La venganza de Harry

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Isabel de Inglaterra sufrió sucesivos “annus horribilis”, de los que la Corona británica salió muy tocada pero que la experiencia y sentido de Estado de Isabel II lograron vencer. Hoy, cuando Carlos III todavía no ha sido coronado y solo han transcurrido tres meses desde que falleció su madre y se convirtió automáticamente en rey, ve peligrar el prestigio de la institución que representa. El responsable, su hijo menor, Harry, que ha sacado en un libro todos los demonios que llevaba dentro.

Se ha desquitado a fondo. Algunos de sus amigos creen que ha sido empujado por su mujer, Megan Markle, mientras que los que nunca tuvieron a Harry por un personaje digno de confianza, creen que con el libro ha buscado la revancha del “segundón” que no acepta los principios de la monarquía y cómo se transmiten los derechos sucesorios. Primogénito sobre los que vienen detrás y, donde impera la ley sálica, prevalencia del varón sobre la mujer.

La familia Windsor está seriamente dañada por los detalles narrados en primera persona por un Harry decidido a poner negro sobre blanco en las miserias internas de una familia que ofrece al público una imagen completamente distorsionada sobre las relaciones personales, que no son idílicas. Hasta ahora Isabel II aguantaba con mano firme los problemas que han marcado las vidas de sus hijos y nietos, que compaginaban sus responsabilidades oficiales con sus apetencias personales, pero Harry, casado con una mujer que no fue recibida con los brazos abiertos, decidió primero dejar de pertenecer a la familia real y, segundo, explicar las razones que le habían llevado a tomar esa decisión.

La reacción en la Casa Windsor ha sido el silencio. Es la mejor manera de afrontar una situación en la que cualquier respuesta provocaría una dinámica de acusaciones, respuestas y nuevas acusaciones. Pero a pesar del silencio el daño está hecho y, aunque es impensable que el libro de Harry acabe con la Monarquía sí es evidente que su padre va a tener que afrontar, como rey, que los problemas familiares no son una cuestión menor, y que algunos de los episodios que recoge su hijo en sus memorias pone en cuestión que el nuevo rey británico sea un hombre que acepte los cambios de la sociedad actual, la que vive más allá de los palacios en los que reside.

El duque de Sussex se ha desahogado a fondo, probablemente buscando su propia estabilidad emocional. Pero las consecuencias de lo que ha escrito afectarán a los planteamientos vitales de la familia real británica. Porque actúan como miembros de la realeza cuando les conviene, y personas particulares cuando no soportan el protocolo estricto que exige formar parte de la realeza.

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