Ana Salceda: "Lo que menos conocemos de la vida es nuestro propio cerebro y las profundidades marinas"

Visitó Vigo para participar en la 34º edición de la Semana del Cine Submarino de la UVigo con su documental “Tesoros del Caribe”

Ana Salceda: "Lo que menos conocemos de la vida es nuestro propio cerebro y las profundidades marinas"

Ana E. Salceda es una productora, periodista y divulgadora viguesa que convierte la ciencia en historias que cambian las políticas de algunos países. Residente en San Francisco (Estados Unidos), dirige actualmente Big Fish Iniciative y fue nominada como productora a los premios Emmy. Visitó Vigo para participar en la 34º edición de la Semana del Cine Submarino de la UVigo con su documental “Tesoros del Caribe”.

Dirigió el documental “Tesoros del Caribe”, ¿En qué consistió ese proyecto?

Es una historia de esperanza. Se trata de un super arrecife más grande que la isla de Manhattan, que está en el Golfo de Honduras. En aguas de Belice y Guatemala. Y es un milagro de lugar. No solo por el tamaño, sino por la biodiversidad y la resiliencia, que es muy importante en estos momentos de cambio climático. Por ejemplo, el arrecife mesoamericano, que va desde México, Belice, Guatemala y Honduras, su media de coral vivo es del 19%. En este, es del 77%.

¿Fue desconocido para los expertos?

No es un lugar tan extraño. Por eso es interesante. Está en el corazón del Caribe y escondido a plena vista. En los mapas actuales, esa zona está catalogada como desconocida y no explorada, porque resulta que se llevaba siglos evitando ese lugar en las rutas marítimas. Es el punto más profundo del Caribe, parte de la cadena montañosa submarina de las Islas Caimán, con 7.500 metros de profundidad. Pero luego, llega hasta la superficie. El documental comienza con un pescador que, teniendo en cuenta que hay menos peces, tiene que ir más y más lejos. Y ahí, en medio del océano, se encuentra este coral de aguas turquesas en vez de aguas oscuras. Llamó a una amiga mía, le dijo que encontró esas rocas, y ahí empezó mi aventura. Nos tomó casi ocho años porque es enorme. Ahí, el cine estuvo al servicio de la ciencia y ese también era mi objetivo. Llevarlo a los dos países que comparten el arrecife y lograr la protección del lugar. Y lo logramos.

Imagino que ese desconocimiento fue lo que la atrajo hasta esa aventura.

Vi una historia. Trabajó mucho con la televisión pública de Estados Unidos. Son increíbles cómo lo hacen. Les llamé para decirles que tenía esto y fue una excelente noticia. Estaban acostumbrados a escuchar noticias abrumadoras y negativas cuando hablamos del medio ambiente.

¿Es la sociedad desconocedora de lo que hay debajo de los océanos?

Muy desconocedores. Lo que menos conocemos en la vida es nuestro propio cerebro y las profundidades marinas. Solo el 5% de los océanos está mapeado, eso lo dice todo. Y ahora que vemos como las especies están yendo a zonas más profundas para buscar aguas más frías, es una nueva frontera.

¿Está castigando mucho el cambio climático a los océanos del Caribe?

Lo vemos en el Mediterráneo también. Hay una parte del documental, que pasó en octubre del 2019, que cuando llegamos a rodar y nos metimos en el agua, estaba todo blanco. Como nevado. Ahí pensé que el proyecto se acababa, que se moría el arrecife. En mayo estaba completamente recuperado. Las especies se adaptan mucho mejor que los humanos. Hacen lo que sea por adaptarse. Buscar aguas más profundas, rutas de migración más frías… Pero eso perjudica al pescador de toda la vida. Cuando hablas con ellos, ahora dicen que el fondo es lodoso. Que cambian las corrientes. Imagínate el nivel de incertidumbre que tienen. Por eso, trabajamos también con ellos para avanzar mucho en el Gran Caribe.

¿Están la pesca y el mar tocadas de muerte?

Las estadísticas de la FAO y de los distintos ministerios de Pesca están decimadas. Por eso es tan importante nuestro documental. Millones de personas dependen de la pesca y no hay duda de que la situación es complicada. Pero los pescadores, muy sabios, saben en las aguas que están más receptivas. Con conocimiento científico y tradicional, podemos lograr salvar el mar. Si protegemos la reproducción de las especies, las recuperaremos. Tenemos ejemplos en las Islas Caimán o en las Islas Vírgenes, donde se ha cerrado la pesca por cinco o diez años y se ha triplicado la biomasa. Los pescadores ven eso y se apuntan a la conservación.

¿Qué le llevó a centrar su divulgación en el Gran Caribe?

Yo soy hija de la migración gallega. Nací en Panamá, y aunque viví allí solo los seis primeros años de mi vida, eso te marca. Crea un romanticismo. Luego, vienes a Galicia y te quedas con esa idea romántica. Soy periodista e hice relaciones internacionales. Me especialicé en las relaciones entre Estados Unidos y Latinoamérica. Mi tesina fue sobre el Canal de Panamá. Era mi sueño. Cuando fue la transferencia del Canal de Panamá de manos estadounidenses a panameñas, en 1999, me fui allí a hacer periodismo. Y luego, acabé en Estados Unidos. Y siempre vuelvo a Panamá.

En Panamá hay uno de los rincones más inhóspitos del mundo como es el Tapón del Darién. Ha estado documentándolo. ¿Cómo fue esa aventura?

Los periodistas somos también exploradores. El Darién tiene mucha historia. La carretera panamericana, que va desde Alaska a Tierra del Fuego, solo tiene una interrupción que es el tapón de Darien. Es un bosque primario, una selva supersaturada, con unas especies increíbles. Desde jaguares hasta águilas arpías. Lleno de grupos indígenas, afrocaribeños y desde el punto de vista humano, increíblemente diverso. Era también un sueño, aunque la primera vez que estuve allí fue duro. Al final me quedé un mes y medio. Fui entonces con un obispo en un momento muy peligroso porque existe la guerrilla, paramilitares, narcotraficantes, madereros y minería ilegal. Por eso mi directora no me dejaba ir. Y para que me callase, me mandó con un obispo. Dormíamos en los suelos de las iglesias. Por ese trabajo nos han dado muchos premios y ha funcionado muy bien.

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