Aroa Sío: “Estoy convencida de que el deporte empodera a la mujer”

“Mis amigos me convencieron y al llegar a Chandebrito, vi amanecer en Vigo y me enamoré", dice la corredora de trail viguesa

Entrevista a Aroa Sío, corredora de trail. | Gonzalo Pamies

Cuando Aroa Sío (Vigo, 1979) probó el trail tras dos décadas de sedentarismo y tabaquismo, no imaginaba que acabaría siendo profesional y corriendo por montañas de todo el planeta. Por ese motivo reconoce en el set de Atlántico que “jamás habría pensado en estar aquí hablando de deporte”. En ese camino ha impulsado Asaltamontes, un equipo 100% femenino que, entre otras muchas cosas, empodera a las mujeres a través del deporte. Y siempre con una sonrisa.

¿Qué hizo click en su cabeza para reconectar con el deporte?

Estaba preparando unas oposiciones que requerían correr un 1.000 por debajo de 4:00. Recuerdo que lo hice en 3:40, pero creía que me moría. Fue un dolor de pecho horrible. En ese momento, se encendió algo en mi cabeza. Llevaba 20 años de tabaquismo y ahí pensé en dos opciones: mirar hacia otro lado y seguir igual o empezar a hacer deporte y cambiar. Ya sabes cuál elegí.

¿Por qué el trail?

Fue casualidad. Dos meses después de dejar de fumar fui al trail Montes de Vigo. Yo no tenía ni idea de lo que era. Como había hecho cross, pensé que era lo mismo, pero que por las modas había cambiado de nombre. Empecé a entrenar por el Lagares, que es totalmente llano. Nada que ver. Me presenté para la distancia de 19 kilómetros y 1.100 metros de desnivel positivo, que no tenía ni idea de lo que era.

Supongo que lo averiguó pronto.

(Se ríe). Sí, sí. Veía a la gente con zapatillas de tacos, chalecos de hidratación y bastones y decía: "¡Qué flipaos! ¡Qué daño está haciendo la moda del running!". Yo iba con mis zapatillas de asfalto, con mi 'Casio', ni GPS ni nada. Cuando llegué al primer cortafuegos de Coruxo, me di cuenta de que la filpada era yo. Acabé bien la carrera y, si mal no recuerdo hice 2h10, pero después estuve una semana sin moverme. Me pareció un sacrificio enorme y decidí no seguir porque sufrí mucho. Hasta que mis amigos me rompieron la cabeza, me convencieron y volví.

Y hasta hoy.

Yo creo que apagar el último cigarro desencadenó una oleada. Pero cuando fui con mis amigos, lo flipé. Quedamos de madrugada, con linternas frontales. Se escuchaba el sonido de las ramas, mi respiración, el silencio del monte... Al llegar al alto de Chandebrito, vi amanecer en Vigo y me enamoré. Fue la leche. Disfruté mucho de lo que me transmitía la montaña, al contrario que en la carrera, que había sufrido. Además, dio la casualidad que allí conocí al que hoy es mi marido y dije: "Me gusta y me gusta". 

Supongo que ser de Coruxo, con su fantástico entorno natural, ayudó.

Lo curioso es que yo vivía dándole la espalda a la montaña. No conocía las maravillas que tenemos. Y ahora, cuanto más viajo, más valoro lo nuestro. Es un tesoro. Tenemos montaña, mar, microclima... Soy una enamorada de mi tierra.

Suele hacer ultra trails de más de 150 kilómetros y 20 horas. ¿Cuál ha sido el más largo?

Pues la UTMB (Ultra Trail del Mont Blanc). Fueron 180 kilómetros y tardé 27h17. Cuando estás corriendo tantas horas, la cabeza es una montaña rusa. Pasas por momentos eufóricos y, de repente, estás dentro de la cueva preguntándote qué narices haces ahí con lo bien que podría estar en casa. Pero estaba tan flipada de estar dando la vuelta al Mont Blanc, con mi gente apoyándome, que no tuve ni un pensamiento negativo.

¿Es también el más especial?

El más importante sí. Realmente, está considerado como el campeonato del mundo. Es donde nos juntamos todos los corredores. Piensa que en mi distancia igual somos 3.000 y en total unos 10.000. Pero luego hay pruebas que te roban el corazón y el alma. Una de ellas es Western States, una carrera legendaria, que se hace en junio en California. Acceder a ella es muy difícil ya que solo tienes una opción entre 28.000 personas. 

¿Qué se siente al ir tan al límite durante tanto tiempo? 

Es entrar en la cueva, trabajar con el dolor y ser consciente de lo que está ocurriendo. En mi última carrera sufrí una deshidratación por golpe de calor, dolor en un pie y me bajó la regla. Una combinación de todo. Pero en ningún momento se me pasó por la cabeza abandonar. Me decía a mí misma que es solo dolor, que no pasa nada.

Suena más fácil decirlo que hacerlo.

Sí, pero esto no se consigue de la noche a la mañana. Detrás de aprender a correr con sufrimiento hay mucho trabajo.

También mental, ¿verdad?

De hecho, la mitad de un ultra es físico pero la otra es mental. Debes ser consciente de ello porque hay estrategias. No es fácil ver a tu rival delante de ti y dejarla pasar porque sabes que no puedes salirte del plan. Es una lucha constante. Una parte de mí dice que corro más que ella y otra que me ciña al plan. Y yo me ciño al plan. Además, cosas como entrar en bucle porque no te salen los tiempos afectan psicológicamente. Hay que hablar mucho contigo misma y saber trabajar en esa zona oscura.

Supongo que esa perenne sonrisa suya tiene que ver con eso. 

Yo creo que es defecto del animal. Siempre he sido una persona muy risueña, así que no tiene mérito.

Discutible, cuanto menos.

No, a ver. Yo siempre estoy sonriendo, pero también es verdad que disfruto mucho. Algo que a mí me enorgullece es no olvidar de donde vengo. Hace diez años jamás habría podido imaginar que estaría haciendo esto ahora. Por eso siento que tengo que estar agradecida aunque no me salga bien una carrera.

¿Qué es, cómo nace y que actividades hace el Asaltamontes?

Nace porque en las salidas siempre había más presencia masculina que femenina. Me daba pena porque esto es marvilloso y hay que compartirlo entre las mujeres. Me gustaría que fuera más o menos equitativo. Así que un día, de un viernes para un domingo puse (en redes sociales): "Para todas las mujeres que quieran animarse, en la iglesia de Coruxo a las 9:00". Coincidía con el trail de Baiona y con la Vig Bay, pero aparecieron 40 guerreras. Nos lo pasamos pipa. Luego hice una segunda quedada y aunque caían chuzos, aparecieron 80. Se creó un grupo de whatsapp para que cada una pusiera: "Mañana voy a correr, ¿quién se anima?".

Sororidad.

Lo que echa mucho para atrás a las mujeres es no tener con quién correr. Les da miedo de ser un lastre y entorpecer a los demás. Es muy valioso ese empujoncito de otra mujer. El caso es que esto se fue contagiando a más ciudades de España con la ayuda de otras corredoras. Y de hecho vamos a hacer una el próximo 9 de marzo porque en el 8M hay otros eventos importantes. Ya hay veintipico ciudades españolas, pero también Portugal, Costa Rica, Brasil... Será totalmente gratuito, sin tiempos de corte y con un avituallamiento final para que ellas se conozcan y se creen sus propios grupos. Solo en Vigo ya somos 300.

¿Es el deporte una herramienta de empoderamiento para la mujer?

Oh, sí. Desde luego. Estoy convencida de ello. Lo he visto en otras mujeres y en también en mí: superar tus propios límites te da más seguridad en ti misma. Y ver que otras mujeres comparten eso contigo, que nos animamos unas a las otras... Te da fuerza.

¿Qué es para usted la montaña?

No podría vivir sin ella. A mí me gusta correr y hace poco hice una maratón de asfalto, pero prefiero la montaña y envolverme en ella. Pierdo la noción del tiempo cuando voy. Es mi vida.

Contenido patrocinado

stats