es verdad que me llevé un palo muy grande. Tengo mucha responsabilidad y soy consciente de ello. Sigo pensando que el club está muy bien, que somos más sólidos y que estamos creciendo en muchos aspectos y que no era el momento de bajar. Creo que no tuvimos suerte en muchas cosas. Después del partido de Zaragoza, habíamos empezado a hacer mejor las cosas, pero encajamos un 0-6 después de la ventana. La partida de la americana (Brynna Maxwell), la lesión de Quinn (Dornstauder), Alnatas, que venía lesionada... Si a eso le sumas que vinimos cascadas de las ventanas, el equipo petó.
“Después del descenso, pensé en dejar el Celta porque me sentía vacía; pero es que me mola mucho entrenar”
Un punto de inflexión en lo negativo.
Eso me sorprendió hasta a mí. Sabía que la marcha de la americana nos iba a sentar mal. Pero Quinn entró tan bien y luego tuvo la lesión, el bajón de Cooper... No me lo esperaba porque ahora que el equipo estaba trabajado para hacer esto, nos caímos. Eso me volvió tarumba. No entraba en mis planes. De hecho, cuando resurgimos y casi nos salvamos -que el año pasado fue al palo y gol y este año fue al palo y fuera-, el equipo volvía a pegar fogonazos del juego que habíamos construido. Durante aquel parón es como si hubiéramos desaparecido. Nos bloqueamos.
¿Pensó en dejarlo?
Esa semana sí. Porque la sensación que tenía era de agotamiento. De estar vacía. Lo he peleado mucho y no encontré el objetivo que buscábamos. ¿Me siento con energía para resurgir? Pero luego pasa el tiempo y dices que sí. Es que me mola mucho entrenar. Me gusta el día a día y el club me deja trabajar.
El presidente siempre dice que mientras él esté y usted quiera, seguirá siendo la entrenadora.
No sé si eso me refuerza o me mete más presión (se ríe). La verdad es que me siento muy acompañada, pero esto es algo que tenía que salir de mí. Pasó el tiempo y la sensación es que sí que tengo la energía. Y la selección me ha venido muy bien para resetear, ver otro baloncesto y sentir que mi profesión es muy bonita y me gusta dedicarme a ella. Por todo esto, la respuesta es que sí.
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